{"id":1766,"date":"2014-08-08T13:18:44","date_gmt":"2014-08-08T11:18:44","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1766"},"modified":"2014-08-08T13:18:44","modified_gmt":"2014-08-08T11:18:44","slug":"anoranza-de-verano-en-la-serrania-de-ronda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2014\/08\/08\/anoranza-de-verano-en-la-serrania-de-ronda\/","title":{"rendered":"A\u00f1oranza de un verano en la Serran\u00eda de Ronda"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" id=\"irc_mi\" src=\"\/\/www.juntadeandalucia.es\/medioambiente\/servtc5\/ventana\/img\/fotos\/SENDEROS\/PN_GRAZALEMA\/RIO_GUADAIRO\/Rio_guadiaro1.jpg\" alt=\"\" width=\"495\" height=\"371\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>A\u00f1oranza de\u00a0 un verano en la Serran\u00eda de Ronda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>JOS\u00c9 BECERRA<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando el sol calienta inmisericorde las tierras de la Serran\u00eda de Ronda, sus pueblos, aletargados, ya en el hondo\u00a0 valle, ya en las laderas de su m\u00e1s alto y arisco relieve no parecen que muestren el menor indicio de vida. Despu\u00e9s de la comida del medio d\u00eda se suceden sopor\u00edferas horas que resbalan sobre las casas \u2013 encaladas fachadas refulgentes, oscuras techumbres moriscas \u2013 como si lo hiciera el plomo sobre el vaciado de una figura geom\u00e9trica.<\/p>\n<p>Pocos son los que desaf\u00edan el caliginoso momento y se atreven a pisar el asfalto de las calles o los resbaladizos cantos que las empiedran. Puertas y ventanas permanecen abiertas, en su hueco el balanceo de la leve cortinilla o la oscura celos\u00eda tras las que m\u00e1s que ver se adivinan cuerpos cansinos que in\u00fatilmente buscan fresco sosiego, porque no hay rinc\u00f3n que en estas pesadas horas caniculares lo proporcionen.<\/p>\n<p>Se ans\u00eda la brisilla de la sierra, pero \u00e9sta se hace rogar y no har\u00e1 acto de presencia sino bien entrada la noche, alta ya la madrugada, pr\u00f3ximo el claroscuro del alba. Silencio, un silencio pesado que difumina pisadas y que nadie osa romper, como si el mismo conversar exigiera un esfuerzo que en las horas planas, pesan cual\u00a0 martillo sobre un yunque.<\/p>\n<p>He vivido muchos veranos en la Serran\u00eda, casi tantos como los a\u00f1os que soportan mi \u00a0ya un tanto deteriorada \u00a0energ\u00eda f\u00edsica. \u00daltimamente intento volver s\u00f3lo\u00a0 cuando septiembre imprime la suavidad de sus noches a las imposibles madrugadas de agosto. Sin embargo, a\u00f1oro los d\u00edas de calor extrema, quiz\u00e1 porque me retrotraen a los d\u00edas lejanos de mi infancia.<\/p>\n<p>Entonces, lejos las obligaciones de la escuela, sol\u00eda madrugar, entre otras cosas agradables porque mi madre me mandaba a comprar churros al tenderete que muy cerca de la plaza de la Iglesia regentaba Josefa, <em>la Tejeriguera<\/em>, una mujer en puertas ya de la ancianidad que, en Benaoj\u00e1n,\u00a0 se daba las\u00a0 mejores artes para fre\u00edr la masa en redonda y pomposas formas que para m\u00ed eran pura delicia. En verano, los tejeringos se hac\u00edan a pleno aire, y daba gusto solo inhalar el olorcillo que desde lejos, desde cualquier calle delataban su presencia haciendo atractiva una ma\u00f1ana que todav\u00eda, a poco de clarear el d\u00eda, no hac\u00eda presagiar a\u00fan la calima del d\u00eda en cuanto \u00a0el sol estuviese en su cenit.<\/p>\n<p>Las tardes veraniegas, no importa sin el sol ca\u00eda a raudales, la chiquiller\u00eda baj\u00e1bamos al Guadiaro para los chapuzones de rigor. Antes, el r\u00edo descend\u00eda de las sierras limpio y con un caudal tan abundante que propiciaba la creaci\u00f3n de charcos que permit\u00edan ba\u00f1os a ratos alborotados y a ratos placenteros. Hasta se pod\u00eda pescar a solapa o con ca\u00f1as, que la poblaci\u00f3n de barbos y parcas siempre fue siempre abundante. Estas interminables tardes chapoteando en el agua o tendido entre juncos y mimbreras se me quedaron grabados en la memoria y me sirvieron de lenitivo cuando me\u00a0 sent\u00ed \u00a0obligado a pasar los veranos en otros parajes y en mitad de otros paisajes.<\/p>\n<p>Ahora s\u00e9 que el r\u00edo de mi ni\u00f1ez no es ni por asomo lo que era: languidece\u00a0 a ojos vista ya\u00a0 que sus aguas mermaron considerablemente y acabaron por desaparecer frescas corrientes y cristalinas charcas. Y que hay que remontarse hasta sus afluentes, como el\u00a0 Campobuche, que emerge de las l\u00f3bregas salas subterr\u00e1neas de la Cueva del Gato, para disfrutar de un ba\u00f1o fr\u00edo y relajante y sin peligro de contaminarse con repugnantes efluvios.<\/p>\n<p>Abandonado el Guadiaro,\u00a0 a lo largo de su sinuoso cauce nadie se atreve a acercarse. Puede que s\u00f3lo lo hagan los insectos insufribles para hacer verdad el dicho de los hortelanos con heredades en sus orillas, retratando una realidad que, bien mirado, tambi\u00e9n es propia de estas tierras cuando se muestran sedientas y ardientes: \u201cVerano, sol y avispas\u201d. Un testimonio que sigue intacto entre la gente del lugar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; A\u00f1oranza de\u00a0 un verano en la Serran\u00eda de Ronda &nbsp; JOS\u00c9 BECERRA &nbsp; Cuando el sol calienta inmisericorde las tierras de la Serran\u00eda de Ronda, sus pueblos, aletargados, ya en el hondo\u00a0 valle, ya en las laderas de su m\u00e1s alto y arisco relieve no parecen que muestren el menor indicio de vida. 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