Diario Sur

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Autor: David González
Los 80, qué movida
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David González | 27-11-2016 | 10:17| 0

Es tontería negarlo: soy muy ochentero. Quizás porque me tocó crecer en una década apasionante en muchas manifestaciones culturales/sociales me quedé fascinado por aquel convulso periodo de tiempo. Pese a que disimulo e intento adaptarme al siglo XXI -uso smartphone o redes sociales -soy más de los 80 que los cardados y las hombreras .
Pensaréis que soy un exagerado como buen andaluz, pero como diría Matías Prats: “permítame que insista”.

En el mundo automovilístico de 1980 trajo una serie de accesorios fascinantes e irrepetibles que marcaron una época y fue reflejo de sus circunstancias. Elementos que, en estos tiempos 2.0 dominados por el postureo y la “fashion-victim”, serían objeto de mofa. “Cabronazi” tendría material para publicar 7 años de bromas en Facebook.

El automóvil actual es considerado un portento tecnológico, objeto de culto aunque son a la vez asépticos e impersonales (obviando al tuning); por el contrario el coche de los 80 se convertía en una prolongación del salón de tu casa como el taxi de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Si echamos la vista atrás, como en un capítulo de “Cuéntame”, el interior de la mayoría de los autos estaba repleto de trastos como esas mesas de comedor atiborradas de fotos de comunión.

Quién no recuerda los asientos cubiertos con una funda de bolas, cuyo objeto era evitar que el cuerpo se deslizará y que algunos conductores buscarán petróleo en su nariz en los semáforos. O aquellas plazas delanteras y traseras envueltas en piel de leopardo -o de cualquier mamífero- que daba un aire salvaje a nuestro buga.

El salpicadero parecía la estantería de un “Todo a 100″. Allí reposaba el portarretratos con dos fotos ovaladas del conocido “no corras mucho papá ” a modo de campaña familiar de la DGT.

El pomo de la caja de cambios solía llevar motivos marinos tales como conchas , caracolas o estrellas de mar. Ríete tú de los documentales de la 2.

Sobre la guantera habitaban desde enormes pegatinas de “prohibido fumar” hasta infinidad de estampitas con santos protectores…lo importante era no dejar ningún hueco libre.

Los asientos lucían todo tipo de fundas protectoras e incluso cojines en la parte de atrás, como si fuéramos a pasar todo el domingo por la tarde.
Y cómo no, uno de los elementos estrella de aquellos vehículos post-transición era el tapete. Sí, el croché decoraba cualquier milímetro de tapicería. Las abuelas y madres cosían indistintamente paños de hilo tanto para para el comedor como para el vehículo con frenesí.

La bandeja trasera era el lugar idóneo para colocar el paño de mayor tamaño y sobre él siempre reposaba un perro que movía la cabeza con el traqueteo de la marcha.

La luneta posterior tampoco se libraba. Para combatir el sol se instalaba una especie de cortina veneciana cuya utilidad era bastante discutible y reducía la visibilidad a la hora de estacionar.


La máxima del coche ochentero era “mientras más cosas cuelguen mejor”. Siguiendo este precepto del espejo retrovisor “hacían puenting” tanto el ambientador de pino, algún objeto religioso (cruz o rosario) y cualquier regalo susceptible de ser enganchado o traer buen fario (Dioses, Vírgenes, amuletos, etc). No podía faltar un San Cristóbal (protector de los automovilistas) en forma de llavero o imagen.

La palanca del intermitente se transformaba en el gancho idóneo para almacenar los tickets de las revisiones, parking o los famosos chinitos de la suerte.

Otras veces se veían unos trozos de plástico suspendidos desde el parachoques trasero que servían para descargar al vehículo de electricidad estática y evitar el típico chispazo al tocar la carrocería.

Los conductores de hace tres décadas estaban muy concienciados con no salpicar agua al resto de vehículos y era normal instalar guardabarros tras las cuatro ruedas. Eran unos artilugios que le daban a los vehículos un aspecto peculiar. Sus carrocerías angulosas lucían todo tipo de ornamentos que le daban un toque inconfundible.

Del mismo modo, era una práctica habitual indicar con una pegatina la Comunidad Autónoma a la que pertenecía el dueño del coche; un patriotismo que se exhibía bien con un adhesivo que informaba con una letra de tu región o directamente con la bandera española.

Los largos viajes estivales junto a toda la familia hacían que el calor dentro del automóvil fuera insoportable. Se contaban con los dedos de un muñón los vehículos que equipaban aire acondicionado, así que la solución era plantar un ventilador en mitad del tablero de instrumentos…algunos parecían la central de Iberdrola.

Me llamaba poderosamente la atención, cada vez que me cruzaba con un coche francés, que  llevará los faros delanteros amarillos. Por aquella década se pensaba que este color deslumbraba menos que la tradicional luz blanca, así que reconocíamos rápidamente cuando recibíamos la visita de los gabachos.

Otro elemento de culto de aquellos autos de la democracia fue la antena de la radio. Había que montarla y desmontarla cada vez que aparcábamos porque solía ser robada rápidamente. Se convertía en un tesoro como el anillo de Gollum, por lo que había que agudizar el ingenio a la hora de esconderla.

Tres cuartos de lo mismo sucedía con el radio cassette extraíble. A veces ocultar el reproductor de música se convertía en una auténtica gymkana: debajo del asiento, en la guantera, en el maletero o la solución más engorrosa: subirlo a tu hogar y ahorrarte sustos.
Si vivisteis aquello recordaréis todos los recovecos del coche repletos de cintas para hacer los viajes más amenos. Imposible parar en una gasolinera y no comprar los últimos éxitos musicales.

Como hemos visto hasta ahora forrar todas las partes del coche se convirtió en una verdadera pasión. El volante no permaneció ajeno a esta fiebre y era recubierto con un protector racing, piel de felino, o cualquier material antideslizante…rizando el rizo se acoplaba una especie empuñadura para girar el volante con una mano.

