{"id":1816,"date":"2014-09-24T11:43:05","date_gmt":"2014-09-24T09:43:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=1816"},"modified":"2014-09-24T11:43:05","modified_gmt":"2014-09-24T09:43:05","slug":"1816","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2014\/09\/24\/1816\/","title":{"rendered":"Los tejeringos de Mar\u00eda Elvira"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" src=\"\/\/i19.tinypic.com\/4qo1mpf.jpg\" alt=\"\" width=\"824\" height=\"618\" border=\"0\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Los tejeringos de Mar\u00eda Elvira<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><strong>JOS\u00c9 BECERRA <\/strong><\/p>\n<p>Ahora son noticias los pueblos de la provincia porque son refugios de un turismo de car\u00e1cter rural que ha venido a suplir en parte \u00a0sobre todo en los de los valles del Guadiaro y del Genal unos antiguos medios de vida basados en peque\u00f1as industrias alimenticias- embutidos y quesos-, por lo general y una incipiente agricultura que tiene en el olivo, el casta\u00f1o o el almendro, am\u00e9n de los inmensos alcornocales cortesanos su mejor exponente. A\u00fan persiste y se muestra pr\u00f3spera, a ra\u00edz de la vuelta al terru\u00f1o de quienes se ven arrojados de las ciudades a causa del paro que les aflige.<\/p>\n<p>La contrapartida es que en los pueblos de hoy se quebr\u00f3 para siempre el silencio de anta\u00f1o; a la tranquilidad le sigui\u00f3 el desasosiego, y ya no son sino sombra de lo que anta\u00f1o fueron. Es el caso de Benaoj\u00e1n orillado en el Guadiaro que tambi\u00e9n perdi\u00f3 su poder\u00edo de r\u00edo de tumultuosas y cristalibas aguas.<\/p>\n<p>Las magdalenas con\u00a0 que su t\u00eda\u00a0 premiaba amorosamente cada tarde a Marcel Proust en sus a\u00f1os de ni\u00f1ez sirvieron para que en edad madura el escritor polaco recordara con fruici\u00f3n y delicada nostalgia los a\u00f1os m\u00e1s candorosos de su vida y el marco en el que estos se desarrollaron: las calles, avenidas y plazuelas de su Paris natal.\u00b4\u201d<em>En busca del tiempo perdido\u201d<\/em> es una gran novela que sirvi\u00f3 al autor reverdecer sus primeros a\u00f1os de existencia, proyect\u00e1ndolos en el presente y anticipando vivencias del futuro.<\/p>\n<p>No son las magdalenas, con ser unos dulces que me deleitan, las que me retrotraen al Benaoj\u00e1n de mis a\u00f1os imp\u00faberes, sino los tejeringos de Mar\u00eda Elvira. La tejeringuera \u00a0Mar\u00eda Elvira \u2013 pelo canoso e hirsuto, tez morena, surcada de arrugas incipientes; delantal de percalina sobre el vestido oscuro-, ten\u00eda su puesto de la fritanga en la misma casa en la que habitaba junto con su familia, pero s\u00f3lo en los meses de invierno: las lluvias, que antes eran m\u00e1s abundantes y persistentes que las de ahora le hac\u00eda buscar el resguardo de la vivienda para su negocio y el acomodo de su clientela.<\/p>\n<p>En los veranos, no. En los veranos pon\u00eda el tinglado \u2013 hornilla con le\u00f1a de olivo para el fuego y perol, que m\u00e1s que recipiente a m\u00ed se me antojaba tina o caldero que por su tama\u00f1o bien pod\u00eda servir como ba\u00f1era \u2013 en medio de la calle, buscando siempre al socaire del viento que hac\u00eda prender vivamente los tarugos de olivo.<\/p>\n<p>Esa era la raz\u00f3n que s\u00f3lo en los meses de est\u00edo el olorcillo de los tejeringos fritos (entonces muy pocos en la Serran\u00eda de Ronda utilizaban el sin\u00f3nimo de churro) se expandiera e invadiera calles y rincones llegando a buena parte del pueblo, en los a\u00f1os 40 y 50 del pasado siglo much\u00edsimo m\u00e1s reducido su extensi\u00f3n que\u00a0 en los tiempos de hoy.<\/p>\n<p>A los efluvios inconfundibles de los tejeringos se un\u00eda el del pan reci\u00e9n hecho de la tahona de M\u00e1ximo, a la saz\u00f3n vecino de la churrera. Con lo que las amanecidas del pueblo eran un acorde de gratos aromas prestos para despertar\u00a0 el apetito nada m\u00e1s poner uno los pies fuera de la cama.