Exultan de puro gozo los millonarios de aquí y de allende fronteras. Merced a la aquiescencia de los bancos centrales, pródigos con ellos, acrecentaron sus riquezas. En aras de incentivar el empleo, la Reserva Federal persiguió la liquidez de los mercados, con lo que ya gozan de acrisoladas fortunas, la acrecientan aún más con un dinero llovido del cielo.
La política fiscal de los estados- entre ellos el nuestro, naturalmente – como la otra cara de la moneda, acribilla con impuestos a la ciudadanía para sostenerla erigiéndose gestor de sus rentas. Resultado: los que aún conservan su puesto de trabajo, unos 16 millones, soportan el peso de 45 millones, que son, habitante más,habitante menos, lo que pululan por esta vieja piel de toro.
Se atrevería uno a decir que en España la clase media camina inexorablemente hacia la extensión a fuer de verse corroída por una política monetaria inflacionaria que socava sus haberes y malquista sus cada vez menores ahorros. Esta clase se ha distinguido siempre por la más productiva del país. Pusieron en planta pequeñas y medianas empresas que crearon infinidad de puestos de trabajo, las mismas que ahora languidecen o desaparecen por falta de recursos y por exigencias insalvables de las administraciones públicas. Si la clase media se deteriora a ojos vista, la riqueza del país cae en picado .
Ahora mira con la mosca detrás de la oreja la gabela con la que el gobierno de Chipre ha querido asaetear a los ahorradores del país por imposición taxativa de Bruselas,que aunque haya sido de momento rechazada en el Parlamento, ha dado pie a una crisis de confianza que por fuerza ha creado inquietud en España, precisamente en esa clase media malparada, por mucho que el ministro Guindos hable de tranquilidad absoluta.