Las modas llegan, cambian y pasan. Los vehículos de la “movida” eran un reflejo de la agitación social del momento: únicos, entrañables, personales, excesivos, rebeldes. Se convirtieron en el alter ego de sus propietarios y su look es reconocible tras el inexorable paso del tiempo. Están envueltos en ese halo de nostalgia de unas de los periodos más excitantes de nuestro país.

Sirva este post como homenaje a esos recuerdos motorizados con aroma a Nocilla, Cola Cao, Peta Zetas, laca y Barrio Sésamo…como se diría por entonces: “me piro vampiro”.

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Los Citroën más X
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David González | 06-11-2016 | 6:06| 0

Bellos, estilizados, avanzados, esbeltos. Así fueron los Citroën que exhibieron la letra equis desde los años 70 a los 90. Veinte años rindiendo pleitesía a la vanguardia y a la erótica del automóvil.

Pese a que el acervo popular afirma que es más importante insinuar que enseñar, los “Citroën más equis” no se ruborizaban a la hora de lucir sus curvas más provocadoras.
Lo cierto es que rubricaron una de las épocas más gloriosas de la marca del doble chevron con coches adelantados al tiempo en que aparecieron.
Citroën se erigió en abanderado de los diseños pasionales y las soluciones técnicas más atrevidas poniendo el contrapunto a los “aburridos/serios” coches alemanes.

Una apuesta arriesgada que jugueteaba con la delgada línea entre el amor y el odio que nunca dejó indiferente a nadie. Y es que los Citroën que lucieron la X en su nombre fueron adalides de la creatividad y fieles defensores del confort en cualquiera de sus categorías.

Efectivamente, la equis aportó picante tanto a automóviles utilitarios, compactos o berlinas de representación. En cualquiera de sus formatos, la voluptuosidad de sus líneas seducía a todo tipo de conductores, ávidos de dar una pizca de atrevimiento a sus vidas.

¿Por qué se decantó la firma de PSA por usar la X para referirse a sus modelos? Desde 1974 Citroën emplea una letra del alfabeto seguida de una X por tres razones:

1. Se trata del símbolo de la incógnita en una ecuación y se asocia al universo de las matemáticas y al mundo de las ciencias.

2. La X tiene un componente exclusivo, puesto que suele utilizarse en escasas ocasiones.

3. Era el sobrenombre de la Escuela Politécnica donde estudió André Citroën, fundador de la marca.

Destapemos a aquellos sensuales vehículos que mostraron toda la capacidad de atracción del constructor parisino.

Citroën CX; quizás hoy en día nos parezca normal una berlina de líneas afiladas y silueta en forma de cuña, pero a mitad de los 70 era una rara avis. El CX rompió con todo lo conocido hasta la fecha en el mundo de la automoción y contó con un coeficiente aerodinámico (Cx) de 0.35- un prodigio en un periodo donde abundaban los coches cuadrados- lo que le valió su nombre.

Entre 1974 y 1991 deslumbró al mundo entero merced a una estética fuera de lo común y un puesto de conducción propio de una nave espacial. Aunque si por algo sobresalió este imponente automóvil fue por sus elevadas cotas de comodidad, asistida por una suspensión hidroneumática pionera años ha.
No era tarea fácil sustituir al DS, pero el CX lo superó y además estrenó el primer motor diésel de Citroën.

Citroën BX; 1982 supuso otro hito con la aparición del sustituto del GS: el BX. El diseñador italiano Gandini se encargó de esbozar los trazos de su anatomía con una luna trasera muy tendida que le otorgaba personalidad propia.
Pero lo que definía realmente al BX era su evolucionada suspensión hidroneumática, la cual le permitía permanecer prácticamente a ras de suelo o elevar el coche para circular por pistas forestales.
Tras 12 años en el mercado, configuraciones hatchback, familiar y GTI 16 válvulas de 160CV despareció en 1993 dando paso al Xantia.

Citroën AX; los buenos perfumes vienen en frascos pequeños y ésa fue la máxima de Citroën para irrumpir en el segmento B con el juvenil AX. En sus inicios (1987) solo estuvo disponible con 3 puertas, al contrario que su ancestro el Visa. Más tarde llegarían versiones 5 puertas, gasóleo y los derivados deportivos como el GTI que desarrollaban hasta 100CV.

El liviano peso del benjamín francés lo hacía tremendamente ágil y divertido, lo que dio fama a la Copa AX, cuna de jóvenes pilotos.
En 1996 la competencia había dejado atrás al vetusto utilitario francés, por lo que fue relevado por el Saxo.

Citroën XM; fiel reencarnación de las grandes berlinas de Citroën y heredero de los inmortales DS y CX ,en 1989 llegaba el XM. Se estrenó con buena fortuna, consiguiendo el galardón “Coche del Año en Europa” de 1990, pero una serie de problema eléctricos hicieron menguar sus ventas en la segunda mitad de su vida comercial.

Bertone quiso insuflar al XM las facciones de su abuelo el CX, pero puliendo las carencias del segundo en lo que se refería a balanceo en zonas viradas y corrosión de la pintura.
De esta forma, el XM se dirigía sin complejos a los ejecutivos y familias pudientes de finales del siglo XX que buscaban un turismo espacioso y cómodo.

Citroën ZX; la última letra del alfabeto escoltó a la X para definir a un compacto con mucho carácter. El ZX arribó en 1991 para cubrir el nicho de mercado existente entre el AX y el BX.
De rasgos limpios y simples, se reconocía por su zaga redondeada y la contrastada robustez de sus mecánicas. Esta versatilidad se acentuó con la variada oferta de equipamientos y carrocerías.

En 1997 el ZX comenzó a quedar obsoleto y Citroën decidió dar un golpe de timón e iniciar una nueva era con el Xsara. Más moderno y tecnológico abandonó la nomenclatura de una letra acompañada por la equis para definir una nueva era bautizando a sus automóviles con una palabra.

