De médicos y centros de salud
El filósofo aleman Arthur Schopenhauer, quien se significó por un pensamiento pesimista sobre la vida – “el dolor es positivo y la felicidad negativa” aseveraba -, no tuvo, no obstante, reparo en afirmar que “ la salud no lo es todo pero sin ella, todo lo demás es nada”. Es un aserto que quienes los que por la edad sucumbimos más veces de lo que fuera desear ante la enfermedad, lo hacemos nuestro sin cortapisas. Por esta razón de peso, cuando la suerte no nos acompaña cuando la tentamos, solemos decir aquello de “teniendo salud, nos damos por satisfechos”: muy calladamente la consideramos como un bien supremo por encima de cualquier otro, incluido la andancia monetaria y la posesión de patrimonios de cualquier índole.
Los más de los que nos acercamos a los centros de salud compartimos el sentir que nuestro médico de familia, cuya nómina supera con creces el medio millar en la provincia, no es sino digno de estima y respeto: estamos persuadidos de que conocen los recovecos de la naturaleza humana desde sus años de estudio en la Facultad de Medicina y , por ende, de los escondrijos del cuerpo y los medios a los que se puede recurrir para contrarrestar la dolencia de turno. Nos inspiran eso, confianza y deferencia.
¡ Por este motivo entendemos que no deberían clamar en el desierto cuando lo que se reclama es justo. Si no que habría que escucharles cuando como ahora, por mor de la crisis y desaforados recortes a los que ha se ha sometido la Sanidad Pública, los facultativos denuncian que carecen de independencia para llevar a buen puerto su labor así como que se coarta algo que intrínseco al ejercicio de su profesión como es el adquirir nuevos conocimientos para una mejor defensa de la enfermedad en cualquiera de sus múltiples vertientes. Escasez de medios y posibilidad de poder atajar la dolencia sin la deriva a los hospitales son otras de sus reivindicaciones que en estos días se han puesto de manifiesto desde el Colegio de Médicos de Málaga.
Lo que se persigue con estas medidas, las cuales los pacientes no tenemos por menos que aplaudir, es que la agilidad en atender al paciente no se ralentice en aras de una burocracia que hasta ahora obra en detrimento de los enfermos en no pocas ocasiones, anomalía que se acusa en la ausencia de programas para prevención de los trastornos de los usuarios y la parquedad en la puesta en marcha de una asistencia integral, un desiderátum y unas cuestiones que se acaban de poner en el candelero por los profesionales.
En definitiva, estas exigencias de los profesionales de la medicina en centros de atención primaria, lo que persiguen es devolver al paciente la tranquilidad en lo que respecta a patologías que muchas veces se alivian con el simple hecho de que el médico de turno mire a los ojos al paciente. Algo que en no pocas ocasiones no es posible cuando el trabajo en los dispensarios se acumula y los facultativos se ven impotentes para atender una demanda desproporcionada.
No echemos en saco roto la máxima de Hipócrates, un referente en la antigüedad de los estados mórbidos: “ Allí donde el arte de la medicina es cultivado, también se ama a la humanidad”.