{"id":1805,"date":"2014-09-11T11:38:20","date_gmt":"2014-09-11T09:38:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1805"},"modified":"2014-09-11T11:38:20","modified_gmt":"2014-09-11T09:38:20","slug":"madre-de-leche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2014\/09\/11\/madre-de-leche\/","title":{"rendered":"Madre de leche"},"content":{"rendered":"<h1><\/h1>\n<p><img loading=\"lazy\" id=\"irc_mi\" src=\"\/\/1.bp.blogspot.com\/-t8e7TJmeqK4\/UfUkKtA4dEI\/AAAAAAAALhU\/9-RqOnW0v1Q\/s600\/madres.jpg\" alt=\"\" width=\"450\" height=\"333\" \/><\/p>\n<p>Nos cruzamos, mi madre y yo, con una mujer en la calle. No era la primera vez que, siendo ni\u00f1o, la hab\u00eda visto atravesando una plazuela o doblando una esquina del pueblo. Era una mujer robusta, aunque el paso de los a\u00f1os hab\u00eda entrado a saco en su cuerpo. Su cabeza, otras veces erguida, buscaba el suelo y su tez, clara siempre, se hab\u00eda ennegrecido. La mujer, en los a\u00f1os en las que la conoc\u00ed, siempre iba vestida de negro.<\/p>\n<p>Pero eso era una costumbre generalizada en los pueblos de la Serran\u00eda de Ronda: a partir de cierta edad, la cincuentena o as\u00ed, las mujeres abandonaban los colores en la vestimenta, y vest\u00edan rigurosamente de negro, aunque no tuviesen que lamentar desgracia de muerte pr\u00f3xima.<\/p>\n<p>\u201c Esa mujer te amamant\u00f3 cuando naciste\u201d, me dijo mi madre, se\u00f1al\u00e1ndola. Me explic\u00f3 que cuando\u00a0 yo acababa de nacer padeci\u00f3 unas calenturas que le impidieron darme su leche y hubo que recurrir a la de ella, que por las mismas fechas hab\u00eda tra\u00eddo otra criatura al mundo. Me dijo mi madre a regl\u00f3n seguido: \u201cEsa es tu madre de leche\u201d. Eso me dijo. Y desde entonces excuso decir con el respeto que miraba a aquella mujer cuando me lo tropezaba en la calle.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto debe saber ella sobre m\u00ed que yo ignoro! Mi avidez que supongo en vaciar los senos\u00a0 prol\u00edficos, mi af\u00e1n por succionar sus pezones, mi expresi\u00f3n de beatitud que imagino despu\u00e9s de\u00a0 satisfechos mis anhelos primarios&#8230; Mi madre me dio la vida, eso era innegable, pero \u00bfqu\u00e9 no deber\u00e9 a aquella mujer que me dio el primer sustento, mientras me acunaba en sus brazos? Despu\u00e9s, cuando me topaba con ella ocasionalmente en alguna de mis espor\u00e1dicos regresos al pueblo, me quedaba mir\u00e1ndola ensimismado, sin decir nada, y segu\u00eda sus pasos lentos y su figura leve y ya incipientemente encorvada. Ella me miraba en silencio, sonre\u00eda y segu\u00eda su camino.<\/p>\n<p>Me contaba mi madre, cuando sal\u00eda a relucir aquella etapa de\u00a0 mi vida, envuelta todav\u00eda en el limbo de la inconsciencia (pero no lo suficiente como para que en aquella nebulosa en la que se abr\u00edan pasos los sentidos no se aprendiera para no olvidarlo jam\u00e1s los rostros que se asomaban con amor y curiosidad a nuestra insignificante humanidad);\u00a0 me contaba que a cambio de la leche que desde sus pechos yo beb\u00eda con avidez (\u201ccon rabia muchas veces\u201d, me dec\u00eda) ella le entregaba cierta cantidad de dinero cada vez que me hac\u00eda disfrutar del man\u00e1 espl\u00e9ndido de su cuerpo.<\/p>\n<p>Junto con las monedas le entregaba algunas d\u00e1divas en especie: Harina candeal para que amasara buen pan, legumbres y av\u00edos para el cocido de cada d\u00eda (ahora me consta que la \u201colla\u201d de garbanzos, con carne de chivo y tocino entreverado, era el plato diario que sustentaba a las familias trabajadoras de la comarca ronde\u00f1a); y, si se terciaba (\u201cconven\u00eda que la leche, tu leche, fuese abundante y que no te faltase\u201d, me recalcaba), la torta de aceite, az\u00facar y chicharrones que religiosamente mi madre se hac\u00eda hornear en la tahona del pueblo.<\/p>\n<p>Cuando me enter\u00e9 de la muerte de\u00a0 mi madre de leche me acerqu\u00e9 a su pobre tumba. Sus restos descansaban no muy lejos de donde lo hacen los de mis padres. De un ramo de crisantemos que destinaba para ellos separ\u00e9 unos tallos y los deposit\u00e9 sobre la tierra, junto a una cruz de piedra encalada. He venido ofreci\u00e9ndole esta muda ofrenda siempre que me acerco al campo santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos cruzamos, mi madre y yo, con una mujer en la calle. No era la primera vez que, siendo ni\u00f1o, la hab\u00eda visto atravesando una plazuela o doblando una esquina del pueblo. Era una mujer robusta, aunque el paso de los a\u00f1os hab\u00eda entrado a saco en su cuerpo. 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