{"id":569,"date":"2012-07-28T16:22:17","date_gmt":"2012-07-28T16:22:17","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/?p=569"},"modified":"2012-07-28T16:22:17","modified_gmt":"2012-07-28T16:22:17","slug":"aquel-verano-del-52","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/avuelapluma\/2012\/07\/28\/aquel-verano-del-52\/","title":{"rendered":"AQUEL VERANO DEL 52"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<div><img loading=\"lazy\" title=\"Descargar Color.jpg (256,2 KB)\" src=\"\/\/du117w.dub117.mail.live.com\/att\/GetAttachment.aspx?tnail=0&#038;messageId=49c23cdf-84db-45ca-82e0-22c7c4671106&#038;Aux=44|0|8CF3AF26DFCA5E0||0|0|0|0||&#038;cid=ffd30b3f34091190&#038;maxwidth=220&#038;maxheight=160&#038;size=Att&#038;blob=MHxDb2xvci5qcGd8aW1hZ2UvanBlZw_3d_3d\" alt=\"Descargar Color.jpg (256,2 KB)\" width=\"107\" height=\"158\" \/><\/div>\n<div title=\"Descargar Color.jpg (256,2 KB)\">\u00a0<\/div>\n<div>\n<div>\n<div><img loading=\"lazy\" title=\"Descargar Escala gris.jpg (271,3 KB)\" src=\"\/\/du117w.dub117.mail.live.com\/att\/GetAttachment.aspx?tnail=1&#038;messageId=49c23cdf-84db-45ca-82e0-22c7c4671106&#038;Aux=44|0|8CF3AF26DFCA5E0||0|0|0|0||&#038;cid=ffd30b3f34091190&#038;maxwidth=220&#038;maxheight=160&#038;size=Att&#038;blob=MXxFc2NhbGEgZ3Jpcy5qcGd8aW1hZ2UvanBlZw_3d_3d\" alt=\"Descargar Escala gris.jpg (271,3 KB)\" width=\"108\" height=\"159\" \/>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Foto: Patio de mi casa. Mis padres y mis primas tangerinas. Yo ten\u00eda 11 a\u00f1os.\u00a0AQUEL VERANO DEL 52<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 JOS\u00c9 BECERRA\u00a0\u00a0\u00a0 HISTORIADOR Y ESCRITOR<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El encanto de un patio florido <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los veranos en los pueblos dela Serran\u00edade Ronda, la mayor parte de sus d\u00edas, son de un calor asfixiante. No as\u00ed por las noches, que refrescan cuando desde las sierras circundantes se resbala un relente que alivia los derrengados cuerpos por los afanes cotidianos. En Benaoj\u00e1n, orillando al r\u00edo, los ni\u00f1os ten\u00edamos la suerte de bajar hasta sus riberas a las que pill\u00e1bamos cerca.<\/p>\n<p>Solo hab\u00eda que bajar el Camino del R\u00edo y dejar\u00a0 atr\u00e1s el Nacimiento, uno de sus afluentes, que en el invierno es bravuc\u00f3n a merced de las lluvias, pero que en\u00a0 el est\u00edo baja exang\u00fce hasta abrazar el curso de las aguas del Guadiaro. La pandilla infantil nos regocij\u00e1bamos\u00a0 en alguno de sus numerosos charcos.\u00a0 En el\u00a0 dela Molineta, a la altura de la v\u00eda f\u00e9rrea de la l\u00ednea Bobadilla- Algeciras, por la escasa profundidad era el escogido para aprender a nadar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Luego nos aventur\u00e1bamos, a\u00a0 medidas que gan\u00e1bamos edad e \u00edmpetus, en el dela Barranca, rodeado de un roquedal calizo que nos serv\u00eda de trampol\u00edn para realizar saltos imposibles. Al final, acab\u00e1bamos en el Charco Azul, al pie de la efigie p\u00e9trea del Gato. Las aguas limpias y fr\u00edas como cuchillos del afluente subterr\u00e1neo que en espl\u00e9ndida cascada volcaba desde la cueva,\u00a0 nos acog\u00edan las m\u00e1s de las tardes que el calor\u00a0 nos empujaba afuera del caser\u00edo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Si las calles del pueblo permanec\u00edan solitarias durante las horas candentes del\u00a0d\u00eda \u2013 en el secarral los hombres segaban el trigo,\u00a0 trillaban en las eras o\u00a0 regaban los huertos \u2013 se animaban extraordinariamente apenas el sol iniciaba su ocaso tras las agujas neblinosas del Conio, el cerro que serv\u00eda de tel\u00f3n fondo, un testigo grandioso y eterno de vidas y haciendas. M\u00e1s modestas y moldeadas a las hechuras de los hombros eran las alturas de los montes Zuque\u00a0 o de las sierras de Juan Diego.