{"id":3267,"date":"2018-07-03T11:51:55","date_gmt":"2018-07-03T09:51:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=3267"},"modified":"2018-07-03T12:01:28","modified_gmt":"2018-07-03T10:01:28","slug":"la-sandia-ese-rojo-fruto-que-nos-solaza-cada-verano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2018\/07\/03\/la-sandia-ese-rojo-fruto-que-nos-solaza-cada-verano\/","title":{"rendered":"La sand\u00eda, ese rojo fruto que nos solaza cada verano"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"https:\/\/frutasplasencia.com\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/sandia-1.jpg\" alt=\"Resultado de imagen de fotos de sand\u00c3\u00adas\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sube con todos los honores en los veranos a mesas de potentados y menesterosos. No falta en las tiendas de viandas que se precie, seguros de la demanda.\u00a0Nos solazamos con el fresco bocado que aplaca la sed y aten\u00faa los rigores del verano. La sand\u00eda es objeto de deseo en estos d\u00edas calurosos y no falta en las mesas de potentados o menesterosos.<\/p>\n<p>Redonda, voluminosa, roja como sangre de toro, refrescante. La sand\u00eda es por antonomasia el postre del verano y el preferido de todo andaluz que se precie. Ser\u00eda dif\u00edcil encontrar un hogar de las ciudades, pueblos y villorrios del sur donde tras el almuerzo del mediod\u00eda no suba a la mesa este fruto que pone punto y final al \u00e1gape.<\/p>\n<p>Rastreando en la etimolog\u00eda de su nombre veremos su origen \u00e1rabe hisp\u00e1nico:\u00a0<em>sandiyya,\u00a0<\/em>la llamaban los que durante ocho siglos ocuparon el solar castellano hasta su expulsi\u00f3n. Esta cucurbit\u00e1cea oriunda del \u00c1frica tropical viene refrescando las gargantas de los humanos desde los tiempos borrosos del antiguo Egipcio. Desde all\u00ed a las tierras ribere\u00f1as del Mediterr\u00e1neo, un paso.<\/p>\n<p>Mis abuelos, en contacto desde su ni\u00f1ez con los frutos del campo malague\u00f1o y de la Serran\u00eda de Ronda, me ense\u00f1aron que para saber si la sand\u00eda est\u00e1 madura \u2013 si no lo est\u00e1 es incomestible \u2013\u00a0 hab\u00eda que dar unos golpecitos con la palma de la mano y debe sonar a hueco. Tambi\u00e9n me instruyeron sobre su cultivo, mostr\u00e1ndome en sus rugosas manos las simientes que ir\u00edan a parar a la tierra reci\u00e9n labrada para hundirse en lo m\u00e1s profundo\u00a0 de ellas hasta el tiempo de la floraci\u00f3n: exigencias clim\u00e1ticas, de suelo, labores, plantaci\u00f3n, acolchado, tunelillos, poda\u2026Segu\u00ed con la curiosidad infantil sus explicaciones, pero jam\u00e1s tuve la ocasi\u00f3n de ponerlas en pr\u00e1ctica. Creo que no me lo perdonar\u00e9 jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Hoy los horticultores de la anarqu\u00eda malague\u00f1a, con los que comparto ratos de atardeceres gloriosos en mis paseos vespertinos, me aclaran que pueden sembrar hasta cuatro tipos de sand\u00eda distintos. No ha de extra\u00f1arnos, pues, que en el <em>super<\/em> \u00a0de turno se disputen los muebles expositores las negras, y\u00a0 las verdinegras; unas y otras con y sin las engorrosas pepitas en el interior.<\/p>\n<p>De la sand\u00eda se ocuparon escritores c\u00e9lebres poni\u00e9ndola en labios de los protagonistas de sus obras, o introduci\u00e9ndolas en fragmentos de\u00a0 descripciones buc\u00f3licas. De Pablo Neruda son estos versos: \u201c\u2026 por este fragmento de frescura \/ dejo caer \/ la fruta \/ rebosante: \/ se abren sus hemisferios \/ mostrando una bandera \/ verde, blanca, escarlata \/ que se disuelve \/\u00a0 cascada, en az\u00facar \/ \u00a1en delicia!\u201d. El rojo fruto exaltado a trav\u00e9s del bello lenguaje po\u00e9tico del poeta chileno y universal.<\/p>\n<p>Pero ateng\u00e1monos a nuestra tierra, a M\u00e1laga sin ir m\u00e1s lejos, y par\u00e9monos en el candente decir de Salvados Rueda: \u201cCual si de pronto se entreabriera el d\u00eda \/despidiendo una intensa llamarada, \/ por el acero f\u00falgido rasgada \/ mostr\u00f3 su carne roja la sand\u00eda.\/<\/p>\n<p>Carm\u00edn incandescente parec\u00eda \/ la larga y deslumbrante cuchillada,\u00a0 \/como boca<\/p>\n<p>encendida y desatada \/ en frescos borbotones de alegr\u00eda. \/Tajada tras tajada, se\u00f1alando\/<\/p>\n<p>las fue el h\u00e1bil cuchillo separando, \/ vivas a la ilusi\u00f3n como ningunas. \/ Las separ\u00f3 la mano de repente, \/ y de improviso decor\u00f3 la fuente \/un c\u00edrculo de rojas medias lunas\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de sus propiedades terap\u00e9uticas? Tendr\u00edamos para largo. Adem\u00e1s de saciar la sed, depura la sangre, limpia los intestinos arrastrando residuos t\u00f3xicos, combate la presi\u00f3n arterial y refuerza el sistema inmunol\u00f3gico. \u00bfSe puede pedir m\u00e1s?<\/p>\n<p>La sand\u00eda precede en el tiempo a otra planta de la misma familia herb\u00e1cea oferente de otro fruto refrescante y apetitoso: el mel\u00f3n. Ambos se dan la mano en la culminaci\u00f3n del verano para proporcionarnos el final feliz de una buen a mesa. Pero de \u00e9ste hablaremos en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Sube con todos los honores en los veranos a mesas de potentados y menesterosos. No falta en las tiendas de viandas que se precie, seguros de la demanda.\u00a0Nos solazamos con el fresco bocado que aplaca la sed y aten\u00faa los rigores del verano. 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