Cuanto más estrellado esté el cielo en las noches de invierno más penetrante será el relente, y en la madrugada el frío se convertirá en puñales que buscaran ávido los cuerpos de los sin techos, indefensos a sus hostigamientos, porque poco pueden proteger unos cartones recogidos junto al contenedor de basura más cercano.
Lo saben las más de 250 personas que solo en Málaga cada noche no poseen otro hogar en donde resguardarse que el pequeño habitáculo de una entidad financiera, la cornisa alargada de un edificio en ruinas o el follaje de una conífera urbana.
El verano resulta más clemente para muchas familias que la crisis acabó por desahuciarle de sus hogares y se vieron en la necesidad de buscarse el techo en la calle, siempre fría e inmisericorde para con los que nadie tienen. Pero el invierno es ingrato, cruel y no conoce la compasión para quienes lo viven al sereno.
Antes de buscar un rincón en el que cobijarse se habrán disputados con los que como ellos viven la deplorable situación a la que se han visto arrojados los desechos de un supermercado, no pocas veces teniéndose que habérselas con perros vagabundos igualmente afanados en la búsqueda de un mendrugo de pan o una bandeja de salchichas caducadas.
La pobreza se ha acomodado, fría y tenaz, en la provincia malagueña. Cáritas alza la voz (esperemos que no en el desierto) para denunciar que 50.000 familias carecen de lo más elemental para subsistir. La indigencia se enseñorea de calles y plazas y las escenas que contemplamos cada deberían ser un aldabonazo para las conciencias.
Por suerte, esta marea de gente silenciosa que arrastra su miseria y permanece sin posible acceso a derechos fundamentales (derechos que no clemencias) como la asistencia social y la protección de jueces y tribunales, sí tiene quien les eche un capote, nuca mejor empleado el término cuando la intemperie y el frío son enemigos mortales para muchos indigentes.
La Agrupación de Desarrollo para Personas sin Hogar, gestionada por Puerta Única y que aglutina hasta una decena de entidades colaboradoras (Arrabal, Cáritas, Málaga Acoge, Cruz Roja…) no ceja en su propósito de persistir en la necesidad de que se reconozca esta realidad la más de las veces sumida en la invisibilidad cuando no en la indiferencia.
Se trata de gente sin asideros al devenir de una realidad que los relega y arrincona, hombres sin trabajo y mujeres y niños sin hogar que reciben de la asociación benéfica, además de alimentos, ropas y recurso para el aseo personal, asesoramiento legal, laboral y social para ayudarles en la medida de lo posible a que encuentren algún calor de sus congéneres cuando perdieron el que proporciona la tranquilidad de un hogar propio.
Hay quien no hace oídos sordos al clamor silencioso de los sin techo. Hay quien de una manera altruista dedica tiempo y esfuerzo personal sin cuentos a la ayuda a esa sociedad menesterosa que sufre en sus carnes y de la manera más virulenta los estragos de los tiempos difíciles que nos han tocado vivir. Son los que conforman la puerta para la esperanza