img
Etiquetas de los Posts ‘

Serranía de Ronda

Al calorcillo de castañas tostadas
José Becerra 02-11-2018 | 2:30 | 0

 Resultado de imagen de fotos de castañas asadas, diario sur Foto: Diario SUR

Al calorcillo de tostones de castañas

JOSÉ BECERRA

Cuando el otoño toca a su fin y el invierno asoma su fría  cariz,  en los pueblos de media España surgen en las esquinas como setas los puestos de castañas asadas. Su presencia aflora como un toque que el tiempo imprime en su constante mudanza determinando ahora que con su crudeza se reavivan tradiciones que hablan de nuestra forma de ser y mostrarnos a los demás.

Se expande por las calles el grato  olorcillo del fruto más objeto de deseo en estas fechas y es como si todos nos hiciésemos un poco niños, y la añoranza del calorcillo hogareño y de los momentos felices con los seres queridos nos embarga.

De todo eso es capaz un cucurucho de castañas que el vendedor de turno, a cambio de unas monedas, deposita en nuestras manos. ¡Cuántas confidencias, declaraciones y pensamientos gratos nos proporcionan mientras degustamos este fruto de las familias de las fagáceas! ¡Cuantas reuniones festivas en la que es el protagonista indiscutible!  Y me vienen a la mente los “tostones” que todos y cada uno de los pueblos de la Serranía y el Genal organizan en torno al día de Difuntos y el de Todos los Santos posterior.

En la comarca del Guadiaro, que lame con sus aguas varios pueblos serranos, siempre existieron familias vinculadas al modestísimo negocio familiar de la castaña. Se trasladaban a pie hasta los municipios en los que el fruto era abundante, entre ellos Pujerra, y establecían un comercio itinerante y de permuta de escobas, escobones y soplillos de empleita por cuartillos de castañas (“gente de montaña paga con castañas”, se decía entre bromas y veras). Luego, tostadas o cocidas las vendían en esquinas o de puerta en puerta en puerta, “media docena, un real”, a la usanza de los años posteriores a las décadas del hambre, mediado el pasado siglo y transcurrida la Guerra Civil.

Tostar las castañas en viejo latón u olla desportillada y agujereaba en su fondo al fuego vivo era todo un arte para el que se exigían buenas mañas. El olorcillo expendido que acariciaba el olfato era el preludio de la grata sensación de tenerlas en la mano caliente y crujiente antes de llevarla con delectación a la boca. Con frecuencia constituían un motivo de fiesta. Se tostaban las castañas en los patios y se consumían en el interior, acompañadas de anís o de cualquiera otra bebida reconfortante. Lo bailes duraban hasta el amanecer o hasta que las brasas del fuego que había hecho posible el tostón de rigor se consumían convertidas en cenizas.

Cada año, cuando el calendario nos anuncia la llegada del Día de los Difuntos, a saber, el 1 de Noviembre, ya comenzó en Pujerra, pueblo que sienta sus reales en la montaraz Serranía de Ronda, la tradicional recogida de la castaña. De ella viven mayoritariamente los pocos más de 300 vecinos que hace posible en buena manera su sustento y que como tal le rinden poco menos que pleitesía por esta época del año.

Se asienta el caserío en el dilatado Valle del Genal, en cuya proximidad fuentes históricas fidedignas estiman o acreditan que nació o vivió el rey godo Wamba, hecho del que los naturales de la comarca hacen alarde. Así como de su lucha contra las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX, y que los bravos serranos repelieron con valentía.  Todavía  los lugareños entonan una coplilla dirigida al Gran Corso y que refleja su valentía y arrojo contra el invasor: ”Napoleón, conquistaste a toda España, pero no pudiste entrar la tierra de las castañas”.

Hoy es un puro gozo ver en las faldas de los montes que rodean al pueblo o en el roquedo calizo y desnudo, no pocas veces estratificado, los castaños en flor, para enseguida contemplarlos ofreciendo a la vista sus frutos que lucen su tersura en la cápsula espinosa que le sirve de coraza contra los insectos depredadores. Lástima que a ellas sean inmunes otros saqueadores- los humanos- que poniéndose por montera los esfuerzos y penalidades de los labriegos propietarios del terreno llenan sus morrales de castañas para venderlas al mejor postor. Pero esa es otra cuestión.

