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Auge de los vinos rondeños
José Becerra 10-05-2018 | 1:03 | 0

Auge de los vinos rondeños

JOSÉ BECERRA

La Asociación de Museos de Vino de España ha escogido a Ronda como sede de un simposio que  realzó días atrás la importancia de este llamado “elixir de los dioses” y que concitó el interés de propios y extraños. Se ha querido compaginar en los diferentes actos realizados el vino con el turismo y el resultado no ha podido ser más halagüeño. Una jornada brillante que ha venido a refrendar la importancia de los dos elementos y que ha tenido como sede el Centro Integral del Vino, y como colofón la posterior visita a las diferentes bodegas de la ciudad. Una Ruta, la del Vino de Ronda, que ha conseguido figurar en los primeros puestos del palmarés de las que componen el entramado de las ya existentes en España. Turismo y vinicultura se dan la mano y el resultado no ha podido ser más espléndido.

  Echando la vista atrás comprobaremos como fecundaron proyectos que tuvieron al vino rondeño como referente, tal el de las “Rutas del Vino de Ronda”, una iniciativa del consistorio local  que cobra vida y que va a servir para dar a conocer de manera definitiva  los vinos rondeños, los cuales  por su excelencia venían conquistando buena parte del mercado nacional y subían con todos los honores a las mesas tanto de comensales humildes como a la de los  sibaritas del buen comer y beber de las familias más empingorotadas.

   El que en su día fuera proyecto es hoy una realidad. Acaban de constituirse las “Rutas del Vino de Ronda”.Lo anunciaron días atrás los concejales de Turismo, Isabel Barriga, y el de Desarrollo Rural, Jesús Vázquez. Una iniciativa que cobra vida y que va a servir para dar a conocer de manera definitiva  los vinos rondeños, los cuales  por su excelencia venían conquistando buena parte del mercado nacional y subía con todos los honores a las mesas de los sibaritas del buen comer y beber.

   Bodegueros, viticultores, asociaciones, Ayuntamiento y Consejo Regulador se cogen de la mano para mostrar al mundo la espléndida realidad de unos caldos que en nada tienen que envidiar a los de mayor nombradía. Hasta veinte bodegas compiten en el solar rondeña para lograrlo. Un ambicioso plan que no puede sino generar riqueza y prestigio parala Ciudaddel Tajo, a la vez que catapultar su nombre al exterior ya de por sí reconocido merced a su acervo arquitectónico y monumental.

   No está ausente Ronda – no lo puede estar por razones de peso –de las rutas del Neandertal hispano, dela Romaimperial, del Califato cordobés o el reinado nazarí; posee el sabor de lo mozárabe y lo mudéjar; Y ofrece muestras evidentes – dando grandas zancadas en la historia política y del arte – de la ruta del gótico, el barroco o el Renacimiento. De unos y otros hitos de la andadura humana en la provincia está Ronda, en efecto, en la encrucijada de los caminos que  entretejieron su forma de ser y estar en el mundo.

   Ahora se consiguió  que figure en la Red Española de Rutas del Vino, esa vía que recorre España desde arriba abajo y de un lado a otro de su topografía y fisonomía. Desde Ribeiro hasta Penedés y Priorato y desde Rioja hasta Jumilla, pasando por Cariñena, Toro y Valdepeñas; también por Condado de Huelva, Jumilla, Jerez y la propia Málaga.

Caminos milenarios del vino, puro néctar de dioses que cantaron los griegos e inmortalizaron los romanos. Vinos diferentes a tenor de la uva que se pisa o de la poda a que se sometan los viñedos.

    De un tiempo a esta parte se ha vuelto en Ronda a concede  la importancia que se merece a  la vid, tantos años dándosele las espaldas. La malquerencia se debió por aquella aciaga época en la que la filoxera arrasó campos y arruinó haciendas vitivinícolas. Pero ahora son otros tiempos, más prometedores y halagüeños para el cultivo. Y hoy tenemos bodegueros de pro. Bodegueros y firmas que están consiguiendo devolver el prestigio que tuvieron siempre los caldos rondeños.

   De los tiempos de mi ya lejana infancia algunas escenas del campesinado de la comarca rondeña se me quedaron indelebles en la mente. Enla Dehesilla de Benaoján o en la estrecha campiña de Montejaque las mujeres subían con grandes capachas los racimos de vid recién cortados hasta el lagar correspondiente; lo mismo ocurría en Faraján o Alpandeire, en Júzcar o Benadalid. Bodegas de Las Caballerías, de las Monjas, de los Viscos, en los campos a un tiro de honda de Ronda. En ellas el principio que guiaba la elaboración del vino era sumamente sencillo.