En efecto, ya en el año 1993 Citroën comenzó a denominar a sus vehículos con un vocablo, aunque en ellos seguía haciendo acto de presencia la equis.
Por eso, me parece de justicia repasar aquellos coches que sirvieron de transición entre los AX, BX, CX y los actuales C3, C4, C5 (que toman la C como inicial de Citroën).

Xantia; intentar suplir al legendario BX era una ardua labor, sin embargo el Xantia tenía poderosos argumentos par hacerlo olvidar en un santiamén. Su diseño tomó prestado el perfil del XM para lograr una impoluta aerodinámica que redundaba en un silencio de marcha superlativo.
La amortiguación seguía el triunfante legado de sus antepasados, aunque perfeccionándose hasta la Hidractiva II. Tras ocho años en activo cedió el testigo al vigoroso C5 que mejoró todas sus cotas.
Como curiosidad, Xantia deriva de un termino griego que significa ‘bello’.

Saxo; la competencia entre los utilitarios noventeros era feroz. Por este motivo, a los primeros síntomas de agotamiento del AX, Citroën se apresuró a actualizarlo y lo hizo con un vehículo totalmente renovado.
El Saxo crecía a lo largo y lo ancho para albergar con mayor amplitud a sus ocupantes. Se sometía a un tratamiento de belleza – con objeto de incrementar su sexappeal-y se vitaminaba con propulsores hiperactivos.

Continuó con la tradición en las competiciones del motor del AX y alcanzó gran popularidad entre la muchachada con las variantes VTS de 120CV.
En cuanto al significado de Saxo, es un tipo de golosina en Francia.

Xsara; el compacto que suplió al ZX en 1997 pasó a engrosar las páginas doradas de la historia de Citroën. Sus buenos resultados le permitieron aferrarse durante 9 años a las listas de automóviles más vendidos. Las claves de su gran aceptación fueron: su habitabilidad, amplitud, mecánica contrastada y un precio contenido.
Encima, contaba con un eje trasero autodireccional (en los topes de gama) lo que permitía al Xsara trazar curvas y carreteras serpenteadas ‘sobre raíles’.

En 2004 delegó en el C4 tras una impresionante trayectoria de victorias en el Campeonato Mundial de Rallys de la mano de Sébastien Loeb.
Xsara procede de la expresión qsar, que se traduce por fortines del Sáhara.

Exuberantes, excelsos, excitantes, extraordinarios, exquisitos, exitosos, excelentes, excepcionales, sexys, con un punto extravagantes…son axiomas aplicables a los Citroën que se apellidaron con la X hace dos décadas.

Coches entregados a la lujuria de la comodidad y la armonía esteta para llevar a sus propietarios al éxtasis de la conducción.

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¿Conoces la siglas de los coches?
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David González | 23-10-2016 | 5:53| 0

Cuántas veces nos habremos interesado por un modelo de automóvil y, al fijarnos en el nombre, nos hemos encontrado una serie de consonantes impronunciables más largas que el columpio de Heidi.

Las marcas nombran a sus vehículos con unas siglas, aparentemente inconexas, que pueden parecer elegidas al azar…¿es postureo?, ¿capricho? ¿códigos internos sin aparente significado?.
Estas combinaciones hacen referencia tanto a iniciales de palabras más largas como a acrónimos (o fusión de distintos conceptos) que se convierten en sonoros apellidos de difícil comprensión para la mayoría de nosotr@s.

Como si de auténticos pictogramas egipcios se tratara, en ocasiones es necesario conocer la historia del fabricante o tener unas pequeñas nociones de su idioma natal para descifrar esta sucesión de consonantes.

Muchas de estas siglas aparecen únicamente en calandras y portones traseros de los coches más prestacionales, porque son desarrolladas por departamentos específicos de la compañía para las versiones de alto rendimiento.

Como veremos, una de las más populares es RS. Hasta cuatro fabricantes emplean estas dos letras en sus creaciones (Audi, Ford, Porsche y Renault), convirtiéndose en una de las nomenclaturas más recurrente. Pero no es la única: GTS, GTI, GTC, S, GT, R…delatan el carácter atlético de los automóviles que lo portan en su carrocería.

Dejémonos de palabrería y conozcamos estas abreviaturas que parecen sacadas de los SMS de un quinceañero y nos aceleran el pulso cada vez que las vemos inscritas en las máquinas más temperamentales.

Alfa Romeo
No es un perejil en honor a Arguiñano, el trébol de 4 hojas sobre un triángulo blanco que portan los modelos más salvajes de Alfa es el símbolo de QV (Quadrifoglio Verde).

El origen de su historia se remonta a la etapa de competiciones deportivas de la firma de Arese. Entre sus pilotos destacaba Ugo Sivocci, un joven talentoso con poca suerte de cara a la victoria. Sus mecánicos decidieron decorar el bólido Targa-Fioro de 1923 del conductor italiano con el amuleto vegetal y Sivocci consiguió la primera victoria internacional para Alfa Romeo.
Por desgracia, semanas más tarde, perdió la vida en el Gran Premio de Monza. Su coche no llevaba el trébol de 4 hojas sobre el capó delantero.
Desde entonces, como homenaje, todos los Alfa Romeo llevarían pintado este emblema y hoy día también los hacen las versiones más exclusivas.

Aston Martin
Los elegantes cupés ingleses son bautizados con las letras DB, iniciales del diseñador David Brown. Éste lleva nominando a los deportivos de Gaydon desde el DB2 hasta el reciente DB11, sin olvidar el mítico DB5 del espía James Bond.

Audi
Los teutones reconocen al cenit de sus automóviles con el distintivo RS (Rennen Sport), algo así como “raza deportiva” traducido al español.

Asimismo, la marca de los anillos entrelazados se refiere a su sistema de tracción integral con el vocablo italiano “Quattro” (cuatro ruedas motrices).

