Desde Málaga seguimos con estupor la contumacia de los nacionalistas catalanes.
Vino a la Moncloacon ínfulas de ganador, pero se marchó con el sabor amargo de la derrota. A Artur Mas le asistía el ímpetu dela Diada reclamando independencia a grito pelado; a Mariano Rajoy para hacer frente a tamaño proposición secesionista le bastó recibirle esgrimiendola Constituciónde 1876 en la mano.
La Carta Magna que nos dimos es suficientemente explícita al respecto en su artículo 2º: La Constituciónse fundamenta en la indisoluble unidad dela Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles. Ahí queda eso. El Pacto Fiscal saltó por los aires.
El Honorable tuvo que marcharse con el rabo entre las piernas, aunque en su interior mascullase sapos y culebras.
Esta vez el presidente del Gobierno fue contundente y para nada navegó entre dos aguas como viene ocurriendo en el caso de la petición del rescate. Pero esa es otra cuestión.
Ahora lo que importa es enaltecer su proceder de no ceder a una propuesta descabellada que en el caso de tomar cuerpo los primeros en lamentar serían los propios catalanes, cuales verían desmantelada su incipiente Estado al colocarse en el vagón de cola de Europa.
La secesión igualmente perjudicaría al resto de España creando una situación de inseguridad que los mercados castigarían sin miramientos.
Foto diario SUR
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