Por muy “valiente e innovador” que sea el empresariado malagueño, como acaba de señalar la delegada de Economía Innovación y Ciencia, Marta Rueda, poco se podría hacer por él si sigue cerrado el grifo de las fianzas.
Aunque, como se ha dicho hasta saciedad, España no es Grecia, lo cierto es que su estrepitosa debacle económica y financiera no está afectando de manera implacable. Un ejemplo lo encontramos en las imposiciones que desde Bruselas se nos encauzan so pretexto de eludir la crisis de deuda soberana y soslayar el contagio del cáncer que corroe al país heleno. ¿No mangonean la frau Merkel y el impertérrito Sarcozy, amén de la Autoridad Bancaria Europea (ABE)? Lo cierto es que, por lo pronto, merced a la beneplácito de nuestro Gobierno, doblegado por el imperativo de aliviar la penosa situación en la que nos encontramos, y que en buena medida, desde las más altas instancias se han provocado, por mucho que quieran desprenderse de ese sambenito, parece que las medidas adoptadas obrarán en detrimento más que en nuestro beneficio. La medida de recapitalizar a los bancos de mayor empuje en España (tendrán que poner sobre la mesa más de 26.000 millones) no parece que vaya a redundar en beneficio de quienes más necesitados están de ayuda, esto es las pequeñas y medianas empresas, los emprendedores y todos aquellos que se van obligados a pasar por las horcas caudinas de un préstamo para solventar urgencias de disponibilidad de activos.
Por lo pronto hay que temer que el Acuerdo de la Unión Europea de recapitalización, al disponer de menos dinero los Bancos, éstos canalizarán sus créditos a las administraciones públicas. Las pymes y familias se quedarán con un palmo de narices, lo que obraría en detrimento del crecimiento económico y, por ende, de la creación de empleo. Flaco favor se nos hace.