Diario Sur
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Fronteras
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Héctor Barbotta | 21-05-2015 | 21:01

La alcaldesa de Marbella vive en Benahavís y el de Benahavís, en Málaga. El alcalde de Manilva vive en Estepona y el de Estepona, en Marbella. Alguno de ellos ha afirmado que en realidad vive en el municipio donde gobierna, sólo que duerme en otro. Más allá de los juegos dialécticos, la realidad de los alcaldes que gobiernan en un municipio y duermen en otro no es más que una muestra de una situación que se produce con asiduidad. En la vida de los vecinos de la Costa del Sol las lindes no son más que líneas difusas que la mayor parte de las veces se atraviesan sin percatarse de ello.
No en vano la marca Marbella excede los límites de su término y hay hoteles y clubes de playa en Estepona, en Benahavís o en Mijas que utilizan el nombre de Marbella como reclamo de marketing y nadie se molesta por ello. Hasta el famoso ático de Marbella de Ignacio González no está en Marbella, sino en Estepona.
Sin embargo, en las campañas electorales muchas veces se suele recurrir al agravio localista,y seguramente sería una expresión de optimismo injustificado celebrar como síntoma de madurez el hecho de que a pocos días de concluir el camino hacia las urnas el domicilio de los alcaldes no haya sido utilizado como argumento por parte de quienes aspiran a arrebatarles el sillón.
En Marbella, sin embargo, la casa de la alcaldesa si ha formado parte de la campaña, pero por un motivo diferente. La residencia se encuentra en la zona lindera, bajo competencia urbanística y de gestión de Benahavís pero en término de Marbella según las lindes de 1873, y el proceso administrativo abierto hace años para regularizar esa situación ha llevado a varios partidos a acusar a la primera edil de querer regalarle suelo al municipio vecino. La acusación no deja de ser curiosa, porque Benahavís gestiona y cobra los impuestos en la zona mucho antes de que la alcaldesa ocupara el sillón de la Alcaldía de Marbella, incluso antes de que iniciara su carrera política como concejala en Benahavís.
Más allá de esta polémica, que recrudeció al comenzar la campaña y posiblemente acabe el domingo, no parece la Costa del Sol un lugar adecuado para las aldeanas reivindicaciones fronterizas. En Madrid, donde existe un área de prestación única que agrupa a decenas de municipios, los taxistas se sorprenden cuando conocen el conflicto que sus colegas de Málaga se traen a cuenta de quién tiene derecho a recoger clientes en el aeropuerto para llevarlos al hotel y quién puede recogerlos en el hotel para llevarlos al aeropuerto.
El sueño de convertir la vieja nacional 340 en la avenida turística más larga de Europa posiblemente esté más cerca que nunca. Y quizás haya que comenzar a debatirlo cuando se apaguen los fuegos electorales.

Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella