Los pueblos del interior, y entre ellos los de la Serranía de Ronda, que conozco de sobras, abrazaron la opción de izquierda. Era lo esperado porque la tradición manda.
Pregonó el PP andaluz la humildad y negó la euforia cuando en tiempos de campaña le auguraban una mayoría absoluta. Posiblemente lo hacía con la boca chica confiando en la victoria aplastante. Pero llegó el tío Paco con las rebajas, que dicen en mi comarca, y el PSOE logró poner dique en Despeñaperros a la ola azul que invadía desde noviembre pasado la mayor parte de las provincias españolas. Ahora es cuando se verdad se impone esa humildad pregonada por los populares y el baño de humildad es más necesario.
Toca arrimar el hombro y dejar atrás disquisiciones que ya a nada conducen. Y arrimar el hombro equivale a una oposición leal y ayudar a la regeneración política y administrativa que sin duda acometerá la coalición de izquierdas que el resultado de los votos va a hacer posible.
Andalucía lo necesita, y a lo mejor esta alianza de los dos grandes partidos de parecido signo político – de la vigilancia constante de IU, que vino criticando férreamente los comportamientos de populares y socialistas, se espera mucho – puede redundar en beneficio de todos, en mayor proporción que un mandato nacido de una mayoría absoluta, la cual puede entrañar riesgo con el `ordeno y mando` omnímodo que le suele ser consustancial. Tendremos que llegar a concluir que el pueblo se mostró sabio en su decisión.
JOSÉ BECERRA