La configuran un laberinto de salas, lagos y rastras de piedras erosionadas por la corriente que desde la entrada de la gruta (……) en el término de Montejaque viene a morir al Charco Azul, ya en la jurisdicción municipal de Benaoján. Poseyendo la belleza natural de esta colosal espelunca a un lado y al otro la feraz Dehesilla, conformaron entre ambas las señas de identidad del territorio que perduran hasta nuestros días.
En la Dehesilla se aclimató la vid en fecha temprana y las pequeñas flores verdosas, colgadas en racimos, alegraron el paso del caminante: los frutos globosos y recubiertos de un fino polvo blanco, las uvas, hicieron posible la aparición de bodegas que destilaron mostos y aguardiantes de nombradía. “Las Caballerías” o “Los Viscos” fueron dos de las de más renombre: a lomos de mula vieja el mosto dulzón y dorado viajó por los caminos quebrados de todos los pueblos de la comarca, cuyos vecinos se lo disputaban para remojar placenteramente sus gargantas.
Pero llegó la filoxera, el dañino insecto que en los primeros años del pasado siglo causó estragos en la vid y que acabó por exterminarlas. Cuando esto ocurrió ya habían florecidos en su lugar almendros, higueras, membrillos y hasta cultivos de pan llevar como el trigo, amén de todo lo que de comestible puede brindar la horticultura.
Pero si es fértil el suelo de la Dehesilla, se está mostrando en los últimos años igual de beneficiosa para el hombre, a raíz de la eclosión del turismo rural, el cual hoy ocupa su mayor parte, sembrada de instalaciones ad hoc. Mitigan la sed del caminante y ofrecen cuchipanda generosa ventas, ventorros, restaurantes y casas rurales que atraen a un turismo familiar, alternativo al del sol y playa, que huye del tumulto y busca momentos de solaz, disfrutando de un marco distinto pero atrayente en grado sumo.
La Dehesilla, después de facilitar durante siglos la vida del campesinado, ha dado una segunda oportunidad a quienes – herederos de los labrantines de antaño- abrieron un negocio rural en su ámbito. Una actividad que está brindando espléndidos resultados; aunque no estarían de más las ayudas de las distintas administraciones públicas para consolidar su permanencia.
La Dehesilla es un lugar de la provincia de Málaga que merece visitarse. Que la disfruten.
Foto: Casa rural en la Dehesilla de Benaoján