   Las uvas recién recogidas se prensaban para que de esta forma liberaran su zumo (el mosto, que tanto juego habría de dar en la cultura del buen beber dela Serraníade Ronda), rico en azúcares fermentables. Las levaduras añadidas provocaban la fermentación que propiciaba la liberación del alcohol etílico y el dióxido de carbono o bien cooperaban a su transformación. El mosto, a partir de ese momento, era ya vino y se entregaba al dulce sopor que le brindaban las umbrosas bodegas, en espera de subir con todos los honores a las más humildes mesas y a los más encopetados manteles.

    Todavía existen restos de estas bodegas (sobre todo de las prensas móviles) diseminadas por la Serranía. Otrashan vuelto a funcionar, regenerados los campos, puestas en desarrollos las nuevas plantas autóctonas o importadas.

Volvía el vino a Ronda, a sus heredades circundantes. Y lo que es más importante, vuelve con el empuje y el prestigio que lo hace merecedor de figuras en los circuitos  que acrisolan el vino de España. No hay ya quien dude que el resurgir del vino de calidad en Ronda se considere como un `milagro´ con todo lo que este vocablo representa de impacto en el mercado y los negocios a cualquier escala.

 El vino tinto, regenerador de arterias y sabia sustancia para prevenir dolencias cardiovasculares, amén de del placer sin cuento que proporciona su libación comedida ha encontrado en Ronda suelo propicio para su fecundación.   Ha hecho bien el Consejo Regulador del Vino en consentir la inscripción en la Ruta hispana  los vinos de Ronda. Nuestros caldos echan a andar con el  pláceme de los entendidos.

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Estudios embriagadores
José Becerra 01-04-2018 | 9:47 | 0

Resultado de imagen de fotos de copas de vino y uvas

 

El vino está de moda. Siempre lo estuvo a través de tiempos y culturas diversas. Me refiero a ese vino que, consumido con moderación, amigo este argumento del deleite, es fiel acompañante de manjares, cuyos  sabores enaltece en grado sumo. “Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación y afianza la amistad”, a decir de Néstor Luján, sibarita del buen comer y mejor beber. Y va más allá, cuando dice que “las placenteras sensaciones que ambos ritos proporcionan al cuerpo son más que aconsejables, “siempre que se lleven a cabo con tino y mesura”. De estas prudentes libaciones todo puede esperarse, y en el cualquier asunto en el que ellas medien es presumible que culmine con éxito. Negocios, compromisos, afinidades amorosas, y todo lo que conlleve el trato entre personas, como que adquiere un tono más placentero. Milagro de la copa alzada cuando en ella se filtran tornasoladas transparencias, colmadas de complicidades, antes y después de trasegar su contenido.

Y por si estas virtudes enumeradas fuesen pocas resulta que además, como no se empachan en afirmar expertos profesionales de la nutrición y la medicina, el vino proporciona salud y luenga vida. Vienen a tonificar las arterias, despeja sus intrincados circuitos y regula el colesterol, ese solapado enemigo que nos acecha en silencio y lesiona nuestro sistema cardiovascular hasta proporcionarnos un serio disgusto si no hacemos caso a las apremiantes a sus requisitorias.

Uno ya lo venía sospechando. Recuerdo como en mi pueblo natal, notable por su floreciente industria chacinera y recostado indolentemente en las fragosidades de la Serranía de Ronda, me preguntaba sobre la sorprendente longevidad de algunos vecinos, precisamente de aquellos aficionados al mollate, que así se referían al vinillo barato y peleón y no a otras bebidas de superior graduación alcohólica. “Esto es sangre de Cristo y da la vida” venían a decir, exultando de satisfacción. Y a fe que parecía verdad por el eufórico aspecto del rostro y la vitalidad de la que hacían gala. Que recuerde, nadie de los que se inmolaban cada día de manera regocijante en el altar de dios Baco (pero de una manera comedida, eso sí) y que supo renegar a tiempo de los estragos del tabaco, dejó este mundo a causa de patología isquémica o ictus cerebral, tan de moda hoy por desgracia.

