{"id":2413,"date":"2016-01-04T10:26:28","date_gmt":"2016-01-04T09:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=2413"},"modified":"2016-01-04T10:26:28","modified_gmt":"2016-01-04T09:26:28","slug":"2413","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2016\/01\/04\/2413\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<h1><\/h1>\n<h1><img src=\"\/\/resizer.diariosur.es\/resizer\/resizer.php?imagen=\/deliverty\/demo\/resources\/jpg\/1\/9\/1357477993191.jpg&#038;nuevoancho=950&#038;nuevoalto=570&#038;copyright=conCopyright&#038;encrypt=false\" alt=\"\" \/><\/h1>\n<h1><\/h1>\n<h1>Santa Claus vs Reyes Magos<\/h1>\n<p align=\"JUSTIFY\">En las sociedades de hoy y sobre todo en las grandes poblaciones espa\u00f1olas el orondo y risue\u00f1o Papa Noel o Santa Claus, que tanto monta, les est\u00e1n echando un pulso a los Reyes Magos y, por supuesto, al Bel\u00e9n de toda la vida. Se trata de un signo de los nov\u00edsimos tiempos en los que la desacralizaci\u00f3n de las costumbres gana terreno por d\u00eda. Echando la vista atr\u00e1s se constata que, por ejemplo en los pueblos de mi Serran\u00eda de Ronda, eran raras las familias que un rinc\u00f3n de la casa formaban el suyo por muy modesto que fuera, que bastaban las tres figuras sacras del misterio y una covacha rudimentaria.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Los ni\u00f1os dirigen sus cartas ilusionadas a un personaje importado que compite con sus Majestades de Oriente. Tanto monta el uno como los otros, solo que es leg\u00edtimo reivindicar nuestras tradiciones inveteradas para que permanezcan, aunque se le haga un hueco a las que nos vienen de fuera aires de otras latitudes.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Se ve\u00eda venir. Las cosas no han ocurrido de la noche a la ma\u00f1ana, sino que tuvieron su tiempo de asentamiento y comparaci\u00f3n de unas con otras. Primero asoman t\u00edmidamente su imagen sobre el solar patrio y sus tradiciones arraigadas secularmente; tantean el camino con la precauci\u00f3n de conquistadores que ans\u00edan fortalezas y reinos que derribar y usurpar. Lo hacen con tiento, seguro de que los aires que soplan en las civilizaciones que presumen de modernas soplan a su favor y de que se alzar\u00e1n con la victoria final. Luego, tras incruenta batalla, se anexionan de la regi\u00f3n, sientan sus reales en ella. Se hacen los amos. Lo \u00faltimo, la decisi\u00f3n de un distrito madrile\u00f1o en el que en un intento fallido se trat\u00f3 de introducir una Reina Maga en la cabalgata en un excesivo y rid\u00edculo prurito de introducir la paridad de sexos, lo que no hubiera sido sino un colosal esperpento.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Viene ocurriendo con otras costumbres, con otros usos bien delimitados en nuestro pa\u00eds, referentes de nuestros modos de vivir y de posesionarnos con el advenimiento de este u otro acontecimiento, con la rememoraci\u00f3n de esta o aquella festividad. Halloween o D\u00eda de Difuntos, por ejemplo, por citar una fecha o una celebraci\u00f3n a la que ahora nos inunda y ensordece. Lo de afuera ganando terreno a lo de adentro, lo que impera en otras latitudes adue\u00f1\u00e1ndose de lo que nos pertenece por la consistencia de muchos siglos, por la impronta que nos hace \u2013 hac\u00eda \u2013 diferentes. Doblegamos la cerviz, besamos el suelo porque se nos lo impone allende fronteras. En tan poca consideraci\u00f3n nos tienen. Tan quebradiza es la resistencia que nos presuponen.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Ahora <em>papanoeles y santaclaus<\/em> nos inundan. Vinieron del fr\u00edo y conquistaron este otro \u00e1mbito un poco m\u00e1s c\u00e1lido, menos desapaciblemente nevado. Escalan los balcones de las viviendas de media Espa\u00f1a, un adorno de dudoso gusto, esos hombrecitos barrigones de rojo y barba cana. Se ense\u00f1orean del comedor, junto al \u00e1rbol que nada o muy poco dice de nuestras complacencias navide\u00f1as, de nuestro amor ancestral por el fuego que hace agradable la estancia y reconfortante el sosiego. Atributos que s\u00ed hay que concederle al Bel\u00e9n, el de toda la vida. Unos adornos hablan del helor de otras regiones m\u00e1s inh\u00f3spitas, otros, los nuestros, los de siempre, traen consigo calorcillo humano. Sabor entra\u00f1ablemente familiar.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Lo de menos son las connotaciones religiosas. Pero es que se trata de algo m\u00e1s que una concepci\u00f3n religiosa. Es una querencia secular. Una inclinaci\u00f3n hacia algo que form\u00f3 parte de nuestra manera de ser y pensar. Es lo nuestro, como lo son los pinsapos de la Serran\u00eda de Ronda o el Acueducto de Segovia; como lo son el r\u00edo Tormes y las cordilleras Penib\u00e9ticas; el gazpacho fr\u00edo y el jam\u00f3n de Jabugo.<\/p>\n<p align=\"JUSTIFY\">Inundan el pa\u00eds felicitaciones, incluso provenientes de altas esferas pol\u00edticas, con motivos navide\u00f1os que obvian el Portal de Bel\u00e9n de toda la vida. Santa Claus versus la Sagrada Familia de Nazaret. El trineo y los perros contra los entra\u00f1ables cuadr\u00fapedos que prestaron calorcillo al Dios reci\u00e9n nacido. Una manera m\u00e1s de claudicar ante pujantes innovaciones que arremeten con lo que nos es intr\u00ednseco por naturaleza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santa Claus vs Reyes Magos En las sociedades de hoy y sobre todo en las grandes poblaciones espa\u00f1olas el orondo y risue\u00f1o Papa Noel o Santa Claus, que tanto monta, les est\u00e1n echando un pulso a los Reyes Magos y, por supuesto, al Bel\u00e9n de toda la vida. 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