Pasamos del cuarto de millón y nos encaminamos, si nadie lo remedia, a superar con creces esa cantidad.
Los parados en Málaga se cuentan por centenares de miles, según el INE. Rondan el 35% de la población los que preguntan “¿Es usted el último?” en las colas del INEM para colocarse en la espera, que las más de las veces ofrece la estampa desapacible de una sucesión de rostros desdibujados por la irritación y la desesperanza.
No se nos puede contentar a los malagueños desplegándonos el mapa de parados de resto de las provincias españolas. Los datos que arrojan las estadísticas apuntan a cantidades superiores si se cotejan con el resto de aquéllas.
Alcanzada la cifra horripilante de los 275.000 desempleados, según la EPA, no hay lista que pueda ofrecer más tétrico panorama. Otro dato que eriza el vello: en la provincia se destruyen cada día 250 puestos de trabajo.
La tasa de paro alcanza así su nivel más alto de la serie histórica comparable, que arranca en 2001. Los analistas económicos hablan de que nos movemos en la recesión; pero no hablan de la gran depresión que sojuzga a los que perdieron su empleo.