De una cosa a otra no mediará un paso que las distancie entre sí, ni un día, ni un año, sino algo más de un lustro. La pastelería Harillo, orgullo de Ronda y un lujo para la calle Vicente Espinel ( músico y escritor rondeño del siglo XVII, autor de la novela picaresca Marcos de Obregón y que le añadió la quinta cuerda a la guitarra, para más seña) ha ofrecido una triste imagen en los últimos tiempos.
De ser uno de los comercios más visitados y queridos de la calle que en sí es un gran escaparate de lo más granado del comercio de Ronda (zapaterías, bares, confecciones, juguetería, estancos…), pasó a mostrar silencio y soledad durante mucho tiempo.
En esta vía-paseo que es un hervidero humano desde los primeros albores del día hasta bien entrada la noche la repostería ofrecía en los últimos años un aspecto deprimente que a muchos desalentaba: un gran vacío después de la muerte de su fundador y primer obrador,Ángel Harillo, respetado y querido en la ciudad por la bondad del carácter y las maneras y de la sencillez en el trato, cualidades humanas de la que siempre hizo gala. En su establecimiento recalaron infinidad de rondeños y serranos para reponer fuerzas o mercar los bollos de leche (ninguno como los suyos)para el agasajo de la familia.
La tienda pasa ahora a otras manos una vez vendida. Pero como el dicho popular asevera : “¡ A rey muerto, rey puesto!”;a la confitería que fue un lujo para los rondeños va a suceder otro comercio que también es proclive a remover las papilas gustativas, o sea, las principales promotoras del sentido del gusto.
Y es que por su escaparate en el que antes se disputaron el sitio merengues, hojaldres, tortas de aceite, turrones o bombones van a desfilar lustrosos jamones de cerdo bellotero, suculentos embutidos, apetitoso quesos y deleitosos vinos. Los compradores de la bollería Harillo no sueltan prendas sobre el tipo de negocio que la suplantará, pero si como se ve destacan por la elaboración de esta clase de productos, no hace falta ser un arúspice para entrever la mercancía que se exhibirán en su interior.
Los jamones Berrocal son a la vez de sabor “suave y delicado” y permiten un bocado extremadamente jugoso, merced a su larga curación en manos de diestros maestros jamoneros que le dan los toques precisos durante años, con la misma paciencia de un maestro champanero en la lobreguez de una bodega.
No le van a la zaga el lomo de bellota, el queso manchego o los vinos tintos, blancos,rosados o dulces y generosos. Sin la menor duda, harán volver el rostro y pondrán los dientes largos a los viandantes, como en el pasado hiciera la dulcería de Harillo. Cambiamos el bollo de leche por el “pata negra”. Tal para cual por lo apetecible.
Fotos: la Bola, un hervidero de gente desde las primeras horas del día (Viajeros.com)
¿Sustituirán a los bollos de leche los jamones?