Tendrán que hilar muy fino para que la opinión ciudadana les restituya el respeto y la confianza que alguna vez les otorgaron.
Los políticos españoles actuales – savo las excepciones de rigor- no consiguen entusiasmar a la población, más bien ésta no ve que de ninguna manera cumplan con su cometido: unos contribuyeron al hundimiento y otros no dan pies con bolo para sacarnos del pozo en el que nos vemos atenazados.
Las estimaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) son contundentes: Baja aparatosamente el PP en intención de votos; se balancea el PSOE en los mismos que obtuvo en noviembre pasado y suben tímidamente UPyD e IU.
Y si nos vamos al barómetro de líderes se observa que el descrédito es generalizado: ninguno obtiene un aprobado, ni siquiera raspado. Se impone una seria reflexión.
Los difíciles momentos que atravesamos requieren que los rieles – alteza de miras, voluntad de entendimiento, renuncia a apetencias personales o partidistas no siempre lícitas, transparencia – sobre los que se desliza el Estado estén bien engrasados para que no acabe descarrilando del todo.