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José Becerra

La provincia a vuelapluma

¡Llueve!

 

 

Se han hecho esperar pero al fin han llegado las lluvias. Hoy, miércoles 26 de septiembre, cae  en la Axarquía malagueña y  en la comarca del Guadalhorce, más tumultuosamente enla Serraníade Ronda.

Ha venido para reconciliarse con los agricultores que clamaban por su presencia: olivareros serranos, castañeros del Genal, huertanos dela Hoyade Málaga, todos se frotan las manos de satisfacción. La pura,  casta y  humilde agua, a decir de San Francisco, el anacoreta de los valles y los campos, cae blandamente en una mañana gris – como tiene que ser –  enLa Caladel Moral,   desde donde la contemplo a través del ventanal de mi vivienda. La playa desierta añora ya la presencia de los bañistas, los cuales arramblaron con sus bártulos veraniegos hasta la nueva temporada. Sólo las gaviotas, exiliadas en el estío,  vagabundean satisfechas por el terreno y graznan  por la reconquista de un territorio del que fueron largamente exoneradas.

  Enla Serraníarondeña, en uno de sus pueblos blancos, Benaoján, un pegujalero avezado, Martín Benítez,  con el que me unían ciertos lazos familiares,  en tiempos de sequía agostadora, cuando al fin las lluvias hacían acto de presencia, mitigando la sequedad de los campos, solía decir a grito pelado a quien quisiera escucharle: ¡Esto es pan! ¡Esto es pan!

Efectivamente, la lluvia hace que la aceituna se esponje;  que los erizos que envuelven celosamente la castaña se abran y muestren sus prometedores frutos; que las tierras sedientas reciban con agrado la sementera; en definitiva, que la naturaleza siga su curso normal y de muestras de rendir ciento por uno, como quedó dicho en el mandato evangélico.

¡ Llueve! Nos reconciliamos conla Madre Natura  que venía dándonos la espalda con displicencia. Me reconforta oír y ver cómo llueve apaciblemente, hasta me provoca un dulce sopor muy parecido al sueño. La verdad es que lo que más recuerdo de mis ya lejanas noches de Benaoján en dormirme de noche oyendo la lluvia repiquetear en mi casa de vieja techumbre con tejas moriscas.

Después de acabar este escrito me entero de los destrozos que las tormentas han ocasionado en la Serranía y en buena parte de la provincia. NI que decir tiene que no es esa la lluvia que yo añoro y que tanto me place. Todo que resulta devastador repele y estas lluvias torrenciales nadie las puede  mirar con buenos ojos, ni siquiera los agricultores que tanto suspiran  por el líquido elemento.

Categoria: actualidad, Superior 

 

 

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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