La castaña en los pueblos que la Serranía delimita tiene mucho de símbolo, casi se la venera. Caso del pueblo de Pujerra, donde tiempos atrás se abrió un museo, cuya estructura y ornamentación exterior en interior gira sobre la castaña. Ofrece información turística sobre el fruto y su significación histórica para el pueblo. Se dice que es único en España, de ahí la curiosidad y el interés que despierta. No se podía contar con otro acicate más apropiado para exaltar el pasado y presente del municipio enclavado en la médula del singular Valle del Genal.

En el resto de los pueblos serranos, en los días que preceden o  siguen al que se destina para ir al encuentro de nuestros difuntos en el cementerio local, caso  el de Todos los Santos, se suceden, como digo tostones familiares y fiestas juveniles organizadas con este pretexto. Protagonista indiscutible en esas noches de juvenil jarana y cuchipanda: la castaña.

Ver Post >
Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia
José Becerra 21-09-2018 | 10:03 | 0

 Resultado de imagen de fotos del rio guadiaro, diario surFoto DIARIO SUR

Genal y Guadiaro, dos ríos en desgracia

JOSÉ BECERRA

Se han venido alzando voces para que se llegue más pronto que tarde a la regeneración de los ríos Genal y Guadiaro, pero las administraciones públicas provinciales  pasan olímpicamente de ellas. Ambas ramblas fueron abandonadas a su suerte, que no es otra sino recibir la ponzoña de vertidos sin que nadie mueva un dedo para restablecer  la limpieza de sus cauces, otrora no solo abundantes y fríos, y por ende saludables,  sino sin mácula de contaminación alguna. Fueron aptas  para el baño, y el que esto escribe puede dar fe de ello: aprendió en sus aguas cristalinas a nadar durante los años de la niñez, lo que no dejaba de ser un placer, al que se sumaba el de la captura de cangrejos o la pesca del barbo bien conocido como ibérico (luciobarbus), de una abundancia extrema, lo que proporcionaba  el gozo de atraparlo. Algo que ya es imposible, fruto de la contaminación reinante en ambos cursos fluviales, a lo que hay que sumar el consiguiente daño que se les inflige a causa  del degradado ecosistema circundante.

El Partido Popular ha formulado en un pleno celebrado en la sede de la Diputación de Málaga sendas reclamaciones a la Junta de Andalucía  y al Gobierno de Sánchez que se conceda al río Guadiaro la atención que merece de manera y forma que se frenen  los vertidos contaminantes y cesen las tropelías que  arruinan y aniquilan  su cauce.

Fueron ambos ríos limpios y caudalosos en los cuales era un puro placer desfrutar de baños en los veranos que suelen ser tórridos en la Serranía de Ronda. Pero eran otros tiempos. Dejaron de suscitar la atención cuando los torrentes que los alimentaban fenecieron y sus aguas bajaron pobres y no pocas veces contaminadas. En las últimas décadas pasadas las escenas que cada verano se ofrecían  a la vista eran dignas del mejor pintor costumbrista. Ignacio Zuloaga, el maestro indiscutible del costumbrismo español, de pasar por sus riberas, hubiera captado con su maestría el colorido, la agitación y el bullicio de quienes bajaban de los pueblos limítrofes a gozar de un día de asueto y comilona, junto a tan cristalinas aguas. Hoy por hoy, hubiese renunciado a ese menester porque ya no ofrecen el menor atractivo para tan digna paleta.

El saneamiento integral de la provincia estará inconcluso hasta que no se materialicen las depuradoras que en su día- ya ha llovido- se previeron para los ríos Genal y Guadiaro, pero que nunca se llevaron a cabo pese ser declaradas de interés tanto por el Estado como por el ente autonómico andaluz. Si te vi no me acuerdo parecen decir ambas administraciones que  hacen oídos sordos, cada una por su lado, ante legítimas exigencias para que un problema arduo que incide en los pueblos de la Serranía de Ronda, sometidos a la arbitrariedad de responsables políticos que vienen jugando con sus intereses, se solucione de una vez por todas (iba a decir “de una puñetera vez”, que es lo que argumenta la vecindad que viene sufriendo la postergación  desde mucho tiempo atrás.

