Detalló el presidente Rajoy en el Debate del Estado de la Nación, del cual todavía resuenan los ecos, las medidas acordadas para atajar la dramática situación de la pobreza infantil en España. Lo hizo a rebufo de la interpelación de la presidenta de UPyD en el Congreso, Rosa Díez, y enumeró una serie de iniciativas que a la diputada se le antojaron, posiblemente con mucha razón, vacías y opacas, que del dicho al trecho va un gran trecho, que decimos popularmente cuando la realidad desmonta los artilugios de la verborrea.
Porque lo cierto es que en la barahúnda de las informaciones que nos copan la atención cada día sobre corruptelas, trifulcas entre líderes políticos y manifestaciones exaltadas de algunos de que la economía se está encarrilando, no se ha prestado la debida atención a un dictamen de la ONG Save the children que para nuestro país resulta demoledor: casi tres millones de niños se ven sumidos en la pobreza y la exclusión social, o como es lo mismo casi un 40% de la población infantil.
Rajoy en su exposición parlamentaria dejó claro su voluntad política de atajar este problema, faltaría más, que él sabe muy bien que garantizar la protección de los niños es un derecho inalienable de este sector de la población y un deber ineludible del Estado, sin embargo en los presupuestos generales se detallan asignaciones a este menester muy por debajo de lo que dedican el resto de los países de las Unión Europea.
Olvidan los políticos de nuestro país que además de un imperativo legal que no es posible eludir el gasto en este segmento de la población puede resultar económicamente rentable en el futuro puesto que en él recae en parte la continuidad de la sociedad si la atención que se les prestó en su día fue suficiente y satisfactoria. Los niños de hoy serán los hombres del mañana y sobre sus espaldas descansará el peso de la nación, algo que sería contraproducente conceder sólo a los descendientes de clases sociales elitistas o de alto rango sin problemas económicos familiares en sus años de niñez.
Importa mucho que la población infantil menesterosa sea atendida sin reservas tanto económica como formativamente. Urge una diagnosis concluyente de las circunstancias que concurren en la dejadez que en estos momentos padece y en implementar las medidas oportunas para remediarla. Para que pasado el tiempo no nos pidan cuentas.