{"id":1604,"date":"2014-03-09T11:41:49","date_gmt":"2014-03-09T10:41:49","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1604"},"modified":"2014-03-09T11:41:49","modified_gmt":"2014-03-09T10:41:49","slug":"quimeras-en-el-gurugu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2014\/03\/09\/quimeras-en-el-gurugu\/","title":{"rendered":"Quimeras en el Gurug\u00fa"},"content":{"rendered":"<p><strong><img loading=\"lazy\" id=\"il_fi\" src=\"\/\/www.diariosur.es\/noticias\/201402\/23\/Media\/melilla1--647x231.jpg\" alt=\"\" width=\"647\" height=\"231\" \/><\/strong><\/p>\n<p><strong>Foto: Diario Sur. Melilla y las vallas<\/strong><\/p>\n<p><strong>Los millares de subsaharianos que aguardan su turno para dar el salto a la Europa de la opulencia y el <em>bon vivant,<\/em> mientras calientan en las brasas que proporciona la vegetaci\u00f3n seca del monte la pobr\u00edsima sopa de cada de cada d\u00eda o dan cuenta del miserable bocata de dudosa salubridad, miran anhelantes y esperanzados las techumbres y la agitaci\u00f3n de las calles de la ciudad de Melilla, portal de la tierra de promisi\u00f3n a la que esperan llegar para empezar a desterrar la desesperaci\u00f3n de sus muchos desventuras.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El monte Gurug\u00fa se eleva se\u00f1ero con sus casi 900 metros de altitud sobre el cabo de Tres Forcas, all\u00ed donde Marruecos siluetea su costa norte, la misma que embebe las playas de Melilla, la ciudad aut\u00f3noma que en d\u00edas pasados abrieron los telediarios de medio mundo dando cuenta\u00a0 de\u00a0 los 15 inmigrantes que en sus inmediaciones encontraron la muerte en pos de una azarosa aventura con un\u00a0 final feliz imposible.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 En el Gurug\u00fa permanecen para la posteridad las ruinas de dos fuertes espa\u00f1oles, reliquias de los enfrentamientos entre los ej\u00e9rcitos espa\u00f1oles y las mesnadas del rife\u00f1o Abd el \u2013 Krim que los mantuvieron en jaque en los proleg\u00f3menos del pasado siglo. Una epopeya que ocupa <\/strong><strong>relevantes p\u00e1ginas de nuestra historia reciente.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Desde las laderas de la alta prominencia los subsaharianos, insensibles a las llamativas vistas de Melilla que se extienden a sus pies, no tienen ojos sino para las empalizadas y la mara\u00f1a de alambradas que le impiden el paso. Miran y sue\u00f1an. M\u00e1s all\u00e1 de las temibles concertinas capaces de flagelar su piel si se efect\u00faa el salto en tromba, est\u00e1 el mundo confortable que les hizo abandonar su pueblo y su tribu. Y quim\u00e9ricas pretensiones les animan a soportar las penalidades del acecho.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0 Saben que en la rutilante Europa, a dos pasos, bulle una vida placentera: gente bien vestida y no con harapos como ellos, lujosos coches, r\u00edos frescos y playas soleadas, bellas mujeres, ni\u00f1os que tienen escuela\u00a0 y una muchedumbre que hasta come tres veces al d\u00eda. Y se hacen muchas preguntas, sobre todas la que sin respuesta trata de ahondar en la causa de que a un lado y otra de la valla \u2013 unos pocos metros = se enfrenten situaciones tan diferentes entre s\u00ed: a un lado el esplendor; al otro,\u00a0 la desgracia.\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0Y sue\u00f1an despiertos en un nuevo mundo. Un mundo para el que no habr\u00e1 barreras infranqueables, porque no habr\u00e1 vallas\u00a0 que les detenga \u2013 Europa deber\u00eda ser consciente de ello, antes de que la ola orille, imparable, \u00a0en todas y cada una de sus fronteras=, porque sin saberlo,\u00a0 cada uno de los subsaharianos que esperan en el Gurug\u00fa hacen suya la sentencia de aquel torero c\u00e9lebre de Ronda (Pedro Romero), refiri\u00e9ndose\u00a0 al morlaco de turno: \u201cM\u00e1s corn\u00e1s da el hambre\u201d.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto: Diario Sur. 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