Los agricultores de la provincia de Málaga han levantado la voz para que las instituciones andaluzas tomen en serio la necesidad de agua de sus pequeñas fincas de regadío que jalonan el curso del río, el cual nace en la Serranía de Ronda, recibe los aportes de su hermano menor, el Genal, hasta desembocar en el Campo de Gibraltar en su búsqueda ávida del mar. Arguyen con razón que se puede aprovechar el excedente de aguas “respetando siempre el caudal ecológico necesario para subsistencia de la biodiversidad  existente”

  Si este río tiene capacidad para colmar las aspiraciones de los regantes de tierras bajas, es algo que nos alegra a quienes vivimos cercanos a sus orillas, pero consideramos que ha sufrido una gran transformación sobre todo en las inmediaciones con pueblos como Benaoján, Montejaque Jimera de Líbar o Cortes de la Frontera, los cuales pueden considerarse lugares altos del curso. Otra cosa son los aportes que reciba en latitudes bajas, que sí alegran, al parecer, el derrotero de sus aguas, que son copiosas y son las que se exigen para su aprovechamiento en zonas de regadíos.

El Guadiaro, otrora de aguas impetuosas incluso en verano, por lo menos entró en franca decadencia años atrás. Escasez de lluvias en el entorno, aportes de arroyos contaminados y la consiguiente transmutación geomorfológica del suelo verificaron su mutación y acabaron con su apogeo de antaño.

   El río a su paso por el término municipal benaojano, lugar donde transcurrieron mis años de niñez y mocedad, ejerció siempre una gran atracción para la vecindad. En sus limpias aguas se deslizaban a placer barbos escurridizos y rubicundos cangrejos. Era apto para la pesca de una y otra especie y en él me cobré mis primeras capturas con el entusiasmo propio de la temprana edad. Se bajaba hasta el río, sobre todo en los meses del estío, para disfrutar de un relajante baño en los múltiples “charcos” que jalonaban su curso; allí se remansaban las aguas, se tornaban profundas y no podían ser más propicias para los chapuzones reconfortantes y el bucear placentero.

  Los “charcos” del Guadiaro a su paso por el término municipal de Benaoján eran numerosos y se adaptaban a la edad del bañista a tenor de su edad. Creo que desde que la mía era muy corta y hasta que pude presumir de mozalbete ascendí río abajo y río arriba empezando por el “charquito de Emilia”, con aguas hasta las rodillas o poco más hasta llegar hasta el Charco del Túnel, profundo y turbulento; detrás quedaban otros en los que la vecindad se solazaba por las arenas de su fondo, lo cristalino de sus aguas o el paraje impresionante de adelfas, junqueras y mimbreras que los envolvía: Azul, Redondo, La Molineta, o La Fresnadilla, nacimiento de agua éste último en la que se podía apagar la sed y en cuyas inmediaciones se organizaban almuerzos y merendolas.

 Por desgracia estos remansos de paz fueron desapareciendo con el tiempo. Ni rastro de ellos quedó. Solo guarda su esplendor de antaño el Charco Azul, a los pies de la efigie de piedra del Gato, que da nombre a una cueva que constituye el más conocido distintivo del pueblo, al que presta vida el cauce del afluente Gaduares o Campobuche, que tanto monta. Sur orillas y aledaños continúan siendo propicios para, además del baño relajante, inverosímilmente frío, lugar propicio para comilonas festivas. 

Los más viejos del lugar ya no tenemos reparos en afirmar que “éste no es mi Guadiaro, que me lo han cambiado”. Nos asiste la razón por la visión decadente que el río ofrece, otrora vistosa y atrayente.” Los ríos son la vida que van a dar al mar, que es el morir”, cantó el poeta Manrique con pesadumbre. Nuestro Guadiaro languidece antes de llegar al piélago que lo acoge.

