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Rockberto, genio y figura

2011 junio 17
por Ángel de los Ríos

“Era un héroe de la contracultura. Un hippie de barba hirsuta y penacho incorregible. Un versificador de ingeniosos juegos de palabras, tan dado por igual al calado poético como a la burla inmisericorde. Un santo de los rockeros”. Así definía a Rockberto Manuel Bellido, en su artículo ‘Rockberto no es Dios’ .

Y daba en el blanco. Rockberto no es Dios, ni pretendió parecerlo, pero se lo pasó como tal durante todo su vida. Y hasta en su muerte. Por delante vaya que yo con Rockberto sólo traté en un par de ocasiones y con motivo de sendas entrevistas, así que no puedo ser de esos periodistas que se honran en conocerlo. Y puedo decir que ahora, visto con la perspectiva de la distancia, me quedo con lo que deja que con lo que ya nos falta. Porque de nada vale lamentarse. Él nunca lo haría.

La muerte del líder de Tabletom deja mudo al rock malagueño de una época que ya quedará siempre marcada en la música, al menos de nuestra ciudad. Yo tenía un amigo que decía que no podía escuchar un disco de Tabletom, porque no le llegaban… Y ahora empezabas ‘Me estoy quitando’, ‘Guadalmedina’, ‘Málaga’, ‘La parte chunga’... “¡Ah! Esas me encantan”, me decía. Pues eso, que Tabletom de una forma u otra nos gustaba a todos, y era parte de la cultura malaguita.

Por eso, hoy en Punto Radio Málaga, 93.4, le rendimos un homenaje a Rockberto que se fue el pasado domingo. El último concierto previsto para el 4 de junio en la Sala París 15, y que tuvo que ser suspendido, iba a servir para celebrar el 35 aniversario de la banda sobre los escenarios. Nosotros hoy no celebramos un concierto, pero sí un repaso musical a esos 35 años mezclando jazz, reggae, flamenco, y rock con Pepillo y Perico a los micrófonos.

En Facebook ya han creado el grupo Cuéntanos tu anécdota con Rockberto, para recogerlas en el blog de Tabletom de entrada, y escribir su biografía en un futuro. Yo iba un día por la calle y la chica que me acompañaba se quedó mirando a un señor en una marisquería, con la mesa llena de gambas, un pedazo de plato de jamón y, eso sí, una cervecita. “Ese señor parece un vagabundo, ¿cómo va a pagar todo eso?”, me dijo ella. “Ese señor no parece un vagabundo, ese señor parece Rockberto”, le contesté.