Me viene a la memoria la figura de Lorenzo, el de la Posá, sobrenombre del que presumía por regentar un antiguo establecimiento, primero de los dedicados al hospedaje de modestos arrieros y sus bestias de carga, corredores de ganado y viajantes de comercios de la capital malagueña. Su desayuno durante los más de 95 años de su existencia consistió en sendas rebanadas pan de tahona, en la que alojaba un filete atocinado de cerdo, acompañado de un generoso vaso de vino, a ser posible de mosto procedente de los viñedos de las tierras de pan de llevar de la Dehesilla benaojana, a la sazón florecientes. En realidad, mi honrado vecino no hacía sino la recomendación que Antonio Machado dejó por cierta: “Con pan y buen vino se hace el camino”.

Vienen a cuento estas elucubraciones sobre los beneficiosos efectos del vino porque observo con beneplácito, por mi inclinación de acompañar cada comida con un vaso –o dos – de fresco tinto, unas veces, las menos, de reserva, y las más de crianza, cómo la profesión de enólogo comienza a interesar a jóvenes que se apuntan cada vez más a la carrera universitaria que dispensa estos estudios. Que haya gente interesada en seguir de cerca la trayectoria de los generosos caldos para hacer posible que sin menoscabo de sus virtudes hasta nuestras mesas no puede dejar de ser gratificante.

En la provincia malagueña, ya casi a años luz de los desastres ocasionados por la filoxera que arruinará viñedos, los terrenos dedicados al cultivo de la vid se acrecientan y revalorizan, lo que no deja de ser una señal inequívoca del auge que experimentan en los últimos años la elaboración de vinos. Al amparo de las denominaciones de origen que avalan su calidad la elaboración de excelentes caldos llegan al mercado en medio de las alabanzas de los entendidos en este menester enológico. De las penumbras herrumbrosas de las bodegas de la Axarquía o la Serranía de Ronda, suben a los manteles de mesas humildes o encumbradas, en donde por derecho propio se instalan y son celebrados por su aroma y sabor. Vinos jóvenes, suaves y afrutados que sirven de feliz contrapunto a los dulces de Pedro Ximenez, López Hermanos, o a las ambarinas mistelas de Cómpeta.

Nuevos vinos de Málaga y Ronda que ya piden con insistencia los versos de exegetas que al estilo poético de Salvador Rueda desgranen en sonoras trovas sus excelencias.

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Alzando la copa con los vinos de Ronda
José Becerra 20-06-2017 | 7:50 | 0

Alzando la copa con los vinos de Ronda

JOSÉ BECERRA

El Centro Integral del Vino de Ronda se ha revestido de galas en estos días para albergar los caldos que las bodegas de la ciudad – más de una veintena – ofrecen para su cata a todos quienes no hacen remilgos a la hora del paladeo de una bebida que alguien, con muy bien criterio, llamó “néctar de los dioses”.

Se trata de promocionar con libaciones ofrecidas a propios y extraños la calidad del vino rondeño, su sabor y bouquet que cada día gana más adeptos. Las catas las disfrutarán doctos en vinos y púbico en general que no hacen melindres  a la ofrenda de una copa ya sea en las comidas ya en los momentos distendidos a los largo del día.

   Los vinateros de Rondan decidido arrimar el hombro a su propia industria y reman todos en la misma dirección. Loable empresa que ha de redundar en el bien del sector. Si se exaltan los vinos rondeños y la denominación de origen propia es cimentar el marchamo de calidad que los caldos rondeños merecen a todas luces.

    Resulta un deleite escribir sobre el vino.  Notamos como las ideas se deslizan en el intelecto  con mayor fluidez y euforia al tratar del  mosto fermentado, esa sustancia nos atreveríamos a decir que  casi divina, si pensamos que forma parte ineludible en el ceremonial religioso cristiano. A narradores, poetas y epigramistas   sirvió  como fuente   constante de inspiración. Mitiga el dolor – el del cuerpo y el alma – traba firmes amistades y sirve como vehículo precursor  de  los juegos amatorios. Y, por si fuera poco, las libaciones moderadas activan nuestras papilas adecuándolas para otro placer, que le pisa los talones: el de la mesa.

   El vino está de moda. Sobre todo el vino que consumido con mesura y como acompañante de manjares, a los cuales enaltece su sabor en grado sumo. “Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación”, como apuntaba  el gastrónomo y sibarita Nestor Luján,   sabedor como  pocos de las placenteras sensaciones que estimula. Del prudente consumo solo lo grato puede esperarse, y de cualquier asunto en el que medie, es presumible que se alcance el éxito, ya sea referido a negocios, a celebraciones familiares, o como, digo, al amor: todo adquiere nuevos tintes cuando se filtra con las tornasoladas transparencias del caldo, colmadas de complicidades.