 ¿Culpables de esta sinrazón? Es posible que las lluvias que no son tan intensas y frecuentes como en la pasada centuria estén detrás, pero no hay que echar en saco roto la desidia de las administraciones locales que se mostraron remisos a tomar el toro por los cuernos de su regeneración.

 No se puede decir, empero, que sea un río del todo contaminado. No lo es hasta el presente. Pero si echamos de menos su imagen de lustros atrás. Solo nos queda el consuelo del Charco Azul a los pies de la Cueva del Gato, en esencia el mismo de siempre. Aguas limpias y frías y un paraje de peñas y vegetación envolvente que le siguen prestando la apariencia de un rincón casi paradisíaco.

 

 

Ver Post >
San Marcos, un sonado y secular festejo en la Serranía de Ronda
José Becerra 22-04-2018 | 10:53 | 0

San Marcos, un sonado festejo en la Serranía de Ronda

Posiblemente,  muchos de los benaojanos que se entregan en cuerpo y alma a los festejos que cada 25 de abril, y los días que anteceden o suceden a esta fecha, no hayan hecho muchas investigaciones sobre la vida y obra del Santo Evangelista. A ellos les es suficiente saber que es el Patrón del pueblo desde tiempo inmemorial (posiblemente desde que fue construida la iglesia del Rosario, allá por la primera centuria del siglo XVI, aunque se sometió a reformas hasta fechas muy recientes) y que la tradición manda que ese día señalado San Marcos, cuando culmina la mañana, en sitial a hombros de mozos del pueblo, seguido muy de cerca por los mayordomos que cada año se suceden en el cargo y sobre los que cae la organización del festejo, abandona  el templo,  y en devota procesión    por las principales calles del pueblo hasta llega hasta Pozo que lleva su nombre,m situado en la antigua entrada del caserío. Y que el trono tiene que permanecer repleto de claveles a los pies del santo varón y al lado del león, su símbolo. Y que la ininterrumpida coheteada ha de durar todo el tiempo del itinerario, hasta el encierro de la imagen en el templo.

Lo de menos es saber que el autor del segundo Evangelio fue uno de los primeros que abrazaron la religión de Jesús y que como el resto de los seguidores del Maestro tuvo que soslayar la ira de los perseguidores y permanecer escondido durante sus batidas. Dicen las fuentes consultadas que su conversión se debió a la predicación de San Pedro en Jerusalén y que se convirtió desde entonces en traductor del Apóstol que tenía escasos conocimientos del griego. Esta amistad hizo posible que Marcos, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Pedro, escribiera el Evangelio, durante su estancia en Roma. Y que, luego, fue primer Obispo de Alejandría, en donde murió.

Benaoján lo que busca en estos días, aparte de mostrar su veneración y respeto a San Marcos, es la diversión. De eso se encargan los mayordomos, que organizan bailes con reputadas orquestas en ya en la plaza del Ayuntamiento, ya en la Caseta de Feria. Y en ofrecer a la concurrencia tanto la propia como la extraña – visitantes ocasionales – degustaciones gratuitas de la chacinería local. Si viene bien se recurre a concursos de dominó o de tiro al plato, o a iluminar la noche serrana con el centellear de los fuegos artificiales.

Los emigrantes vuelven por estas fechas a su lugar de nacimiento. Y ese es otro motivo de contento familiar. Todos se muestran orgullosos de haber sido bautizados “en la pila de San Marcos”, un timbre de gloria para muchos. También, venga o no al caso, además de los vítores al Patrón, todavía hay quien, a viva voz, recita la sentencia entre sacra e irreverente que hicieron suyo desde, mucho tiempo atrás la gente del lugar: “ San Marcos Bendito, Patrón Soberano, si no nos echas agua, al pozo te echamos”. Es lo que se clamaba, cuando las fiestas coincidían con temporadas de sequía tenaz en el exacto lugar en donde se emplazaba un antiguo pozo (hoy arbitraria y desgraciadamente desaparecido) al lado de los predios sembrados, lugar hasta donde se hacía llegar la imagen del santo.

