{"id":1001,"date":"2013-02-23T19:41:45","date_gmt":"2013-02-23T18:41:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1001"},"modified":"2013-02-23T19:41:45","modified_gmt":"2013-02-23T18:41:45","slug":"frio-en-ronda-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2013\/02\/23\/frio-en-ronda-3\/","title":{"rendered":"Fr\u00edo en Ronda"},"content":{"rendered":"<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><span style=\"font-size: small;\"><strong><br \/>\n<\/strong><\/span><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>Nev\u00f3 t\u00edmidamente de Ronda y en algunos de los pueblos del entorno. No lo hizo con la sa\u00f1a de otras ocasiones, cuando las sierras se ti\u00f1en de un espeso manto de armi\u00f1o y as\u00ed permanecen incluso semanas. Ahora, d\u00edas atr\u00e1s, lo hizo como quien no quiere la cosa, avisando que las nieves pueden ir a m\u00e1s si se lo proponen, fruto del fr\u00edo intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los vientos g\u00e9lidos que soplan desde el norte.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>Todav\u00eda no se muestra con todo su furor, que el fr\u00edo y las nieves no han hecho sino amenazar pero contin\u00faan sin presentar batalla. Primero ser\u00e1n los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa, los que se vestir\u00e1n son el blanquecino ropaje. No tardar\u00e1n en hacerlo, que el invierno envi\u00f3 ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Cat\u00f3licos, que pusieron fin por entonces al reino nazar\u00ed. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habr\u00eda que a\u00f1adir otros adjetivos menos se\u00f1oriales, pero igualmente certeros. `Ronda, alta y fr\u00eda\u00b4 tambi\u00e9n describir\u00eda a la ciudad so\u00f1ada de Rilke. Ronda mesete\u00f1a, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al fr\u00edo norte\u00f1o. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bistur\u00ed y hiela el aliento.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">\u201c <span style=\"font-size: small;\"><strong>Ponte la bufanda y abr\u00edgate bien que en Ronda hace mucho fr\u00edo\u201d, sol\u00eda decirme mi madre, sol\u00edcita. Cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, a\u00f1os atr\u00e1s, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que hacina sus casas a la querencia del Guadiaro, el consejo era necesario y bien recibido. Efectivamente, en d\u00edas crudos de invierno, en Ronda hac\u00eda m\u00e1s fr\u00edo que en cualquiera otro lugar de la comarca. Titiritaba uno en el puente, segu\u00eda la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y casta\u00f1eaban los dientes en la estaci\u00f3n de RENFE cuando se dispon\u00eda el regreso. \u00a1Dios, qu\u00e9 fr\u00edo hac\u00eda en la estaci\u00f3n! Lejos todav\u00eda el despliegue de carreteras y la utilizaci\u00f3n de los autom\u00f3viles un destartalado and\u00e9n y un no menos desabrido tren prolongaban el fr\u00edo hasta llegar y refocilarse al amor del hogar.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el fr\u00edo que abate a la Pen\u00ednsula por entero. Como era de esperar, aqu\u00ed, cuando hace fr\u00edo, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudi\u00e9ndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situaci\u00f3n que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>El fr\u00edo relente ha vaciado la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada d\u00eda, casi por obligaci\u00f3n, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del fr\u00edo arroja a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas y el vendedor de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle maldice el d\u00eda y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la v\u00eda desde m\u00e1s de un siglo a esta parte.<\/strong><\/span><\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\"><span style=\"font-size: small;\"><strong>Ronda desaf\u00eda el fr\u00edo a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos pr\u00f3ximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema, el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoj\u00e1n, o los Alcornocales que mitigan el acoso g\u00e9lido en el Cortes de la Frontera se\u00f1orial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el fr\u00edo sin trabas ni componendas.<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nev\u00f3 t\u00edmidamente de Ronda y en algunos de los pueblos del entorno. 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