<\/p>\n<p>Los tejeringos los hac\u00eda Mar\u00eda Elvira invariablemente en forma de rueda. Una espiral, primero blanquecina y pegajosa, que la churrera haciendo presi\u00f3n sobre la mesa que introduc\u00eda en un armatoste de hojalata reluciente, iba dibujando sus gruesas l\u00edneas sobre al aceite puro de oliva caliente, que entonces no hab\u00eda otro y que, seguramente proced\u00eda de las tinajas del Molino del Santo, el hoy hotel de lustre y prestigio con el mismo nombre.<\/p>\n<p>Me fascinaba el chirriar de la mesa en contacto con la grasa vegetal y c\u00f3mo engordaban las ruedas al toque maestro de las varas calcinadas con que Mar\u00eda Elvira las hac\u00eda danzar y evitar que se pegasen entre s\u00ed, para luego levantarlas, lustrosas y orondas, y depositarlas sobre la hoja de papel de estraza Luego, lo pone en las manos del cliente de turno, que sale pitando en busca del cafetito caliente o el chocolate espeso, que tambi\u00e9n acompa\u00f1a a los tejeringos: Una rueda, una peseta.<\/p>\n<p>La rueda sustenta con suficiencia la media jornada, no s\u00f3lo de los que como yo, en aquella edad no ten\u00edan otra obligaci\u00f3n\u00a0 que acudir a la escuela cada d\u00eda \u2013 la escuela de los Escambrones siempre sometida a la vigilancia del cerro del\u00a0 cerro del Zuque, enfrente y a unos escasos trescientos metros -, sino que manten\u00eda en pie lo mismo a quien ten\u00eda que pasar la ma\u00f1ana subido en un andamio,\u00a0 a las que enristraban chorizos en algunas de las f\u00e1bricas chacineras, o el hab\u00eda de permanecer pegado al terru\u00f1o labrando en la heredad de las afueras del pueblo, as\u00ed era de grande y suculenta.<\/p>\n<p>En mis cada vez m\u00e1s espor\u00e1dicos retornos al Benaoj\u00e1n que me vio crecer y llegar casi a la senectud hecho en falta muchas cosas, las cuales, como los churros con los que mi madre me obsequiaba cada d\u00eda, sigo a\u00f1orando. Atr\u00e1s quedaron los amaneceres restallantes apenas despuntados el d\u00eda, resbalando sobre la sierra de Juan Diego. O la nebulosa imagen del Conio, vig\u00eda eterno del pueblo, o las Canchas enriscadas\u00a0 tan cercanas con los calveros de hinojos y palmeras &#8211; \u00bfvolver\u00e9 a comer alguna vez las uvas palmeras, buscadas con ah\u00ednco para disfrutar de su pulpa tan gratuita como gustosa?- , las calles silenciosas en horas nocturnas, el batir de la lluvia sobre los cristales de mi ventana, el regocijante grupo de los vecinos sentados en el escal\u00f3n de sus viviendas esperando que durante las noches de est\u00edo la brisilla de la sierra se levantase para poder respirar a placer.<\/p>\n<p>Extendi\u00f3 sus tent\u00e1culos de ladrillo y cemento el pueblo y las zonas con visos de residenciales usurparon el lugar a las casitas achaparradas, de un blanco de cal lujuriante, en vivo contraste con\u00a0 las pardas tejas moriscas, resabio de una arquitectura tan r\u00fastica como popular que perdur\u00f3 durante siglos. Y el pueblo que a\u00f1oro fue poco a poco perdiendo los flecos de su antigua imagen. Casi se me antoja un pueblo nuevo y diferente. Ni conozco a la mayor parte de su gente, ni \u00e9sta me conoce a m\u00ed. Se rompieron los lazos, se deshizo el hechizo, se quebr\u00f3 la antigua atracci\u00f3n. Nada es como antes. Puede que los benaojanos se desayunen con churros, pero ser\u00e1 imposible que sus efluvios lleguen a todos los rincones del pueblo. Como ocurr\u00eda antes con los tejeringos de Mar\u00eda Elvira.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Los tejeringos de Mar\u00eda Elvira JOS\u00c9 BECERRA Ahora son noticias los pueblos de la provincia porque son refugios de un turismo de car\u00e1cter rural que ha venido a suplir en parte \u00a0sobre todo en los de los valles del Guadiaro y del Genal unos antiguos medios de vida basados en peque\u00f1as industrias alimenticias- [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":27495,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[21],"tags":[136,228,1007],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1816"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/users\/27495"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1816"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1816\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1816"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1816"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1816"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}