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El libro, protagonista en Ronda
José Becerra 26-04-2018 | 8:00 | 0

El libro, protagonista en Ronda

JOSÉ BECERRA

Todos los días se celebran eventos festivos y culturales de cariz diferente a lo largo y ancho de la geografía hispana. Se dedican a una u otra advocación religiosa o efeméride histórica y la vecindad acude en masa para celebrar el día como corresponde. También el libro tiene su día – 23 de Abril) y la emblemática y rondeña plaza del Socorro acoge una muestra que tiene como protagonista indubitable a ese montón de hojas impresas que de tantas cuestiones nos hablan, relatan y educan, o de hacen pasar momentos gratos: el libro. Van a permanecer en los estands hasta el 1 de mayo, y se encargan de ello editoriales como “La Serranía” de raigambre rondeña y dirigida, por José Manuel Dorado, infatigable editor que no se arredra ante las dificultades y que viene dando muestras de su buen hacer,   y librerías, tales “Imagine” y “Dumas”. Ofrecerán las últimas novedades salidas de las linotipias, además de las que componen los extensos catálogos de obras que se ocupan de Ronda, su gente y su historia, amén de un sinfín de temas que han de atraer y seducir al más heterogéneo público, que hasta el 1 de mayo se acerque a las instalaciones.

Redondeando el acontecimiento librero, sapiente y entretenido – se exponen libros dentro de una inimaginable gama de contenidos – se celebrarán charlas y presentaciones de libros de autores rondeños y nacionales que de seguro acapararán la atención del visitante. El saber, la distracción, el aprendizaje y el puro encuentro con las tradiciones de Ronda y los pueblos de su entorno serán motivos de interés y disfrute de cuantos de acerquen a las instalaciones.

Proclamó una escritora estadounidense (Harrier Beecher) del siglo XIX que “los libros no se han hecho para servir de adorno; sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos el interior de un hogar”. Si a esto se añade  que un buen libro es un regalo precioso que el autor hace a la humanidad habrá que considerar que es un motivo más para acercarnos a esta Feria y adquirir el libro que más nos llame la atención.

Ronda acoge el pensamiento y el saber de innumerables autores rondeños, malagueños y nacionales. Vale la pena acercarnos y comprobar el legado que nos dejaron en letra impresa.

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El placer de las lecturas de siempre
José Becerra 07-02-2016 | 10:20 | 0

JOSÉ BECERRA 


Decía Pío Baroja con mucho tino que cuando uno se hace viejo le gusta más releer que leer. Es un puro placer volver a los libros que otras veces acapararon nuestra atención. En la barahúnda de las obras escritas que aparecen cada día y que inundan las librerías vuelvo a mis lecturas antiguas, testigos mudos en sus anaqueles de mi existencia y siento como algo se renueva en mi interior.

Según conspicuos analistas de la Universidad de Roma una mantenida afición a la lectura facilita el camino para lograr una más gratificante existencia, lo que conlleva soterrar el ánimo agresivo y belicista y mirar a nuestro alrededor con más optimismo. Meternos en la piel de los personajes y merodear en sus vivencias nos hace explorar un mundo desconocido que puede tener muchas connotaciones con el nuestro y del que podemos aprender mucho. En pocas palabras y parodiando un adagio muy español y acertado “somos lo que comemos”, habría que decir sin reservas que “somos lo que leemos”.

Ante la imposibilidad de abarcar, ya sea en una milésima parte, todo lo que las editoriales nos ofrecen cada día, y sin quitar méritos a la pléyade de autores actuales-¡válgame el Cielo que de crítico literario tengo más bien poco!- pienso que muchos, entre los que me encuentro, volvemos la vista atrás y miramos a los escritores, ya del Siglo de Oro, ya renacentistas que siempre llamaron nuestra atención y a las obras que leímos con placer. Releemos con fruición a Cervantes, Fray Luis de León- del que es un excelente exégeta el catedrático de la Universidad de Granada José María Becerra-, Garcilaso, Tirso de Molina… o Lope de Vega, aquel que presumía que “en horas veinticuatros pasaban mis personajes de las Musas al teatro”. O Boscán y San Juan de la Cruz, que tanto montan. Del romanticismo,¿cómo no releer a Bécquer, a Larra o Esproncreda? En fin, de los siglos XIX y XX ¿cómo pasar por alto a Pedro Antonio de Alarcón,a Blasco Ibáñez, a “Clarín”, a Pereda o Galdós, para terminar con Cela o Delibes?

