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Foto: Recepción del hotel
Un hotelito con encanto: “La Dehesilla” de Benaoján.
José Becerra
En la Serranía de Ronda, siempre evocadora, magnífica por un paisaje tan impactante como atrayente, cargada de tradiciones, leyendas e historia, única por sus monumentos naturales, el fenómeno tenía que surgir rodado. Los pueblos, sus pueblos blancos, que padecieron atraso y decadencia, las más de las veces por dejadez de las administraciones públicas y ceguera de los políticos en el poder, y otras veces por momentos de general decaimiento común a los años de posguerra y posteriores (emigración masiva, abandono de la ancestral economía agraria, ausencia de tejido industrial de alcance…) vieron, en los años más recientes, una tabla de salvación en el turismo rural. Con una economía con viento en popa, los habitantes de ciudades cercanas que habían descubierto el placer de los viajes y las excursiones hacia tierras del interior de la provincia tenía por fuerza que toparse con el hechizo de la Serranía.
Lo entrevieron algunas familias que poseían pequeñas explotaciones agrarias abandonadas con casas derruidas, y echando mano de la imaginación remozaron fincas, adecentaron casas o las construyeron de nueva planta e iniciaron un negocio que hoy por hoy, sin ser espectacularmente remunerativo da trabajo a muchas familias, inaugurando un nuevo perfil de empresas hasta el momento ausentes del territorio. Molinos de aceite y harina se transformaron en acogedores hoteles, casas de apero de labranza despuntaron como agradable instalaciones hosteleras, antiguas ermitas se revistieron con las cualidades de un albergue… Lo tuvieron fácil. Había que invertir, sí, pero la aceptación la tenía aseguradora, porque emergían en medio de un paisaje envolvente único y teniendo como fondo a veces, marcos tan sugestivamente asombrosos como la cueva del Gato, en el caso de Benaoján.
En este pueblo chacinero por excelencia dirigen desde meses atrás Antonio Cabrera y Rosabel Heras el coquetón hotel rural La Dehesilla. Ambos jóvenes, dando muestras de un buen hacer empresarial de carácter familiar, inauguraron las instalaciones en uno de los lugares emblemáticos del pueblo: La dehesilla, antiguamente prolífica en viñedos, higueras y chumberas y, lo que es más importante, a dos pasos de la celebérrima cueva del Gato, prodigio de piedra y aguas con que la Naturaleza quiso premiar a un entorno de por sí sumamente placentero a los sentidos. En las cercanías se desliza el río Guadiaro, que si en verano se torna raquítico, en los meses de lluvias adquiere nuevos ímpetus y corre valentón entre adelfas y mimbreras, aguas abajo, después de recibir el aporte de la vía fluvial hermano, el Genal.
El telón de fondo no podía ser más sugestivo. Sierras abruptas, montículos escarpados, caprichos de la Naturaleza plasmado en el felino de piedra, delicioso charco azul a sus pies formado por el río Gaudares o Campobuche en el que desagua después de atravesar las galerías imponentes y misteriosas de una gruta que fuera en la antigüedad hábitat y santuario de antepasados prehistóricos. La belleza del lugar, la tranquilidad reinante, el contacto perenne con la naturaleza en su estado puro están asegurados.
Dotado con todos los detalles que hacen grata la estancia –jardines, actividades deportivas y culturales, hilo musical para crear un ambiente relajado a tono con la campiña circundante, confortables habitaciones, salón de audiovisuales…- el hotelito quiere servir, según palabras de Antonio, el descanso del visitante y un ambiente netamente familiar. Consiguieron ambas cosas y eso les prestigia.
Le atenderán en el teléfono: 952 11 45 18 E-mail: info@hoteldehesilla.com