Por las peripecias vividas por los pesqueros españoles en aguas españolas a la sombra del Peñón hay que convenir que el acoso es evidente. La Guardia Civil se ve obligada a intervenir para defender del hostigamiento descarado del que hacen gala los gerifaltes de Gibraltar, los cuales no hacen sino tantear la capacidad de respuesta del Gobierno español.
No parece que el modus operandi sea nuevo: la Rubia Albión (pérfida para los españoles) lo intenta cada vez que un nuevo inquilino ocupa la Moncloa. Luego las aguas vuelven a su cauce, pero la intentona de zaherirnos no ceja al hilo de ese acontecimiento político.
El ministro García – Margallo está dejando suficientemente claro que la cesión de concesiones vergonzosas de años atrás no se van a producir ahora. Lo dejó traslucir semanas atrás cuando le espeto al diputado inglés. Medio en serio medio en broma, el grito de guerra: “¡Gibraltar, español!”.
Para que no quepa duda. Y ahora, ante las provocaciones, lo que toca es exigir que se respeten los acuerdos internacionales. Diplomacia y negociar sí, pero exhibir fuerza para frenar en seco bravuconerías también, y sobre todo para defender a nuestros pescadores de tropelías inadmisibles.
Foto Diario SUR