{"id":3726,"date":"2019-07-17T10:04:48","date_gmt":"2019-07-17T08:04:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=3726"},"modified":"2019-07-17T10:04:48","modified_gmt":"2019-07-17T08:04:48","slug":"terral-antesala-del-infierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2019\/07\/17\/terral-antesala-del-infierno\/","title":{"rendered":"Terral, antesala del infierno"},"content":{"rendered":"<p>Terral, antesala del infierno<\/p>\n<p><strong>El terral, ese implacable azote nunca falta a la cita con M\u00e1laga cuando la can\u00edcula se instala en su \u00e1mbito. El sofoco hace su aparici\u00f3n en cuanto el verano entra en derechura en la ciudad. Su espantajo domina\u00a0\u00a0en la ciudad y\u00a0\u00a0lo padecemos como un flagelo que nos abate y que\u00a0\u00a0imposible soslayar. A menos que se renuncie a callejear y nos sumerjamos en las frescas aguas de la piscina, si es que se tiene la suerte de contar con una en la urbanizaci\u00f3n en la que vivimos. O que nos zambullamos\u00a0\u00a0en las aguas\u00a0\u00a0de la playa m\u00e1s cercana,\u00a0\u00a0y all\u00ed permanecer hasta que el azote implacable y caliginoso seda en su furor.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Los vientos, el aire en movimiento, como nos ense\u00f1aban en la clase de Geograf\u00eda Descriptiva, se producen por diferencias de presi\u00f3n atmosf\u00e9rica, fen\u00f3meno que se atribuye a temperaturas desiguales. Tambi\u00e9n nos ense\u00f1aron que los vientos se clasificaban en cuatro clases principales: dominantes (alisios); estacionales (los monzones del mar de la China); cicl\u00f3nicos (hurac\u00e1n, tornado), y, por \u00faltimo, locales (vientos de levante y de terral, por ejemplo).<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong><strong>Las corrientes de aires \u2013 y esto es de manual de sicolog\u00eda \u2013 influyen en el car\u00e1cter de las personas, inciden en su \u00e1nimo y perturban el normal transcurso de sus vidas en determinados momentos, sobre todo los de \u00edndole local.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 La ventisca local que en el interior de la provincia malague\u00f1a m\u00e1s se teme, tanto en el invierno como en el verano, es el de levante. Es este un viento que encrespa los \u00e1nimos, que solivianta, que pone los nervios a flor de piel. Seco, sofocante aun en d\u00edas invernales es este un viento, casi siempre racheado, levantisco que perturba y desazona como ning\u00fan otro.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Su hermano, en M\u00e1laga capital,\u00a0\u00a0es el terral, que s\u00f3lo sopla en verano pero que nos llega de poniente a lo sumo media docena de veces a lo largo de la estaci\u00f3n y con una duraci\u00f3n que casi nunca supera a dos jornadas consecutivas. A veces, no dura sino horas. Suficientes, sin embargo, para que se le considere como la \u201cbete noir\u201d, que dir\u00edan los gabachos, para el agradable est\u00edo que, por lo general, brinda la capital de la Costa del Sol. Sufrimos una muestra de su ardor en estos d\u00edas y nos ha ense\u00f1a los dientes, \u00a1y de qu\u00e9 manera!<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Uno, que no cree ya en el infierno, se acuerda cuando era ni\u00f1o c\u00f3mo los curas de otros tiempos anatematizaban desde el p\u00falpito a sus fieles flagel\u00e1ndoles con los males del castigo de ir a parar a este lugar si se incurr\u00eda en pecados mortales. Sintiendo las mordeduras del terral, piensa uno sufri\u00e9ndolo\u00a0\u00a0como algo muy parecido a aquellas desdichas dantescas con las que nos amenazaban anta\u00f1o. Vivirlo, si no se cuenta con la tecnolog\u00eda que lo hace m\u00e1s soportable, es como vivir unos d\u00edas infernales.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Cuando sopla el terral, arisco y denso, las calles de la capital y las de los pueblos costeros pr\u00f3ximos, castigadas implacablemente tienden a quedarse desiertas. Los pocos viandantes que se aventuran a salir de sus viviendas caminan presurosos y maldicen entre dientes. El viento caliente que azota el rostro como una cataplasma impone su ley, pero no es ruidoso como otros vientos, los que hacen crujir las maderas de las ventanas y sacuden sin piedad sus batientes, no, el terral, ni llega ni se hace notar de forma aparatosa. Pero eso no le exime de su felon\u00eda: en cuanto hace acto de presencia abofetea la cara sin contemplaciones; al cuerpo lo hace m\u00e1s gr\u00e1vido, a las entendederas m\u00e1s lentas. Estrecha el cerco contra las personas, que se sienten de pronto atrapadas, inmersas en una sensaci\u00f3n agobiante, en una desaz\u00f3n que atenaza y de la que se ans\u00eda escapar, cada cual recurriendo a los medios que pueda tener a su alcance.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Al viento de terral no hay quien no le tema. \u201cSeca la mollera\u201d, dicen los m\u00e1s viejos en los pueblos de la costa. Con \u00e9l anda la gente cabizbaja y caminan como perro apaleado. Duelen las muelas, reaviva las dolencias del cuerpo, saca la tripa de los quebrados, se revuelve inquieta la parturienta, interrumpe el ciclo menstrual femenino y escurre las ubres del ganado. \u201cMala cosa el terral\u201d, dicen unos y otros, cuando se tropiezan en el camino. \u201cVaya si lo es\u201d.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0 Pero el d\u00edscolo viento malague\u00f1o cuando de verdad desespera es de noche. Si no se dispone de aire acondicionado es in\u00fatil que se abran las ventanas, ni que funcione el ventilador; no se har\u00e1 con estos pobres recursos sino transportar a mayor velocidad la atm\u00f3sfera candente que lo envuelve todo. Ahuyenta el sue\u00f1o, roba el descanso, se empapan las s\u00e1banas de sudor; una y otra vez buscamos en la nevera que el fr\u00edo de un l\u00edquido alivie por lo menos con su tr\u00e1nsito el ardor de la garganta, con lo que no logramos sino sentirnos congestionados, ah\u00edtos. Rezongos, imprecaciones, mala leche.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con el terral, el taciturno se hace m\u00e1s hura\u00f1o, el inquieto m\u00e1s irritable. Los pensamientos \u00a0se lentecen y los deseos m\u00e1s\u00a0\u00a0inocentes se enturbian. Suerte que dura poco tiempo. Luego, respiramos aliviados, como si se despertara de un mal sue\u00f1o en la que nos debatimos cerca de las calderas de Lucifer.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Terral, antesala del infierno El terral, ese implacable azote nunca falta a la cita con M\u00e1laga cuando la can\u00edcula se instala en su \u00e1mbito. El sofoco hace su aparici\u00f3n en cuanto el verano entra en derechura en la ciudad. 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