   Y por si estas virtudes que los enólogos resaltan fuesen pocas resulta que, además, como no se empachan de afirmar profesionales expertos en nutrición y sesudos estudiosos de la medicina, proporciona salud y alarga la vida. Vienen a detallar que tonifica las arterias, despejando sus intrincados circuitos, y regula el colesterol, ese solapado enemigo que acecha en silencio nuestro sistema cardiovascular para proporcionarnos serios disgustos. ¿Se pude pedir más?

  Uno ya lo venía sospechando. Recuerdo cómo en mi pueblo natal, chacinero y floreciente él, inmerso en las fragosidades dela Serranía de Ronda, me preguntaba sobre la sorprende longevidad de algunos vecinos, muy aficionados a este néctar de los dioses de forma comedida. “Esto es sangre de cristo, y da la vida”, venían a decir. Y a fe que parecía verdad por la rebosante salud de la que hacían gala. Que recuerde, nadie de los que se acercaban con asiduidad  al altar de Baco, si, además supo renegar a tiempo del tabaco,  dejó este mundo por patología isquémica  o ictus cerebral, tan de modo hoy por desgracia.

   Me viene a la memoria un honrado posadero benaojano quien presumía de haber llegado a los 95 años de edad merced a su desayuno diario: un mendrugo de pan de leña, un trozo generoso de tocino con vetas carnosas y un buen vaso de vino tinto. En realidad mi longevo y afable vecino secundaba  las recomendaciones de Antonio Machado, el excelso poeta andaluz de la generación del 98: “Con pan y buen vino se hace el camino”.

   Viene a cuento la elucubración sobre los beneficiosos efectos del vino porque observo cómo  en Ronda la enología acopia adeptos cada día. Se ha convertido en objeto de estudios universitarios por los más  jóvenes. Desean hacer de ella una profesión. Que haya gente interesada en ocuparse de que los deliciosos caldos continúen llegando sin menoscabo de sus virtudes – aroma y sabor – hasta nuestras mesas no deja de ser gratificante.

   La conjunción resulta perfecta teniendo en cuenta que la riqueza vitivinícola rondeña se encuentra en pleno apogeo y se recupera en los últimos años un pasado esplendor merced a la mejor preparación de los bodegueros y a la mayor preocupación de la Administración Pública por su regulación.

 

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¡”Chapeau” por los tintos de la Serranía!
José Becerra 30-06-2014 | 4:57 | 0

¡”Chapeau” por los tintos de la Serranía!

Bien venidos sean los halagos que nos vengan desde cualquier parte sobre los vinos cosechados en Ronda y su Serranía. Pero que los términos laudatorios provengan de Francia es algo que hay que sopesar en su justa dimensión, ya que la tierra gala puede presumir en grado sumo de sus vinos, como consideran sibaritas del buen comer y beber, amén de famosos sumilleres de aquí y allá, entre los quefiguran los mejores del mundo. Todos acreditan su calidad sin tapujos.

  Si en la tierra del Don Periñogn se alza, pues, la copa, se pone al trasluz y se saborea unvino rondeño para acto seguido alabar su bouquet afrutado, contemplar lastonalidades que recuerdan a la cereza madura y transparencia sin ahorrar calificativos lisonjeros es algo que debe enorgullecer a bodegueros y vinaterosde la alta señorial ciudad del Tajo: el sumun de color, aroma y sabor, que ya es decir.

Exulta satisfacción por este motivo José María Losantos, el dueño de la bodega“Doña Felisa”, allá en un lugar con tantas resonancias históricas como Ronda, la Vieja, que es en la que fermentó los años requeridos para la cabalb apreciación de su gusto y aroma el tinto “Chinchilla Doble Doce”. Y no es para menos: entre 400 caldos en disputa su vino se alzó con la Medalla de Oro en un concurso internacional celebrado en París para exaltación de la uva “Cabernet”, que es la que, combinada con otras, da pie a vinos ágiles da cuerpo y textura,cualidades tan apreciadas en los catadores de medio mundo, entre aquéllas las queestán presentes la austeridad y las que le conceden lustre de longevidad   prestancia.