 

Ver Post >
Exaltación de la Serranía de Ronda
José Becerra 16-02-2018 | 11:32 | 0

Resultado de imagen de imagenes de Benaojan

Exaltación de la Serranía de Ronda

José Becerra

Quienes hemos nacido dentro del ancho solar serrano al que se circunscribe  la ciudad de Ronda, eje sobre el que gira el resto de sus pueblos, no podemos por menos de sentirnos satisfechos por un reciente escrito aparecido en las páginas de este diario días atrás y en el   que se exaltaba la Serranía con el rigor académico propio de un docto mentor, como es el caso de José Antonio Castillo. Se hacía esta exaltación dando de lado a ambigüedades y estereotipos que no con poca frecuencia venían refiriéndose a tan emblemático y sugerente lugar, no pocas veces, como digo, envuelto en leyendas fecundas, obra de la imaginación más calenturienta. En contra de quienes solo se detienen en las apariencias e imágenes propias de un romanticismo exacerbado y finiquitado, y casi nunca en el meollo de la conformación geográfica de estas tierras tantas veces insufladas de un folklorismo, que con ser sustancial, daba de lado a aspectos que este geógrafo aludido pone de relieve con la puntual prestancia de un erudito en la materia. Pero reconozcamos que preciso es hacerlo, en que lo erudito y lo estrictamente descriptivo se conjugan para una perfecta descripción de tan singular paraje.

Como no podía ser de otra forma dado el carácter didáctico del escrito mencionado se hace hincapié en las particularidades geológicas del macizo aludidas. Queden esas características, que consideramos imprescindibles, para estudiosos del ecosistema en cuestión y lo que ofrece a investigadores las particularidades de su flora y fauna. Quedémonos los que por esta comarca transitamos desde niños y los que por ella se adentran cada día con lo que, sin estímulos científicos, imprescindible, como digo, para su cabal conocimiento, con lo que se ofrece a nuestra vista, suficiente para catalogarla como excepcional dentro del territorio nacional.

La describieron con pelos y señales los escritores trotamundos británicos y galos que por estas tierras se adentraron entre los siglos XVIII y XIX dejándonos en las páginas de sus libros estampas idílicas de la región. Por ejemplo, las que nos describe Francis Carter en su libro “A journey from Gibraltar to Málaga”; o las que bosquejó C. Rochfort- Scott en su obra “Excursións in the mountains of Ronda”, ambas incidentes en las características propias de los habitantes del Sur de España, y por ende, poniendo el acento en ésta ciudad como santo y seña de las sierras que la circundan y le conceden personalidad intransferible.

Porque Ronda en su conjunto no es solo la síntesis de un arte monumental visible en el núcleo urbano, sino que ofrece en sus alrededores estampas únicas de bosques de pinsapos catalogados como insólitos en el territorio peninsular y que se autentifican en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema, que es su epicentro pese a ser un nombre desgajado del originario y secular de Serranía de Ronda. Es esta denominación la  que abarca siglos de perenne y trascendental historia para ensalzar unos parajes,  los cuales  obligadamente se deben catalogar con la designación del nombre de  la ciudad que junto a ellos se erige desde tiempo inmemorial.

 

Ver Post >
Arunda, fortis et fidelis…y fría
José Becerra 09-01-2018 | 10:18 | 0

Resultado de imagen de imagenes de la serrania de ronda con nieve

Arunda, fortis et fidelis…y fría

JOSÉ BECERRA

Llegaron las nevadas a Ronda con nocturnidad pero sin alevosía, ya que eran esperadas. Los copos de nieve se descolgaron por la Sierra de las Nieves y crestas adyacentes y con las sombras nocturnas dejaron un bello telón de fondo en la ciudad y en los pueblos de su entorno. El frío intenso se adueña de la comarca como ocurre en el resto de la provincia de Málaga. Se sucederán como es previsible los días gélidos que dejarán una estampa atrayente e insólita en la serranía rondeña y los picos de las sierras se revestirán (ya lo están) con ese manto de armiño (por emplear un eufemisno poético) característico que tanto aviva las imaginaciones.

