En la provincia de Málaga sabemos mucho de ella.
Existen otras que no hay que pasar por alto no mejor perjudiciales para nuestra economía como lo son ahora las inamovibles estructuras administradas del Estado y la que es consecuencia del colosal desarrollo de cajas y bancas que poblaron el solar patrio sin ton ni son, sometidas a la dirección de gerifaltes que buscaron el provecho propio y dieron de lado las funciones para las que teóricamente fueron creadas.
Esta última burbuja, la de las entidades financieras, es sobre la que descansa uno de los males que nos aquejan hoy por hoy, y no lleva visos de que se pinchen para nuestra desgracia. Están recibiendo miles de millones que salen de nuestros bolsillos y de Europa para refinanciarlas, dinero público, en definitiva – y en ello ponen especial empeño los políticos de altos vuelos de uno y otro signo –, pero sigue cerrada la espita por la que vierta fondos que vengan a fecundar los suelos yermos de empresas y emprendedores.
Si se les concede empréstitos, en contadísimos escasos, es para clavarlos con un 8 % o más de interés, cuando en otros países de la eurozona – Alemania, por ejemplo- no llega ni al 3%. Con toda seguridad es por eso por lo que los índices de paro no llega al 10% y en España se acerca peligrosamente al 26% ( 35 %, en Andalucía).
Y qué decir de la otra burbuja, la de las administraciones públicas: Senado, comunidades, diputaciones, ayuntamientos, que siguen sin poner cortapisa a sus disparatados gastos. No hay gobierno que con autoridad les meta manos de una vez cercenando dispendios y enmendando desatinos.
Y así nos va. De mal en peor.
Foto: Diario SUR