El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hecho público días atrás vuelve a incidir en algo que para muchos es irrefutable: el paro desmadrado y la corrupción desbordada sigue siendo los problemas que de manera más intensa preocupa a los españoles. Ambas zozobras se han instalados en buena parte de la población y no a dios que las haga aliviar porque resultan ser el pan nuestro de cada día.
Se enquista la desafección por los políticos de uno u otro signo y se duda de su capacidad para hacer remontar nuestra maltrecha economía pese a que el Gobierno siga afirmando sin que le tiemble la voz que la recuperación es un hecho y que el escenario económico va cambiando positivamente.
Pero por mucho que se nos quiera pintar la lontananza con espléndidas alboradas lo cierto es que las familias, en muy buena medida, se siguen moviendo en las más sombrías perspectivas. La pobreza se generaliza y es un drama que golpea con particular intensidad a la clase infantil, por mucho que le ministro Montoro quiera quitar hierro al último informe de Cáritas negando la evidencia.
Y lo peor, y esto es lo que subleva, es que las apariencias para el futuro inmediato no pintan halagüeñamente, dicho sea sin ánimo de cargar las tintas con tintes sombríos: continuarán las pesadumbres. La realidad, pues, son las vicisitudes que se observan en el seno de millones de hogares con dificultades para llegar a fin de mes, aunque muchas veces se cuente con las exiguas pensiones de los mayores, los cuales se ven en la necesidad de acoger a los hijos desheredados de la fortuna de disfrutar de un trabajo continuado y digno. Un panorama desalentador.
Se debate este martes en el Congreso de los Diputados la requisitoria de la Generalidad en pos de una consulta soberanista que se presupone no tendrá el menor recorrido: será rechazada, como se prevé. Es una cuestión que preocupa ciertamente, pero que a la mayoría de los encuestados por el CIS les trae al pairo. Lo que se reclama, y está en la calle, a veces reclamado con acritud, es un pacto en el seno de la Cámara Baja para hacer frente a tanto infortunio como sacude a los hogares españoles.
Así que menos ditirambos y excesos de verborrea anunciando lo bien que vamos y más interés en hacer frente a esa realidad de la muchedumbre empobrecida instalada sin visos de mejoras en el futuro.