BMW
Toma la letra M como inicial de la sección Motorsport, encargada de preparar sus máquinas más rabiosas desde la década de los 70. Los BMW de competición llevan 3 franjas con los tonos celeste, azul y rojo, precisamente los colores corporativos que acompañan a la letra eme.

Los seguidores de la marca bávara habrán visto algunas preparaciones de la saga M con el apelativo CSL sobre su portón trasero. Corresponden a “Coupé Sport Light” y aparecen en aquellos coches que reducen su peso al máximo prescindiendo de elementos superfluos para alcanzar mayores prestaciones.

Bugatti
Cada milímetro de la carrocería de estos “dioses de la velocidad” está esculpida para ofrecer la menor resistencia al aire y atravesar el viento como un estilete.
En la imponente zaga trasera- entre los pilotos- los Bugatti llevan incrustadas una E y una B que homenajean a su fundador: Ettore Bugatti.

Chevrolet
Al ver la doble S apostada en un Chevrolet sabremos que se refiere a “Super Sport”. Vehículos con nervio que no se andan con chiquitas.

Dodge
Al escuchar SRT seguro que pensáis en las preparaciones más cañeras de Dodge, Chrysler y Jeep. En efecto, “Street Racing Technologies” es la transcripción de SRT y los americanos lo llevan serigrafiado en sus coches desde los años 60.

Por su parte R/T aparece en vehículos más tranquilos. Equivale a Road/Track (calle/pista) y lo descubriréis en los laterales del Dodge Viper.

Ferrari
Los de Maranello no escatiman en siglas para el elenco de superestrellas que forman su familia.
Empezamos por la doble B, el BB 512 fue el antecesor del Testarossa y sus siglas apelan a Berlinetta Boxer, la configuración de su propulsor.

Otra denominación recurrente ha sido GTB (Gran Turismo Berlinetta). Máquinas como el 275 GTB, el 308 GTB, el 599 GTB o el novísimo 488 GTB dan buena fe de ello.

Las letras mágicas GTO (Gran Turismo Omologato) han deslumbrado al mundo entero con espectaculares automóviles con aroma a circuito. Se trata de versiones de competición que han sido homologadas para circular por carretera abierta.
Los protagonistas ponen los vellos de punta: el eterno 250 GTO o el rabioso 288 GTO.

GTC (Gran Turismo Coupé) adjetiva a aquellos vehículos con dos pequeñas plazas traseras capaces de transportar a cuatro personas.

GTS (Gran Turismo Spider) en Ferrari corresponde a los cavallinos descapotables, ideales para escuchar el atronador sonido de su unidad de potencia a nuestras espaldas sin impedimentos.

Ford
RS (Rally Sport)-división europea de Ford Racing- nos recuerda los vestigios del pasado glorioso de los del óvalo azul en la competición. Imposible no rendirse a los míticos RS200 o aquellos Sierra y Escort RS Cosworth de los 90 con su característico doble alerón.

Un peldaño más abajo encontramos los ST (Sport Technologies), más domesticados que los RS.

El Mustang recibe el alias GT. Muy célebre en el mundo del motor por gran número de coches corresponde a Gran Turismo.

Honda
Type-R (Type-Racing) es la nomenclatura con la que se tilda a los Honda Motor Company más asilvestrados. Suelen ser más ligeros, potentes y ágiles que sus hermanos, distinguiéndose por lucir la hache del logo en color rojo.
Otros Honda reciben nombres compuestos por siglas: CR-X (Civic Renaissance modelo X), CR-V (Compact Runabout Vehicle) HR-V (High Rider Vehicle) o FR-V (Family Recreational Vehicle).

Jaguar-Land Rover
El grupo de capital indio identifica a sus creaciones más bestiales con tres consonantes: SVR. Su significado corresponde al departamento denominado Special Vehicle Operations. Mantenerse fuera del alcance de novatos.

Lamborghini
Si sois seguidores de estas obras de arte italianas os habréis percatado que emplean mucho la combinación LP en sus biplazas. Significa “Longitudinale Posteriore” e indica la posición de sus propulsores; es decir, en la parte trasera y de forma transversal. A las letras LP les acompaña un número que informa de los caballos del coche.

Las versiones vitaminadas y aligeradas de Lamborghini reciben el sobrenombre SV, equivale a “Super Veloce”. El Miura dio renombre y prestigio a este ilustre mote.

Lancia
La añorada Lancia describía a sus vehículos más desatados con las letras HF. La procedencia es curiosa: en los 60 Lancia no compitió de forma oficial por cuestiones económicas, pero un grupo de entusiastas lo hace de manera privada, fundando la escuderia HF Squadra Corsa (HF de High Fidelity o Alta Fidelidad a la marca). Lancia adquirió HF por sus grandes triunfos y esto se tradujo en que los coches de calle más potentes exhibían estas siglas junto a un elefante como señal de fortuna.

Mazda
Por MPS reconoceremos a los Mazda “pata negra” capaces de devorar kilómetros a un ritmo frenético. No es para menos, son los “Mazda Performance Series” y vienen dispuestos a no dejarse adelantar fácilmente.

Mercedes-Benz
Los seguidores de las flechas plateadas os habréis percatado que los coches más brutales llevan “grabados a fuego” las letras AMG, un departamento que cincela a los Mercedes más elitistas desde 1967. Incluso el equipo de Fórmula 1 se hace llamar Mercedes AMG F1 Team como reflejo de la tecnología más elevada de la firma de la estrella.
Estas letras se corresponden con las siglas de Aufrecht, Melcher, Grossaspach. Los dos primeros son los nombres de los fundadores de Mercedes y el último la localidad al sur de Alemania donde empezaron su actividad automovilística.

McLaren
Algunos hiperdeportivos de calle del fabricante británico inician su nombre de pila con las letras MP. Se trata de un vestigio de la Fórmula 1, puesto que sus monoplazas de los años ochenta eran conocidos como MP4/x. M provenía de McLaren, mientras que la P se refiere a ‘Project’, seguido de números que identifican al modelo en cuestión.

