No fue precisamente ayer, pero resulta curioso que la comarca del Genal hoy sumida poco menos que en la inopia como más o menos ocurre con el resto de los pequeños municipios dela Serraníade Ronda, tuvo un brillo especial en lo que a ciertos aspectos de la economía se refiere.
Como relata Gonzalo Anes, el meticuloso historiador del Antiguo Régimen, el de los Borbones, tras firmarse el tratado de Utrecht (1713), el cual puso fin ala Guerradela Sucesión( que no de Secesión, como al pelo de los acontecimientos afirman ahora los catalanistas acérrimos en la independencia),
la política de expansión de las construcciones navales determinó la demanda de cañones de hierro fundido. El bronce, hasta entonces empleado, resultada demasiado caro y acabó por sucumbir merced al hierro. Surgieron numerosas fábricas de esta nueva arma naval en varias provincias españolas, en las que decolló la de Santander.
Pero en este apogeo de la fabricación del hierro destacó además la Serraníade Ronda, ¡quién lo iba a decir!, ya que a orillas del río Genal se levantó la quinta fábrica española de fundación y el octavo alto horno, a finales de 1725. Describen los eruditos esta factoría como “especialísima y suntuosa”, a tres leguas de distancia de la ciudad de Ronda y a poco más de Estepona y Marbella.
Mereció esa calificación por parte de los estudiosos porque las instalaciones de la manufactura comprendían el más amplio proceso productivo: desde la extracción del mineral y carbón para los hornos hasta la obtención de lingotes de hierro dulce que en barras eran laminados y estañados. El Genal, que hoy por hoy es actualidad por sus castaños que alimentan una modestísima industria casera, pero sobradamente peculiar de las ciudades y pueblos malagueños, la de los puestos de castaña tostadas que expanden aroma y sabor entrañables por estas fechas, fue catapultada casi 300 años atrás a zona originaria de la siderurgia andaluza.
La fábrica del Genal – ¡fuentes prístinas de claras aguas en su nacimiento de Igualeja! – se considera por los historiadores del advenimiento de los Borbones a España como “origen de la siderurgia andaluza”. Fue ensalzada porque en ella se veía una adelantada de la obtención de la hojalata, “cuyo secreto, reservado hasta entonces a Sajonia, quedaba compartido ahora con la más costosa y extensiva factoría que había visto España erigirse en unas montañas asperísimas”.
Pero el optimismo depositado en el proyecto resultó infundado. Y es que la comarca arrastra su infortunio ya desde siglos atrás. El ambicioso plan resultó un fiasco por los mismos elementos que labran el atraso económico del paraje en la actualidad: transportes imposibles por altos costes originados por la ubicación en una zona deprimida, la escasez de energía hidráulica y los problemas financieros. La gestión del Estado, que recurrió a la venta de acciones, no consiguió atajar la ruina del establecimiento, el cual a trancas y barrancas llegó hasta el año 1775.
El Genal y su hermano el Guadiaro no siempre, pues, merodearon por parajes ajenos al fenómeno de la industrialización de España, y por ende de Andalucía. Eran mayoría los artesanos que desarrollaban una industria incipiente, local y comarcal, pero la gente dela Serraníadescolló por su inquietud empresarial y no se contentó con circunscribirse a abastecer las necesidades de la comarca. Buen ejemplo, aunque fallido, fue la fábrica de hierro colado de la que se hace mención.
Florecieron hasta nuestros días industrias y manufacturas familiares que comerciaron aguardientes, mostos, cesterías, objetos de palma y anea, cueros, botos camperos, marroquinerías, y, más que nada, productos del cerdo. Mención aparte merece esta ocupación en la que pueblos como Benaoján, Montejaque, o Jimera de Libar sentaron plaza de su buen hacer. Sobre todo el primer pueblo, cuyos productos se catapultaron y no tuvieron parangón en buena parte del solar hispano. Como hoy por hoy ocurre con los vinos de Ronda, apreciados en medio mundo por su color, aroma y sabor y que hasta una decena de bodegas trabajan para que suban a los manteles de los sibaritas del comer y beber y les deje del todo satisfecho.
La industria no fue algo ajena ala Serraníacomo hoy parece entenderse, sino que conoció tiempos espléndidos. De sus residuos, junto a los arrimos de la agricultura, subsisten hoy buena parte de sus moradores.
(Artículo del libro `Hablando de Ronda´, del autor, en venta en las librerías Estación de Autobuses y Dumas)
Foto: Rio Genal, en cuyas inmediciones floreció una pujante industria de hierro.
(Diario SUR)
Con categoría