Debemos de estar mal, sumamente mal.
El Gobierno no elude darnos disgustos cada día y los analistas económicos no se ahorran funestas predicciones. Cuando los que ostentan el poder, al cual legítimamente se aferran no dudan en pintarnos escenas desoladoras poniendo en riesgo ese afán legítimo de mantenerse en él, hay que considerar que decididamente las cosas van de mal en peor.
Floriano, el vicesecretario de Organización del PP , dice que nos mantenemos milagrosamente en una cornisa a punto de precipitarnos al vacío.
El copago sanitario, la reducción encubierta de las pensiones, la subida de tarifas universitarias y la paralización de las oposiciones a profesor en Andalucía son los últimos aldabonazos. Nos acojonan.
Sin embargo, siguen sin tocarse, o se tocan muy poco las subvenciones a sindicatos, organizaciones empresariales y partidos políticos, o se elude el impuesto a los más ricos. Y se mantienen, sin merma, las diputaciones y duplicidades administrativas.¿Por que no empezaron por ahí?