Mini
El carismático Mini se jacta de ser un auténtico proyectil cuando su parrilla luce una J, una C y una W. JCW corresponde a John Cooper Works, hijo del fundador de la firma que se convirtió en mito de la F1 y un excelente preparador de los pequeños modelos británicos.

Mitsubishi
El Galant GTO MR inauguró esta denominación que califica a los Mitsubishi de insignes prestaciones. Su acepción es “Mitsubishi Racing” y forjó la leyenda del Lancer.

Nissan
Nismo es la división del constructor japonés desde 1984, tras la fusión de dos departamentos internos, y surge de combinar las palabras Nissan-Motorsport. Mientras el Patrol hacía suyas las letras GR en alusión a “Grand Raid”.

Sin abandonar la compañía automotriz de Yokohama no podemos pasar por alto al “matagigantes” GT-R. El superdeportivo con mejor relación precio/potencia expresa su furia con el nombre “Gran Turismo Racing”.

Opel
Rescatamos GTE pero en esta ocasión en Opel. El Manta inicio esta saga de coches impetuosos hasta la llegada de los GSI. En alemán GTE equivalía a Gran Turismo Einspritzung.

Hablar de GSI es hacerlo de los vehículos más indómitos del fabricante germano. Unas iniciales pertenecientes a ‘Grand Sport Injection’ que inauguró el Manta en los años 80. Posteriormente hicieron lo propio el Opel Kadett y el Corsa, unos coches que eran objeto de deseo de los amantes de las emociones fuertes.

En la actualidad los Opel “pepino” son conocidos como OPC (Opel Performance Centre) desde 1997 con el Astra. Sin embargo, actualmente los Corsa, Astra e Insignia cuentan con una preparación OPC que convierte a estos vehículos en auténticos rayos.

Porsche
Los vehículos de la firma de Stuttgart utilizan una gran variedad de siglas para aludir a la infinidad de modelos que componen su catálogo. Una de las más vitoreadas es RS, derivada de RennSport, equivaldría en español a ‘deporte de carreras’.

Los GTS (Gran Turismo Sport) añaden un plus a sus capacidades técnicas para conseguir un rendimiento extraordinario respecto a las versiones más dóciles.

Sería un pecado no citar a sus célebres Turbo que, como todos sabemos, resulta de recortar el término turbocompresor.

Renault
RS también se usa para referirnos a Renault Sport, el departamento que insufla vida a los automóviles deportivos franceses. Su reto es mantener el espíritu competitivo de Renault en los años 70, cuando disfrutó de una era laureada en Formula 1, y su pasado glorioso en los rallys hasta la década de los 80.

SEAT
Si localizáis un SEAT con un anagrama FR debéis saber que quiere decir “Fórmula Racing”. Hablamos de la gama deportiva de la marca española de precios relativamente accesible.

Otro cantar son las versiones CUPRA, acrónimo de CUP-RAcing. Aparecieron allá por 1997 en el Ibiza, todo un misil de cuatro ruedas, y eran vehículos matriculables herederos del bagaje de SEAT en su Copa monomarca. Actualmente existen variantes diésel, familiares y 3 puertas tanto del Ibiza como del León y llegan a rendir hasta 290 CV.

Subaru
Si hay algo que identifica a los Subaru es su carrocería azul y llantas doradas derrapando en algún tramo polvoriento del Campeonato Mundial de Rally. El fruto de esa experiencia es recogido por la división STI (Subaru Tecnica International) para transformarla en fabricar deportivos aptos para ir al trabajo todos los días.
Cuando a STI le siguen las letras WRX (World Rally Cross-Country) debemos ponernos en pie con la mano en el corazón. Estamos ante un auténtico coche de campeonato adaptado para circular en la civilización.

Volkswagen
El año 1976 quedó marcado en la memoria de los amantes del motor por el nacimiento del primer Golf GTI. Surgía un nuevo concepto de compacto con bajo peso y enérgica mecánica que apostaba sin complejos por la diversión al volante.
Igualmente, otros constructores como Peugeot se volcaron con este tipo de “juguetes” dando paso a los fabulosos 205, 309, 306 ó 208 GTI (Gran Turismo de Inyección).

En 2008 sucedió algo impensable para los puristas de los GTI: Volkswagen presentó su equivalente en gasóleo GTD (Gran Turismo Diésel). La demanda del público de un Golf frugal con aspecto agresivo primó sobre la tradición.

El buque insignia de cualquier Volkswagen ostenta una R de color azul en algún lugar de su silueta. Obviamente quiere decir “Racing”, está enfocado a una conducción exigente y a domar una gran caballería como el rancho de Bonanza bajo el pie derecho.

El auge de los vehículos enchufables han propiciado el brote de nuevas siglas como los GTE. Es sencillo imaginar que tenemos enfrente un Gran Turismo Eléctrico.

Otros VW se sirven de las letras CC en alusión a las palabras cabrio-coupé. Es decir, cuenta con un techo rígido que permite convertirlo en una versión abierta o cerrada con solo pulsar un botón.
No obstante, si nos referimos a la versión estilizada del Passat, las letras CC equivalen a “Confort Coupé”.

Como colofón podemos descifrar otras muchas variantes de siglas en lo que respecta a los diésel:

CDTi > Commonrail Diesel Turbo Injection (Inyección Common-rail Diesel)
CRDi > Common Rail Direct Injection / System (Rail común de inyección directa)
HDi > High-pressure Diesel Injection (Inyección Diesel a Alta presión)
SDi > Standard Diesel Injection (Inyección Diesel Estándar)
TDi > Turbocharged Diesel Injection (Inyección Diesel con Turbo)
TDDi > Turbocharged Diesel Direct Injection (Inyección Directa Diesel con Turbo)
TDCi > Turbocharged Diesel Commonrail Injection (Inyección Common-rail Diesel con Turbo)

…Y a los motores de gasolina:

FSi > Fuel Stratified Injection (Inyección Estratificada Gasolina)
TSi > Turbocharged Stratified Injection (Inyección Estratificada con Turbo)
TFSi > Turbo Fuel Stratified Injection (Inyección Estratificada de Gasolina Turbo)
VTEC > Variable Valve Timing and Lift Electronic Control (Sistema Variable de las Válvulas de motor de Honda).
VVT-i > (Sincronización variable de válvula inteligente de Toyota)
i-VTEC > (Sistema variable de las válvulas inteligentes de motor)

Faltaría por mencionar a los archiconocidos SW (Station Wagon) recurso generalista de muchos constructores, básicamente es un coche familiar o ranchera.