<\/p>\n<p>A esa hora vespertina las\u00a0 casas vomitaban a sus ocupantes que buscaban el airecillo fresco y se arrellanaban en los escalones de las puertas a respirar el aire fresco y puro que lo mismo serv\u00eda para aliviar la quemaz\u00f3n del d\u00eda como para orear los chorizos y morcillas de un pueblo que desde decenios atr\u00e1s se caracteriz\u00f3 por la fabricaci\u00f3n de embutidos. Animados corrillos, hablando de los divino y lo humano ocupaban las calles. Al final de las ch\u00e1charas distendidas hab\u00eda quien tiraba una manta al suelo y all\u00ed al sereno nocturno pasaba la noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 En los veranos los emigrados del pueblo regresaban al hogar. Todav\u00eda no se hab\u00eda verificado la emigraci\u00f3n masiva a Alemania, pero s\u00ed hab\u00eda sentado sus cartas de naturaleza la dirigida a Catalu\u00f1a, al pa\u00eds vasco o a Marruecos. Mis t\u00edos maternos emigraron a T\u00e1nger, por los a\u00f1os 50, cuando todav\u00eda acusaba el esplendor de una ciudad bajo el control internacional. En el 52 mis primas vinieron a pasar unas vacaciones en mi casa y su estancia me hizo olvidar la monoton\u00eda de los veranos anteriores. M\u00e1s o menos con mi edad,\u00a0 para m\u00ed significaron\u00a0 una ruptura brusca con la monoton\u00eda del cada d\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Pienso que mi mentalidad todav\u00eda infantil las envolv\u00eda en\u00a0 un h\u00e1lito de ese mundo fascinante del pueblo musulm\u00e1n que s\u00f3lo hab\u00eda llegado a entrever\u00a0popr mis lectores de\u00a0El Guerrero del Antifaz y \u00a0en mi enciclopedia \u00c1lvarez,\u00a0 obligatoria en la escuela. Eso y mis primeras lecturas de tebeos que ten\u00edan como fondo las sempiternas luchas entre moros y cristianos, princesas cautivas y reyezuelos y h\u00e9roes de uno y otro bando en lisa. Por esta raz\u00f3n, mis primas que ya eran tangerinas\u00a0 avivaban\u00a0 mi imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 De mi casa en Benaoj\u00e1n dec\u00edan mis primas que les recordaba a las viviendas morunas, cosa que no parec\u00eda extra\u00f1ar a nadie porque el pueblo beb\u00eda de las fuentes de la arquitectura popular de ese pueblo. As\u00ed,\u00a0 los cuartos de la casona \u2013 entre ellos un fresco saladero &#8211;\u00a0 rodeaban\u00a0 un patio umbroso en donde mi madre daba rienda suelta a su afici\u00f3n favorita: las plantas. Rosales, petunias, jacintos, jazmines&#8230; Y sobresaliendo del sinf\u00edn de macetas, una airosa palmera que acentuaba a\u00fan m\u00e1s la estampa\u00a0 de patio andalus\u00ed. Los perfumes naturales de aquellas flores, mimosamente cuidadas por mi madre, la fragancia que desped\u00edan sus p\u00e9talos, entraban en mi mundo y en mi interior prevalecen despu\u00e9s de tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0 Pero aquel verano\u00a0 del 52 no todo fueron claros, tambi\u00e9n hubo sombras. Benaoj\u00e1n padeci\u00f3 una de las tormentas m\u00e1s horr\u00edsona que se recuerdan: el pueblo entero fue arrollado y casi sepultado por el barro. La prensa nacional se hizo eco de la cat\u00e1strofe; tambi\u00e9n lo hizo de un hecho milagroso: una gran piedra se despendi\u00f3 de lo alto de las Cruces Blancas, la altura m\u00e1s significativa del municipio, sobrevol\u00f3 el pueblo y vino alojarse en la planta baja de una vivienda, pero \u00a1oh milagro!, no ocasion\u00f3 ninguna v\u00edctima.<\/p>\n<p>Una cruda realidad de aquellos tiempos, empero, provocaron gran\u00a0 desaz\u00f3n en m\u00ed: perduraban las colas de fam\u00e9licas familias que se acercaban por un plato de lentejas a las puertas de una casa pudiente como \u00fanica soluci\u00f3n a la hambruna. O las colectas que se hac\u00edan\u00a0 de puerta en puerta para\u00a0 costear la visita a un m\u00e9dico de Ronda de alg\u00fan enfermo grave sin medios. Hechos \u00e9stos que recogen mis libros \u00b4Cr\u00f3nica de una huida\u00b4 y \u00b4Hablando de Ronda\u00b4 de reciente aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Foto: Patio de mi casa. Mis padres y mis primas tangerinas. Yo ten\u00eda 11 a\u00f1os.\u00a0AQUEL VERANO DEL 52 &nbsp; \u00a0\u00a0\u00a0 JOS\u00c9 BECERRA\u00a0\u00a0\u00a0 HISTORIADOR Y ESCRITOR &nbsp; El encanto de un patio florido &nbsp; Los veranos en los pueblos dela Serran\u00edade Ronda, la mayor parte de sus d\u00edas, son de un calor asfixiante. 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