Maraña de blancas calles que en Alpandeire escalan el promontorio que corona el cementerio. Desde esta altura la vista se dilata sobre un paisaje de tierras de labor, olivares y bosques de encinas y alcornoques.
Mucho más cerca un maremágnum de techumbres rojizas entre las que destaca la iglesia de San Antonio de Padua, de limpia decoración clasicista, y en la lejanía la altivez de abarrancadas laderas de las sierras.
Un hermoso lugar, al que a falta de vía fluvial – el Genal pasa de largo en un amplio meandro que dibuja después de su nacimiento en Igualeja -, se ha querido corregir esta ausencia construyendo una colosal piscina – “ la más grande dela Serraníade Ronda”, a decir de las autoridades municipales – para el disfrute de una población de 300 habitantes.
Tienen éstos todo el derecho del mundo a librarse de los rigores del calor estival, pero contemplándola enseguida nos asalta la pregunta que en estos días se hacen muchos. En estos tiempos de recortes de carácter social, de agraviante paro, de esfuerzos del Gobierno por embridar las administraciones públicas ¿puede permitirse el gasto de algo así como medio millón de euros en tan colosales trazas?
Días atrás saltó a los periódicos la noticia de que media Serranía de Ronda se encontraba rayana a la pobreza. La megalomanía en los tiempos calamitosos que corren no deja de aturdirnos.
Foto: Diario SUR