Como hemos corroborado en el post las siglas son la carta de presentación de los coches. Una especie de tarjeta de visita que muestra sus credenciales y su potencial al resto de automovilistas.
Sería el equivalente a los colores vivos de los animales venenosos que advierten a cualquier depredador de su potencialidad.
No hay miedo, ya disponemos de toda la información para identificar a primera vista a los automóviles por sus siglas y dilucidar sus secretos mejor guardados.

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Los gemelos golpean dos veces
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David González | 01-10-2016 | 3:54| 0

¿Alguna vez habéis visto dos coches de distintas marcas y os ha parecido que eran iguales? No penséis que se os ha subido el alcohol a la cabeza, veis doble, sufrís de alucinaciones o que es un coche muy nervioso.

Estos aires de familia entre diferentes automóviles son más frecuentes de lo que podemos imaginar. Las empresas automovilísticas crean alianzas para desarrollar un vehículo en común y así ahorrar costes. Este hermanamiento se produce entre autos de varias firmas que pertenecen al mismo grupo, pero también hay colaboraciones puntuales entre marcas para crear un producto específico.

Una vez concebidos, estos “coches gemelos” se separan del cordón umbilical y son personalizados por cada una de sus familias con distintos elementos: grupos ópticos, interiores, salpicaderos, calandras, emblemas, etc…sin embargo, aunque hayan sido apartados de sus padres, sus genes les delatan como procedentes de la misma cepa.

Éste es el motivo por el que en alguna ocasión habréis pensado que sufríais una especie de déjà vu al reconocer algunos rasgos en vehículos congéneres.

Por todos es conocida esta especie de clonación entre los principales imperios automovilísticos: PSA, VAG, General Motors, FCA, Grupo Renault…en sus casas abundan tanto mellizos como gemelos. Una fórmula contrastada con objeto de aprovechar las sinergias entre fabricantes y conseguir mayor rentabilidad.

Desempolvemos el álbum familiar y recordemos algunos de los “Gemeliers” motorizados más célebres “around the world”.

Citroën C1 y Peugeot 107 y Toyota Aygo; el grupo PSA está compuesto por Citroën y Peugeot. La primera tiene un enfoque más desenfadado y popular, mientras que los del felino apuestan por la deportividad. Podríamos aseverar que cada modelo del doble chevron tiene su equivalente en Peugeot, así que la elección depende de gustos personales y del desembolso que estemos dispuestos a hacer.
Estas cooperaciones de PSA han contado con invitados puntuales como Toyota o Mitsubishi para concebir nuevos productos.
Asimismo, el Mitsubishi ASX comparte ADN con el Peugeot 4008 y el Citroën C4 Aircross…’las trillizas de oro’.

Hyundai i40 y Kia Optima; algo similar ocurre con estas factorías asiáticas. Consolidaron una poderosa compañía allá por 1998 creando la Hyundai Motor Company.
Mientras Hyundai se dirige a un público ‘distinguido’ que aboga por unos acabados más exquisitos, Kia se enfoca a un target más genérico que aprecia ante todo la relación calidad-precio.
El i40 y el Optima encarnan una batalla fratricida por hacerse con los fans de las berlinas medias versátiles.

Fiat Sedici y Suzuki SX4; la colaboración de sendas factorías arrojó como fruto dos gotas de agua en forma de crossover económico. Convivieron durante poco tiempo porque el Suzuki canibalizó a su hermano, ya que Suzuki ofrecía más tradición histórica en el segmento 4×4.

Nissan Terrano II y Ford Maverick; nos remontamos a 1993. Nissan y Ford se asocian para producir un todoterreno de 3 y 5 puertas. Lo curioso de este caso es que, pese a ser exactamente iguales salvo los logos, el modelo japonés fue un tremendo éxito y el americano pasó sin pena ni gloria por los concesionarios.
Moraleja: la confianza de los usuarios en una marca es un factor muy a tener en cuenta; mientras Nissan contaba con décadas de experiencia en los 4×4 , Ford atesoraba una escasa trayectoria en este tipo de vehículos. Los compradores percibían a los nipones con mayor credibilidad en el nicho offroad.

Skoda Citigo, SEAT Mii y VW Up; estamos ante otro caso extraordinario de ‘trillizos’. Aunque los tres emplean plataformas exactas, sus acabados- y sobre todo su precio- los diferencian claramente.

Volkswagen Golf y SEAT León; por las venas del compacto de Martorell corre la misma sangre que circula por las del Golf, el referente del sector. Aunque el de Volkswagen pretende aunar un comportamiento intachable con un refinado estilo interior, el León apuesta sin complejos por la deportividad y las sensaciones fuertes. Misma base aunque planteamientos diametralmente opuestos.

Mazda MX-5 y Fiat 124 Spider; cuando Fiat pensó en resucitar al clásico 124 acudió a Mazda para aprovechar la estructura del ‘miata’, el roadster más vendido del planeta. Centro de gravedad bajo, dos plazas, peso reducido y un motor que no para de pedir guerra…la combinación idónea para gozar de la conducción a cielo abierto.

VW Tiguan, SEAT Ateca y Skoda Kodiaq; tres flagrantes y recientes ejemplos de lo narrado en este post. El Grupo Volkswagen tira de fondo de armario para aprovechar la estructura SUV y adaptarla a públicos muy heterogéneos. Una vez más hallamos una versión premium, otra deportiva y otra más económica como sucedía con los urbanos de VAG.

