Ya están aquí. Los primeros coches propulsados por energía eléctrica ya se mueven por Málaga. Los agoreros no le dan mucha vida. “Llenar el depósito” no es tarea fácil aún, pero todo llegará.
No los conocí personalmente, porque en los pequeños pueblos – de uno de ellos soy oriundo, bien perdido enla Serraníade Ronda – en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil, los coches movidos por gasógeno no se movían sino por Madrid. Pero cumplieron su fin en una época que en la que el petróleo y las gasolinas eran puro objeto de deseo.
La combustión de madera o carbón producía el gas capaz de alimentar un motor primario, que sin embargo lograba el movimiento del coche, aunque fuese a trancas y barrancas, y ofreciendo éste la estampa que para nuestros mayores era tan peculiar como la cartilla del racionamiento o las colas de los hambrientos en los comedores sociales, en los primeros años de la égida franquista.
Ahora tenemos acceso a las energías fósiles; ¿pero hasta cuándo durarán? El futuro no parece muy halagüeño, pueden que escasee en fechas no demasiados remotas. ¿Pero lo sentiremos? Dado su poder contaminante capaz de expandir su malsano emanación por pueblos y ciudades, enrareciendo la atmósfera y a la larga haciendo imposible el aire que respiramos, más bien se nos antoja que no.
Bienvenidos los coches que no apestan las calles ni enrarecen la atmósfera de la que tanto dependemos para una vida más sana.