Sus lecturas pausadas, lejos ya de las premuras que exigían los estudios y la perentoriedad de los exámenes para dar fiel cuenta de ellas,vuelvo a encararme con los personajes y las escenas descritas que espolearon mi imaginación en períodos finiquitados.

Hoy nos aturde la civilización visual: la televisión usurpa el espacio a la lectura. Algo que va en contra de lo que en su día sentenciara Jaime Balmes:”En la lectura deben cuidarse dos cosas: escoger bien los libros y leerlos despacio y bien”. Yo me quedo con un adagio de mi tierra rondeña que siempre, por su rigor, pide mármol para poderse grabar indeleblemente: “ Un buen leño para arder, un buen amigo para charlar, un buen vino para degustar y un buen libro para leer”. No se puede pedir más.   

 Foto:Mi siglo

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Vuelta a la lectura
José Becerra 04-06-2012 | 1:20 | 0

 

 

 

 

 
 Foto: SUR

 

Amigos de BLOG. SUR:

Hablaba en mi artículo anterior sobre mis libros `Hablando de Ronda´ y `Crónica de una huida´ que están a la venta enla Feriadel Libro de Málaga ( Caseta nº 25 dela Asociaciónde Editores de Málagas) Hasta el día 10 de junio.

Agradecería vuestra visita,

Este es el post de hoy:

 

                                    

     Con ocasión de la 42 Feria del Libro de Málaga, deambulando por el paseo al que se abren más de una treintena de casetas de las distintas editoriales y librerías de Málaga ( ya nadie podrá decir aquello tan socorrido antiguamente de “Málaga, la ciudad de las cien tabernas y una sola librería”), pienso sobre esa gratificante manera que el hombre, sin  moverse de su sillón preferido ni salir de  casa, puede adquirir conocimientos, distraerse, viajar por países ignotos, vivir las experiencias de otros con el solo gesto de abrir un libro.

Cuántas veces hemos aplazado la lectura de un libro que se nos recomendó porque, atrapado en la vorágine del trabajo y  los comportamientos sociales, no disponíamos – siempre fue la excusa esgrimida –  del tiempo requerido. Hasta  puede que hayamos leído las primeras páginas e incluso pensado después del primer intento que el libro que teníamos en la mano merecía ser leído  hasta el final. Pero así quedó la cosa, en un intento, en un deseo de no contentarnos con las páginas del principio. El libro pasó de la mesilla de noche o de la mesa del trabajo a la estantería para allí quedar olvidado en espera de mejores tiempos. El libro, amigo paciente acostumbrado a nuestros desaires, engrosando la fila de otros volúmenes,  igualmente pacientes y desairados.

Cuando nos jubilamos o nos jubilan tenemos que agarrarnos como náufrago a la tabla que impida hundirnos a las cosas que bien miradas nos  brindan la posibilidad de permanecer despiertos y mantener la curiosidad intacta. Dicen los entendidos que una de las características negativas que son propias  en el hombre que ya pasó de la edad madura para adentrarse en otra más propensa al declive es la falta de curiosidad. Es la ausencia de querer  inquirir y conocer más por lo que nos tomarán y nos tomaremos por viejo. Abominemos de  ella.

    Hasta ahora, es decir hasta cuando desembocamos en los largos días de la jubilación – que no tienen por qué ser monótonos y aburridos – quizá leíamos para contradecir o refutar o para creer o dar por bueno algo, también para buscar materia de conversación o de discurso. Llegada es la hora de leer  para considerar y ponderar sin más lo que se lee.