Renault Kangoo y Mercedes Citan; “hombre rico- hombre pobre”: solo una estrella diferencia a estas dos furgonetas y algunos detalles interiores que intentan justificar el precio de ambas máquinas. De sobras es conocida la colaboración entre Mercedes y Renault; sin ir más lejos el clase A180 diésel de 109 CV equipa un motor de origen francés y , a su vez, el Infiniti Q30 comparte sus entrañas con el modelo de acceso de las flechas plateadas.

Opel Mokka y Chevrolet Trax; los dos SUV son prácticamente idénticos salvo por su parrilla y proyectores lumínicos. Obviamente no es casualidad, estas dos firmas están bajo el paraguas de General Motors y sus automóviles son auténticos calcos.
Solo tenéis que juntar un Opel Insignia con un Chevrolet Cruze o un Ampera frente a un Volt, e intentar encontrar las siete diferencias…echadle más paciencia que para entender “Juego de Tronos”.

Subaru BRZ y Toyota GT86; aparentemente rivales, Subaru y Toyota llegaron a un acuerdo para elaborar un potente coupé de tracción trasera. Cada una lo bautizó con unas siglas y lo emperifolló para darle su toque personal, pero estamos ante el mismo automóvil lúdico elevado al cuadrado. Diversión a raudales en diferentes envoltorios para gritar a los cuatro vientos: ¡vaya par de gemelos!

Dodge Journey y Fiat Freemont; el grupo Fiat Chrysler Automobiles sacó probetas y pipetas para clonar a su todocamino medio en dos versiones muy semejantes. Livianos detalles estéticos separan a estos vehículos destinados a afrontar los terrenos más abruptos con siete auténticas plazas.
Mientras que el Journey luce unas líneas americanizadas, el Freemont exhibe tipazo latino para seducir a las familias aventureras europeas.

Primos lejanos
En otras ocasiones el parentesco no es tan evidente, aunque si avisáramos a Paco Lobatón encontraría esa remota ascendencia que confirmaría el mismo progenitor para los vehículos.

Fiat 500 y Ford KA; a primera vista pocos adivinarían que las ramas del árbol genealógico de estos urbanitas se cruzarían. El 500 se distingue por un diseño chic de formas redondeadas, mientras que el KA se decanta por dimensiones contenidas con un aspecto más funcional.
Pues sus ancestros tuvieron un escarceo de juventud y 9 meses después aparecieron estos pequeños rebosantes de alegría.

Nissan Qashqai y Renault Kadjar; el Qashqai se las prometía muy felices: era el éxito más rotundo de Nissan en los últimos años y se había convertido en el “niño bonito” de los vehículos de aspecto campero para uso en ciudad. Sin embargo, recientemente ha llegado un pariente lejano de Francia para ponerle las cosas muy difíciles. Como dice el refrán: “no hay peor astilla que la de la propia madera” y el modelo del rombo sabe el secreto para convencer a aquellos que abandonan la calzada esporádicamente.

Audi A4 y SEAT Exeo; tras el controvertido Toledo ‘afurgonetado’ de segunda hornada, SEAT quería retornar a la senda de los sedanes convencionales. Para ello tiró de la descatalogada carrocería del A4 B7 de 2008 para dar forma al buque insignia de su gama, el Exeo… no pueden negar sus evidentes lazos de consanguinidad.

Jeep Renegade y Fiat 500X; efectivamente, la asociación italo-americana de FCA cruzó los cromosomas de ambas castas creando un Jeep con un refinado diseño italiano y un Fiat de innegables aptitudes para circular fuera de las urbes.

Mazda 2 y Ford Fiesta; la relación entre ambos constructores se remonta al “Forfi” setentero y el 121. Los benjamines de estas marcas se prestan la ropa como buenos allegados.

Dacia Sandero y Renault Clio; en 1999 Renault se hacía con Dacia y planteaba un producto “low-cost” muy interesante para los mercados emergentes. Su éxito no solo quedó ahí, los Dacia han tenido muy buena aceptación en Europa por su bajo coste y contrastada fiabilidad.
De hecho, las piezas de la marca rumana proceden de modelos Renault de otras generaciones con una durabilidad a prueba de bomba.
El Sandero y el Logan son una revisión de las versiones antiguas del Clio con una carrocería actualizada a nuestros días.

Iguales en la esencia, pero cada uno heredero de las facciones de su estirpe. Los gemelos del motor luchan por ser el más guapo de la familia y recibir más piropos que su alter ego.
Tratan de vestirse de forma distinta para destacar por su propia personalidad y virtudes, librando una auténtica guerra de los clones.
No pueden evitar que, al verlos por la calle, muchos exclamemos: “Tu cara me suena”.

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Coches fuera de serie
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David González | 10-09-2016 | 5:42| 0

La pequeña pantalla ha encumbrado al estrellato a muchos vehículos que han tenido más minutos televisivos que el mismísimo Jorge Javier Vázquez.

Automóviles mediáticos con personalidad propia que han pasado a rivalizar en protagonismo con los actores principales, convirtiéndose en un atractivo más de la serie.

En capítulos anteriores de ‘Turblog’ hablé sobre los coches de película en ¡Cámara y acción! Automóviles de película. Pues hoy le toca el turno a aquellos que han triunfado en televisión.

Y es que hay autos que se asocian indisolublemente a los shows en los que participan: estamos ante máquinas de cuatro ruedas que chupan más cámara que el Mocito Feliz.

Bien sea por su espectacular aspecto, por ayudar al protagonista en sus aventuras o desempeñar un papel importante en la trama hay automóviles que son los auténticos fuera de serie de la TV.

Permaned atent@s a vuestra pantalla amiga y no toquéis el mando a distancia porque vamos a echar un vistazo a los coches que lo han petado en la “caja tonta”.

