{"id":1764,"date":"2014-08-06T13:10:44","date_gmt":"2014-08-06T11:10:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1764"},"modified":"2014-08-06T13:10:44","modified_gmt":"2014-08-06T11:10:44","slug":"meditaciones-serranas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2014\/08\/06\/meditaciones-serranas\/","title":{"rendered":"Meditaciones desde la Serran\u00eda"},"content":{"rendered":"<form>\u00a0<img loading=\"lazy\" id=\"irc_ilrp_mut\" src=\"https:\/\/encrypted-tbn1.gstatic.com\/images?q=tbn:ANd9GcQ_xKLL_lhXpcM14I0I88QjLKRgQ2XmR0HWhzOD6UnZw5k2j2-3-_cwadPjHQ\" alt=\"\" width=\"495\" height=\"371\" \/><\/form>\n<form><\/form>\n<form><\/form>\n<form><strong>Cuando por la edad columbramos como no muy lejos el final de la\u00a0 existencia y vemos con pesadumbre la proximidad de un acontecer incierto,no es raro que meditaciones poco halag\u00fce\u00f1as nos abatan. En la Serran\u00eda de Ronda cuando intentamos repeler los pensamientos siniestros, o nos enfrentamos a situaciones dif\u00edciles\u00a0 que ponen a prueba la re ciedumbre del esp\u00edritu se acude a un dicho que, en buena manera habla de nuestra actitud ante la vida: &#8221; El muerto al hoyo yu\u00a0 y el vivo al bollo&#8221;, decimos con la socarroner\u00eda\u00a0 que nos es proverbial. De esta manera intentamos alejar el espantajo de la muerte.<br \/>\n<\/strong><strong>Es muy dif\u00edcil que nos acostumbremos a la muerte, que no la temamos. Dice un dicho antiguo, sin embargo, que no debemos temerla, porque cuando nosotros a\u00fan estamos, ella no est\u00e1, y cuando hace acto de presencia ya no vivimos. Tambi\u00e9n hay quien argumenta,\u00a0 en un intento de\u00a0despojar de \u00a0trascendencia al hecho ineludible de la partida definitiva, que la \u201cmuerte no es sino un sue\u00f1o sin ensue\u00f1os\u201d. Y, naturalmente. existe en muchos de nosotros la certidumbre de otra vida, esa que ha de transcurrir en el Reino Celestial que nos impone\u00a0 las creencias cristianas (<em>En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si as\u00ed no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.<\/em> (San Juan 14:2). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Y para los que no comparten la creencia cristiana, apunta Lucrecio, poeta y fil\u00f3sofo romano del siglo I a.C. : \u201cEs injustificado el temor a la muerte: \u00e9sta es el fin de toda angustia, el m\u00e1s tranquilo sue\u00f1o, el eterno descanso. El que ha gozado debe retirarse de la vida como hu\u00e9sped satisfecho; el que ha sufrido, recibir gustoso a la que viene a cortar el hilo de sus desventuras. Sabemos todos que es indispensable morir, y no debe la hora del morir preocuparnos. Nada hay para nosotros m\u00e1s all\u00e1 del sepulcro\u201d.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, claro, esta actitud, que es aconsejable para no dejarnos llevar por la angustia de la partida hacia no se sabe ad\u00f3nde, la asimilamos cuando se trata de nuestra propia muerte, no de la de un ser querido. En estos casos el soplo silencioso, repentino, muchas veces traicionero, que ciega la vida de quien amamos, la angustia y las dudas nos embarga. Nos sentimos impotentes, abatidos, desolados.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0 Y una certeza se encumbra sobra cualquiera otra: la persona querida se fue, nos abandon\u00f3 para siempre. Y nos rebelamos, y tratamos de pensar y creer que las cosas en la infinitud del tiempo pueden ocurrir de otra manera. El encuentro con la persona amada y desparecida puede verificarse. Y eso nos consuela y nos anima a proseguir la vida.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Lo que ocurre, para nuestro pesar es que, como dec\u00eda Unamuno, \u201cel hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos\u201d. Lo que nos lleva a pensar que no pocas veces un mismo ata\u00fad o una misma vasija funeraria encierra m\u00e1s de un coraz\u00f3n: el del fallecido y el de los que sufrieron el desgarro de su ausencia.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Bien mirado, somos los humanos los \u00fanicos seres de la creaci\u00f3n que somos plenamente conscientes de nuestra finitud. Estamos, pues, abocados con toda certeza a nuestra desaparici\u00f3n de la faz de la tierra. Eso, que tiene sus inconvenientes como el de la angustiosa certidumbre del no ser y la pesadumbre de la vida de ultratumba, lleva consigo la ventaja de conmovernos con la belleza que nos rodea \u2013un paisaje ins\u00f3lito, un atardecer glorioso, una lluvia fina azotando el cristal de la ventana \u2013, \u00a0o con la lectura de un poema o la audici\u00f3n de una obra musical excelsa.\u00a0 En eso nos diferenciamos del resto de la Creaci\u00f3n.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Los que han superado una enfermedad de las que se dice son incurables, y cuyo nombre eluden como tab\u00fa, pero que lograron superar o luchan por vencerla, reconocen que\u00a0 despu\u00e9s de haber sentido sobre su hombre la fr\u00eda mano de la muerte, la vida toma otra cariz mucho m\u00e1s luminoso y se descubren cosas que antes te parec\u00edan balad\u00edes pero que entonces se te antojan maravillosas.<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 La verdad es que,\u00a0 para nuestro consuelo, aquel ser amado que nos precedi\u00f3, dej\u00e1ndonos en cruel soledad, no hizo si no adelantarse\u00a0 en el camino el cual los que a\u00fan permanecemos aqu\u00ed hemos de recorrer indefectiblemente, temprano o tarde.<\/strong><\/p>\n<\/form>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Cuando por la edad columbramos como no muy lejos el final de la\u00a0 existencia y vemos con pesadumbre la proximidad de un acontecer incierto,no es raro que meditaciones poco halag\u00fce\u00f1as nos abatan. 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