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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Éxodo de ingenieros

 

 

 

 

 

Rajoy augura un 2014 poco menos que venturoso. La economía abandonará paulatinamente el proceloso mar de los sargazos y, en consecuencia, decrecerá el paro, hasta ahora anclado en cotas imposibles de mantenimiento. La oposición no acaba de creérselo, algo que se podía esperar.  Rubalcaba le echa en cara que “no se cuelgue medallas” y Cayo Lara que ser apee de triunfalismos. La cuestión es que se vislumbran para el año que pide paso impetuosamente algunas buenas nuevas que nos hacen otear un futuro próximo un tanto más halagüeño que este pasado reciente oscuro y nefasto del que todavía no hemos logrado desprendernos. Pero habrá que verlo.

    Por lo pronto, nos parece fatuo  cantar victoria mientras que el enemigo del desempleo imbatible por ahora  dé  muestras de vida y siga esgrimiendo su espada demoledora. Fruto de esta situación que comienza a ser desesperante es la huída masiva de profesionales al extranjero en pos de nuevas horizontes para sus vidas. Particularmente intensa esta haciendo la desbandada de ingenieros de caminos, por poner un ejemplo desolador (que hay más), y que está llamando la atención poderosamente en los últimos meses, acuciados por una realidad impensable sólo unos lustros atrás: ya no hay autovías ni puentes que construir.

   Recuerdo en mis años de niñez en la serranía de Ronda que ser ingeniero de caminos era el no va más de las aspiraciones de los padres para sus retoños. No había de faltarles el trabajo bien remunerado y el prestigio social.

El desorbitado tajo perpetrado en obras públicas para cumplir los  objetivos de déficit está detrás  de la decisión tomada por estos profesionales, no solamente de los más jóvenes sino de los ya talluditos en este menester, de coger carretera y manta, como se decía en mi pueblo de la Serranía,  cuando no había más remedio que coger el camino de la emigración  hacia otras latitudes para subsistir.

   Decayeron los fondos europeos para fomentar o reparar las infraestructuras existentes y aquí merced a ese prurito de los políticos de recortar el gasto público tenía que desembocar por fuerza en una corriente emigratoria que ya toma cartas de naturaleza como “la fuga de talentos” o “fuga de cerebros” y que los anglosajones conceptúan como “brain drain”, que también abarca a médicos y científicos por la  carencia de oportunidades en un país que no colma sus aspiraciones de presente ni de futuro.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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