Starsky y Hutch. Cualquier serie de detectives que se precie ha de contar con potentes bólidos para dar caza a los malos. Esta producción de los 70 narraba las peripecias de los policías David Starsky (el moreno cachas) y Kenneth Hutch (el rubio intelectual) a bordo de un veloz Ford Torino rojo con una característica banda blanca.

El Equipo A. Aquel adolescente de los 80 que no quisiera montar en la furgoneta del “Equipo A” no tenía alma. Era inconfundible al primer golpe de vista: negra con una franja roja que recorría todo el lateral de la carrocería y culminaba en un alerón en la parte superior.
Pese a esta apariencia nada discreta- y que siempre utilizaban el mismo vehículo- nunca consiguieron detener a los cuatro ex-militares…cosas de la tele.
Se trataba de una GMC Vandura que habitualmente conducía M.A. Barracus (a no ser que le hubieran dejado inconsciente porque iban a volar en avión).
Por su parte, el ligón de Fénix solía seducir a sus conquistas con un Chevrolet Corvette C4 Targa pintado en blanco con una raya roja.

Corrupción en Miami. No uno, sino hasta dos Ferraris utilizaron los estilosos agentes Sonny Crockett y Ricardo Tubbs en su cruzada contra el narcotráfico. Empezaron con un Ferrari Daytona Spyder 365 GTS/4 negro del 72 (en realidad era una réplica sobre el chasis de un Corvette C3) para más tarde gozar de un Testarossa blanco, del mismo color que la estival indumentaria de Don Johnson.
Enzo Ferrari decidió que sus coches negros no salían favorecidos en las escenas nocturnas, por lo que decidió que Miami Vice usara un Testarossa blanquito.

Luz de Luna. Pocos recordaréis a Bruce Willis con pelo, más allá de las primeras entregas de la Jungla de Cristal, pero el bueno de Bruce participó junto a Cybill Shepherd en una mezcla de drama, comedia y romance en 1985 llamado Moonlighting.
El argumento giraba a torno a dos investigadores privados que resolvían una serie de casos mezclando una relación amor-odio. Se valían para ello de un precioso BMW 635CSi plateado con 220CV.

El coche fantástico. K.I.T.T. (Knight Industries Two Thousand) era el indiscutible referente automovilístico de las series de TV. Se trataba de un Pontiac Firebird Trans Am customizado con: una luz roja oscilante en la calandra, tres pares de faros antiniebla, un protector ahumado para los faros traseros, un bonito alerón y un salpicadero con más botones que un Boeing 747.
Sus habilidades no se limitaban a entablar palique con Michael Knight, de igual modo podía autoconducirse, saltaba como un antílope y despistaba a sus enemigos con su increíble armamento.
En 2008 se retomó el show con el papel principal reservado a un Shelby GT500 KR…pero ya no fue lo mismo.

Magnum. El bigote de Tom Shelleck permanecía impertérrito en las trepidantes persecuciones a bordo de un flamante Ferrari 308 GTS. No se me ocurre un mejor modo de desplazarse por Hawái e investigar los sucesos más enrevesados.

McGyver; nadie sabía a ciencia cierta a qué se dedicaba McGyver. Solo que, con una navaja de Albacete y tres alcayatas, podía salir airoso de las situaciones más peliagudas. Pues bien, este manitas se movía con un Jeep Wrangler, el “jarrillo lata” de los todoterreno. Un referente del 4×4 capaz de ayudar a Richard Dean Anderson a hacer una ‘bomba de humo’ ante cualquier amenaza.

Beverly Hills 90210 ‘Sensación de Vivir ‘. Al mocerío billetudo que protagonizaba esta serie noventera le gustaba más un clásico que a la mujer de Flavio Briatore.
Brandon Walsh, el guaperas, iba todos los días al instituto en un icono americano: el Ford Mustang 289 de 1965.

Mientras tanto, Dylan (que debía ser repetidor porque estaba endurecido como el roete de la Dama de Elche) era poseedor de un increíble Porsche 356 Speedster negro del 61 para deleitarse bajo el sol californiano…en el autobús urbano que iban los chiquillos.

Walker Texas Ranger. Que a un americano le gusta una Pick-up más que comer perritos calientes a cascoporro es una realidad indiscutible. Así que Chuck Norris debía elegir una camioneta que resistiera sus sempiternas persecuciones y se decantó por la Dodge Ram 1500. Si es la mitad de ruda que su dueño podría resistir el impacto de un meteorito.

CSI Miami. Si trabajas en un laboratorio criminalista, te llamas Horatio y te pasas el día viendo cadáveres es mejor acudir a la escena del crimen en un Hummer H2. ¡Dale a tu cuerpo alegría Macarena!

The Big Bang Theory. Sheldon, Howard y Penny han vivido desternillantes momentos a los mandos del Volkswagen Golf Cabriolet MkI. Un descapotable con una gran aceptación en el mercado norteamericano por sus compactas dimensiones, fácil mantenimiento y atractiva línea europea.

Cuéntame. La familia Alcántara ha utilizado multitud de medios de transporte desde que llegara a los receptores de tubo de rayos catódicos, allá por 2001. La ficción española ha vivido momentos de gloria con el entrañable SEAT 800- y otros mitos de la mecánica de nuestro país- gracias a las peripecias de los personajes de Imanol Arias y Ana Duato.

The Walking Dead. En la segunda y tercera temporada tuvo una gran presencia el Hyundai Tucson Limited 2010. Un SUV repleto de vitalidad para una serie con muchos muertos.

Coches y televisión han ido de la mano desde que Jordi Hurtado era becario. Una relación que nos deja momentos inolvidables y a unos automóviles que han conseguido convertirse en seña de identidad de los shows en los que participaron.
Seguiremos vibrando con arriesgadas carreras y deportivos de infarto en el salón de nuestra casa, porque los coches forman parte de nuestros sueños.

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Sobre el autor David González
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga. Social Media-Community Manager. Diseñador Gráfico. Tutor de redes sociales y diseño gráfico. Periodista del motor. Blogger. Certificado por Google y Hootsuite