{"id":588,"date":"2015-03-19T14:23:45","date_gmt":"2015-03-19T13:23:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariosur.es\/blogmalayo\/?p=588"},"modified":"2015-03-19T14:23:45","modified_gmt":"2015-03-19T13:23:45","slug":"selfies-que-mienten","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariosur.es\/blogmalayo\/2015\/03\/19\/selfies-que-mienten\/","title":{"rendered":"Selfies que mienten"},"content":{"rendered":"<p>El simpatizante se acerca como si estuviera ante una estrella del rock. Sonrisa que no cabe en la cara y tel\u00e9fono en mano, pugna por inmortalizar el momento. El pol\u00edtico se presta, claro. El final del mitin se prolonga en una sucesi\u00f3n de selfies eterna. La escena se repite cada vez que los candidatos acuden a esos actos en los que la afici\u00f3n de los partidos descubre la posibilidad no s\u00f3lo de escuchar en directo a su l\u00edder, sino de verlo de cerca y, si hay mucha suerte, hasta de tocarlo.<br \/>\nDesde la transici\u00f3n hacia aqu\u00ed, los m\u00edtines pol\u00edticos han experimentado una evoluci\u00f3n que podr\u00eda resumirse en tres etapas. Al principio eran gritos de libertad. Actos que los partidos organizaban para dar a conocer sus propuestas y convencer a los asistentes de que las apoyaran. Despu\u00e9s de cuatro d\u00e9cadas de ideas en la clandestinidad, seguramente la explosi\u00f3n llevaba a los actos pol\u00edticos a miles de curiosos que m\u00e1s que identificarse con un partido lo hac\u00edan por el derecho de cada uno a expresar libremente sus ideas. Los partidos aprovechaban para convertir a los curiosos en votantes.<br \/>\nCon el tiempo se evolucion\u00f3 hacia una segunda etapa. La ilusi\u00f3n dej\u00f3 paso a la funcionarizaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Los curiosos y los indecisos abandonaron los m\u00edtines, que se convirtieron en espacios donde el objetivo no era convencer a los convencidos, sino dictar proclamas como el general que arenga a la tropa antes del asalto final. En el p\u00fablico ya no hab\u00eda votantes potenciales a quienes se seduc\u00eda, sino adeptos que sal\u00edan del acto con \u00e1nimo de intentar convencer a su entorno con argumentos escuchados al l\u00edder y que con mayor o menor fortuna pod\u00edan repetir cuando llegara el caso en el ascensor o en la pausa para el caf\u00e9 en el trabajo, siempre y cuando el trabajo no fuese proporcionado por el partido, en cuyo caso ya no era necesario convencer a nadie.<br \/>\nPero hemos llegado ya a una tercera etapa. La televisi\u00f3n ha convertido a los l\u00edderes y aspirantes en estrellas cat\u00f3dicas, gran paradoja de nuestra \u00e9poca, precisamente en el momento en que la pol\u00edtica se arrastra por el fango del descr\u00e9dito. Los m\u00edtines ya no son tampoco la oportunidad para arengar a la tropa, sino el momento en el que la tropa tiene la oportunidad acercarse al l\u00edder y comprobar que es de carne y hueso.<br \/>\nEntre las estrellas del rock, futbolistas y actores, la posibilidad de tener contacto con la realidad y los pies en el suelo s\u00f3lo est\u00e1 reservada a la minor\u00eda m\u00e1s inteligente que comprende que las muestras de devoci\u00f3n de sus fans son una parte de la ilusi\u00f3n que ellos venden, y que la vida es en realidad algo muy distinto. Pero el problema es que los pol\u00edticos no son estrellas ni est\u00e1n aqu\u00ed para vender ilusi\u00f3n, sino para solucionar problemas reales. La mayor\u00eda de las personas no son fans que aspiran a un selfie, sino ciudadanos que exigen respuestas y soluciones. Har\u00edan mal los pol\u00edticos en pensar que el mundo real es el que ven en los m\u00edtines.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El simpatizante se acerca como si estuviera ante una estrella del rock. Sonrisa que no cabe en la cara y tel\u00e9fono en mano, pugna por inmortalizar el momento. El pol\u00edtico se presta, claro. El final del mitin se prolonga en una sucesi\u00f3n de selfies eterna. 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