Rajoy cruzó sin miramientos una línea roja en Sanidad. Los pensionistas, sobre todo los que difícilmente llegamos a fin de mes con una prestación irrisoria, la de menor cuantía de Europa, lo veíamos venir.
Abrigábamos, empero, la esperanza de que al menos, los que menos reciben del Estado, y los que nos encontramos sorteando los problemas que vienen a mermar nuestra salud por la enfermedad y la senectud no se nos exigiera esfuerzo que a otros se les dispensa.
Mal paso acaba de dar el PP ensañándose con los más débiles. Un 10 % del total de medicamentos – es lo que se tendrá que pagar – que resultan imprescindibles para seguir dando los últimos pasos torpes que anteceden al desenlace fatal significan renunciar otras necesidades igualmente perentorias.
Recortar a la desesperada de donde sea puede resultar contraproducente. Sobre todo si existen otros segmentos en donde meter las tijeras y no en el de los que menos tienen. El Gobierno popular se equivoca ostensiblemente.
Y es presumible que el clamor aireado les llegue desde la calle.
JOSÉ BECERRA