    Aunque, como atinadamente apuntó Pío Baroja, el gran novelista vasco, “cuando se hace uno viejo le gusta más releer que leer”. Desempolvemos los viejos libros, volvamos a abrir sus páginas, dejémonos llevar por el milagro que en nuestros años juveniles nos transportó a otros mundos, ya fuesen estos reales o de ficción. ¿Quién no guarda en el desván o en sitio en el que se amontonan fotos y recuerdos una novela de Julio Verne? ¿Quién no leyó en sus años mozos a Emilio Salgari y se embelesó con alguna de sus novelaa de aventuras? Volvamos a Galdós, a “Clarín”, a Delibes; a Mark Twain, a Henry James, a Flaubert o Chéjov – seguro que algún título de estos autores  cayeron en nuestras manos en alguna ocasión -, cuya preocupación por describir los aspectos reales de la vida hicieron mella en nuestro ánimo tiempo atrás.

    Que los años, que nunca  son tantos, no nos hagan apearnos de la necesidad de leer y sepamos establecer la diferencia que ya en los postreros años de su vida el ensayista y novelista inglés G. Chesterton señalaba cuando colocaba en distintos platos de la balanza a la persona ávida que pide leer un libro y la persona cansada que pide un libro para leer.

   Tampoco se trata de estar leyendo todo el día. Podríamos hacerlo en esta edad en la que ya podemos decir que el tiempo nos pertenece por entero y lo administramos como nos venga en ganas. No. Lo que importa es adquirir, ahora que pocas cosas nos lo impiden, adquirir hábitos de lectura para que ésta sea lo más gratificante posible. La lectura debe ser reposada, nuca excesiva ni premiosa. “Hay que leer como las gallinas beben”, solía decir Tierno Galván. Hundir la mirada en el libro y levantar la cabeza de vez en vez para digerir lo que nos entra por los sentidos y que vemos impreso negro sobre blanco.

 

 

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La lectura, relegada
José Becerra 27-02-2012 | 6:59 | 4

 

Estudiosos del momento social y cultural de la provincia de Málaga hacen hincapié en que la comprensión lectora está en mínimos. No es el libro objeto del deseo. Sobre todos por parte de aquellos que en la primavera de la vida deberían mostrar sus apetencias por la palabra escrita y recogida en un volumen. Pasan olímpicamente de librerías y bibliotecas, cada vez menos visitadas. Se compra anualmente el best-seller que toca o quizás la novela laureada con un premio de prestigio y poco más.

 

Cada vez se lee menos. Es algo que estudiosos del comportamiento humano y los docentes de no importa que materia afirman con rotundidad. El hábito   de la lectura está  en mínimos.

  Hay un primer estadio en la población discente – la de los estudios primarios – en que la lectura posee gran relevancia, en parte porque es la edad en que se hacen los primeros descubrimientos del mundo que nos rodea y la curiosidad aguijonea. Pero luego, y esto es sintomático, con los años de la enseñanza secundaria la lectura se relega alarmantemente.

  Otros atractivos cobran inusitada importancia. Internet colmata cualquier atisbo de curiosidad y los amigos y las aficiones deportivas hacen el resto. Algo encomiable si no se cayera en el error de olvidar todo lo demás que puede redundar en equilibrar las parcelas  del mundo virtual y el real. Copy and paste. Copiar y pegar parece ser el desiderátum de adolescentes y jóvenes, que inclinan la cerviz ante el ordenador, el dios implacable de los nuevos tiempos.

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo”. Una frase lapidaria de John Ernest Steinbeck, que no habría que echar en saco roto.

   Somos los padres  los que podemos enmendarles la plana a los mozalbetes. Sobre todo si nos ven leer en el hogar, si observan que compramos libros y alabamos o comentamos sus contenidos.

    “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Este era el parecer de Jorge Luis Borges sobre los libros. Lastima que casi nadie le haga caso o que  echemos la apreciación el en el saco del olvido con harta frecuencia.

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.