Pero no queda ahí la cosa: hay un vino rondeño que se asocia con la figura de Bernardo de Gálvez, militar y político español, malagueño de nacimiento(Macharaviaya, 1746). En sus andanzas por tierras americanas, luchando contra los apaches y poniendo a pruebas sus dotes como pacificador llegó a ser gobernador de Luisiana y virrey de Nueva España, ahí es nada, destacando en lascontiendas que llevaron a la independencia de Estados Unidos.

   En su escudo dearmas figura el lema que fue constante en su vida, “Yo solo”, divisa que escogió labodega La Melonera de Ronda para un vino de calidad que hoy se muestra en los anaqueles de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, como se ha aireado en medios de comunicación provinciales, como no podía ser por menos, que la noticia es de enjundia, ya que en el docto edificio se alinean como militares en marcial formación presentado armas los mejores caldos del orbe.

Pero sobre los vinos de Ronda llueven los reconocimientos de no importa qué parte del globo terráqueo, algo en lo que tanto tienen que ver el buen hacer de los bodegueros de los predios serranos y de su dominio de la vitivinicultura, puesto a prueba en los últimos años.Item más: señalemos en este contexto que no deja de ser un timbre de gloria para algunas bodegas- caso del rosado del Cortijo Los Aguilares – cuyos vinos se los rifen las damas a la hora de entreverarlo concualquier bocado exquisito de la profusa y justamente alabada cocina serrana.

A Ronda y la Serranía hay que venir para además de abstraerse en la contemplación de sus singulares monumentos,palacios señoriales y antiguas casas de abolengo, hacer un alto en el camino y paladear a lentos sorbos en sus bodegas,que han proliferado comolas margaritas en mayo, el morapio de la tierra que ahora merece la distinción y unánime aceptación de los en de los entendido buena mesa y en la manducatoria de todas las latitudes.

Viene a cuento hablando de las excelencias del vino, el dicho de Miguel Delibes, escritor fecundo donde los haya, que uno asume sin reservas porlo acertado: “ Cinco cosas me agradan mucho: leña seca para quemar, caballo viejo para cabalgar, amigos ancianos para conversar, linbros antiguos para leer y vino añejo para beber”.

¡ Chapeau por este elixir de los dioses, rondeño por más señas!”

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El vino de Ronda en las aulas
José Becerra 08-08-2013 | 12:34 | 0

 

 
Los vinos de Ronda no cesan en su escalada de conquistar méritos y adeptos. El producto de sus vides salen del entorno serrano y van hasta allí donde se aprecie el sabor y el cuerpo de un buen caldo. Las bodegas rondeñas rivalizan con la calidad de sus cosechas  con las principales de España y los tintos y rosados de crianza y reserva suben a las mesas de los mas sensitivos    sibaritas del buen comer y beber: sobre  los  más empingorotados manteles se glorifican.
El vino está de moda. Sobre todo el vino que consumido con mesura y como acompañante de manjares, a los cuales enaltece su sabor en grado sumo. “ Aviva el ánimo y predispone para la relajada conversación”, como apuntaba  el gastrónomo y sibarita Nestor Luján, quien sabía como pocos de las placenteras sensaciones que estimula. Del prudente consumo solo lo grato puede esperarse, y de cualquier asunto en el que medie es presumible que se alcance el éxito, ya sea referido a negocios, a celebraciones familiares, o al  amor: todo adquiere nuevos tintes cuando se filtra con las tornasoladas transparencias del caldo, colmada de complicidades.
El Centro Integral del Vino acaba de ser posible que el vino rondeño sea un referente obligado para los afectos a este elixir de dioses ( según la mitología griega, su bebida era un paso para “encontrarse con los dioses”, quizá con Baco: el consumo tiene como efecto una sensación de arrobo o de quedar fuera de sí,que luego, con el tiempo vendría a significar nada menos que la Sangre de Cristo, ahí es nada), de forma que dos cursos académicos podrán seguirse con el marchamo de excelencia de la Universidad de Málaga.
Impartirán las enseñanzas profesores versados en Enología y Viticultura, lo que permitirá la obtención de un Máster Universitario que acreditará praxis y sapiencia en esta materia. Falta el empujón de la Junta de Andalucía para dotar de un edificio al Ayuntamiento de Ronda – la Diputación Provincial aportará una sustanciosa cantidad – en el que se instalarán las aulas de carácter universitario en las que culminará el ambicioso proyecto docente.

 

 

Foto: vinoronda.com

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Sobre el autor José Becerra
Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.