¿Quién teme a Podemos?
Podemos irrumpió en el panorama político con una fuerza indubitable en los últimos comicios europeos. Los resultados sorprendieron a muchos, los componentes del grupo emergente incluidos. Seguramente no esperaban que se alzaran con la victoria, que bien mirada lo es, en cuanto que consiguieron mucho más de un millón de votos, lo que nadie pensaba como posible. Y no parece que vaya a quedar ahí la cosa.
Hay sociólogos de altura que prevén un proceso vertiginoso en las consultas electorales que están al caer: municipales, autonómicas y generales. En estas últimas vaticinan nada menos que tres millones de votos. ¿Llegó Podemos al escenario político español para quedarse? Todo apunta a que sí. Culebrea el movimiento por pueblos y ciudades y formaciones que hasta hace nada iban por libre no dudan en abrasar su bandera. Muy de cerca le sigue los pasos Ganemos: ambicionan candidaturas aglutinando movimientos ciudadanos y partidos de la izquierda para creer un frente beligerante común.
Hay que decir, no obstante, que no solo de la izquierda, bien aferrada en la provincia por cierto, parece que vayan a surgir los votos: la deriva a Podemos de gente que siempre optaron por candidatos de derecha parece incontestable. Como fruto del hartazgo que produce la permanencia y alternancia de los dos grandes partidos en el poder y el desafecto y cabreo que vienen provocando en los últimos tiempos, sobre todo en las clases de la sociedad menos favorecida, es posible que haya quien se decante hacia este movimiento novísimo, el cual, sin bien hay quien califica de populista, no deja de ser cierto que muestra reivindicaciones que no pueden dejar de sonar bien en los oídos de quienes la están pasando canutas para subsistir.
Es muy posible que Podemos se hace como tercera fuerza en los comicios generales que están en puerta – las consultas demoscópica así lo aprecian – , desde luego le viene comiendo el terreno y ¡de qué manera! al PSOE. ¿Quién les teme, pues? Sin duda la partitocracia instalada que mira receloso su ascenso. Y no parece que sea un temor infundado.