Se dice con frecuencia un refrán en la Serranía de Ronda que como todos los que nacen del pueblo encierra mucho de sabiduría e intencionalidad no siempre agradable para quienes va dirigido. Se refiere a que las cosas muy a pesar de quienes a ellas se enfrentan por el sacrificio exigido siguen su curso se levanten o no agrias protestas: “La mula chilla, pero trilla”.
Ese es el aserto, que muy bien se podría aplicar a las imposiciones del Gobierno actual, que por mucho que nos inflijan daños y perjuicios, aludiendo al sacrificio común, acatamos hasta ahora con la cabeza gacha probablemente porque se esperan unas mejoras que no acaban de llegar.
Aumenta el paro considerablemente y se dice que aumentará mucho más en el próximo año, al que le faltan dos días para llegar y uno lloviendo, como suele decir el maestro Alcántara.
Se ve y palpa hastío en la juventud que tiene que emigrar en pos de una tierra de promisión, como ocurriera en los años 60. Rezongamos los jubilados cuando vemos que tenemos que pagar parte de los medicamentos que nos mantienen más bien que mal en esta vida. Sube el agua, la luz, el tabaco, la gasolina, el material escolar…, pero se sigue trillando mal que pese.
Hasta que ya no sea posible aguantar más. Gaspar Llamazares acaba de decir que abrazará la protesta que el día 25 de septiembre acabará poniendo cerco al Congreso de los Diputados. Todo parece indicar que nos esperan días que no van a ser de vino y rosas precisamente. Y es que la mula del adagio, puede que deje de chillar o lo haga más sonoramente y lo que es peor propinando coces a diestro y siniestro.