Ya sea ésta un ser animado o una obra arquitectónica – y no por ella carente de suscitar sentimientos y emociones – creada por la Naturaleza o poniendo en juego la inteligencia y el buen hacer del hombre, como es el caso de este monumento.
Anda el Ayuntamiento con aprietos pecuniarios, que el asunto de Los Merinos y los millones recibidos en pago, los cuales es posible que tengan que devolver por el fracaso del proyecto, no le allanan precisamente el camino para la realización de las tareas consistoriales reclamadas por la vecindad.
Sin embargo piensa uno que, haciendo de tripas corazón, nada más terminar la remodelación del equipo de gobierno, anuncia que procederá a la revisión de estructuras y cimientos para curar en salud los posibles achaques del añoso monumento.
Obras son amores…, piensan los rondeños, los cuales esperan se conceda a esta monumental obra de ingeniería civil la atención que merece y se mime porque sobre sus piedras cabalga la historia y en sus recovecos anidan evocaciones de un pasado capaz de azuzar como pocas la imaginación de propios y extraños.
Foto: Diario SUR