   Tal vez no lo haga con  la saña de otras ocasiones, cuando las sierras se teñían de un espeso y níveo manto   y así permanecían incluso semanas. Ahora, puedo que lo haga con timidez avisando que las nieves pueden ir a más si se lo proponen, fruto del frío intenso que por estas fechas suele aposentarse en la comarca de cara a los iracundos vientos  que soplan desde el norte.

   Primero serán los picos de las sierras, macizos escarpados que anteceden a Ronda por la carretera que por San Pedro la une a la costa; luego revestirán con el blanquecino ropaje el resto del abrupto paisaje; no tardarán en hacerlo, que el invierno envió ya sus heraldos anunciadores bien provistos de adargas y afiladas lanzas que aguijonean la piel y entrecortan el aliento.

   El `Arunda fortis et fidelis` campea en el escudo de la ciudad de Ronda desde que, mediados el siglo XV, cayera en manos de los Reyes Católicos, que pusieron fin por entonces al reino nazarí. Fuerte y fiel, dice bien en letras de oro. Habría que añadir otro adjetivo menos señorial, pero igualmente certero: `Ronda, fuerte y fiel y fría´ que también describiría a la ciudad soñada de Rilke `por estos días. Ronda alta y meseteña, erigida sobre la planicie sin proximidad inmediata de sierras o montes que la cobijen o sirvan de valladar al frío norteño. Cuando se deja sentir, fino y lacerante, rasga la piel como fino bisturí y hiela el aliento.

Ponte la bufanda y abrígate bien que en Ronda hace mucho frío”, solía decirme mi madre, solícita  cuando pensaba dejarme caer por la ciudad, años atrás, ascendiendo hasta ella desde uno de los pueblos que ciñen  sus casas a la querencia del Guadiaro. El consejo era necesario y siempre bien recibido. Efectivamente, en días crudos de invierno, en Ronda hacía más frío que en cualquiera otro lugar de la provincia malagueña. Titiritaba uno en el Puente Nuevo, seguía la tiritera corriendo de arriba abajo la calle de La Bola y castañeaban los dientes en la estación de RENFE cuando se disponía el regreso. ¡Dios, qué frío hacía en la estación! Lejos todavía el despliegue de carreteras y la utilización de los automóviles, un destartalado andén y un no menos vetusto tren, prolongaban el frío hasta llegar y refocilarme con el amor del hogar.

   Me vienen estos recuerdos callejeando por la Ronda de hoy, sumida en el frío que abate a la Península por entero. Como era de esperar, aquí, cuando hace frío, lo sigue haciendo de verdad. Lo confirman los noticiarios que recurren a reporteros que se nos aparecen ateridos, sacudiéndose del gorro los copos de nieve, con un trasfondo blanco y el agobio de quienes tratan de conducir por carreteras cortadas. Belleza y atascos, imprecaciones y jolgorio. Cara y cruz de una situación que en Ronda no es rara pero que no deja por eso de impactar.

   El frío relente vaciará la siempre bien concurrida calle de La Bola, en la que hay que recalar cada día, casi por obligación, cuando el tiempo no hostiga. El flagelo del frío arrojará a los pocos que se aventuran a salir hacia el calorcillo de los bares. Nadie se para delante de los escaparates, el vendedor de cupones de la Once busca aterido la complicidad de los vanos de las puertas, y el  de menudencias vegetales, que ya forma parte, por su asiduidad al mismo sitio, de la imagen de la transitada calle, maldice el día y levanta el tenderete con prisas y corriendo. Nadie en el estanco de Marcos Morilla, el fiel referente de la vía desde más de un siglo a esta parte.

   Ronda desafía a la ventisca a pecho descubierto. No tiene muy cerca, ya digo, las sierras que abrigan a los pueblos próximos. Le cogen lejos las escarpaduras de las sierras de Grazalema; el escudo de Tavizna que protege a Montejaque; las de Juan Diego que acunan a Benaoján, o los Alcornocales que mitigan el acoso gélido en el Cortes de la Frontera señorial. Se alza Ronda soberbia en su meseta y paga cara su arrogancia cuando arrecia el temporal y campea el cierzo sin trabas ni componendas.

Ver Post >
Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.