Todos los pensionistas recibimos por las fechas que marcan el inicio del año una misiva del Ministerio de Trabajo en la que se nos informa de la subida de las prestaciones. Se nos anuncia de una manera que no deja de ser afable con visos más o menos camuflados de ditirambo político el importe de la nueva evaluación del estipendio mensual.
Las que corresponden ahora ya iniciaron su periplo para llegar puntualmente a cada hogar de pensionista. Se reciben estas misivas anuales unas veces con satisfacción y otras, las más, con resignada aceptación cuando, como ahora, el aumento resulta palmariamente raquítico si se compara con el costo millonario que ha exigido que los carteros las depositen en nuestros buzones.
De cualquier forma, ahora la exclamación se impone: ¡Albricias!, la ministra Fátima Báñez, me acaba de comunicar que mi pensión mensual mostrará un incremento de ¡ un euro y 60 céntimos! Para manifestar esta `buena nueva´ a quienes percibimos esa prestación del papá Estado por haber culminado la etapa del trabajo y sobrepasar los 65 años (ahora se exigirá el cumplimiento de las 67, cuando la canciller Merkel decreta que en su país bajará este requisito a los 62, ¡toma ya!) y haber empezado el declive de nuestras vidas, ya de por sí achacosas, la carta no ha dejado de sorprendernos.
Con todo el respecto que su persona me merece le diré, señora Ministra, que acaba usted de solucionarme uno de mis problemas existenciales. Hasta ahora la raquítica pensión percibida me obligaba a evitar dispendios: entre otros, la compra del periódico, el cual tenía que leer en la biblioteca pública más próxima o en la edición de Internet. Ahora podré adquirir la edición en papel del diario por lo menos una vez al mes, que no da más de si el aumento de la asignación concedida.
Se reafirma en el propósito de revalorizar las pensiones cada año y no congelarlas. ¿De verdad cree que no se congelan con tan insignificantes subidas? Pero hay que contentarse: a la compra del diario se añadirá la posibilidad de comprarme un paquete de pipas para mis largos paseos vespertinos que culminan en la contemplación de la puesta de sol en el paseo Blas Infante de la Cala del Moral, un espectáculo natural que no me exige desembolso a cambio.
Termina la epístola ministerial insistiendo en que se seguirá trabajando para “garantizar un sistema sólido, estable y solidario”. No nos parece que esta triada de epítetos se ajuste a la realidad. No es sólida nuestra pensión, ni estable; y por supuesto está muy lejos de ser solidaria con un colectivo como el de los mayores de edad con escasos recursos y cuantiosas carencias cada vez más atosigantes.