El Puente Nuevo de Ronda, otra mirada
Han transcurrido más de dos siglos, años más años menos, desde que el Puente Nuevo de Ronda se abriera al público. Un colosal monumento fruto de la conjunción entre lo natural y la ingeniería del siglo XVIII, que fue desde entonces la estampa más reproducida en folletos y libros que centran sus páginas en la “ciudad soñada” de Rilke, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, culturales o históricas. Es el buque insignia de la ciudad, como asimismo de la Serranía que de cerca la acompaña y la corteja.
El Puente Nuevo, de tan magníficas trazas, además de dividir el caserío rondeño sirve de referente a las sierras que desde él se otean, siendo contrapeso de las moles de caliza y espesa vegetación que las componen. La piedra trabajada con esmero hasta dar forma a una grandiosa obra del hombre, y como contrapeso, las lajas, el roquedo, tal como se configuraron tras los movimientos telúricos y la erosión de milenios en la noche oscura de los tiempos. Profundidad casi insondable y elevaciones pétreas igualmente inmensurables, amalgama que sirve a Ronda y su Serranía mítica como abanderados de su fisonomía en medio mundo.
No es casual que los grandes sillares, armónicamente dispuestos que se elevan y soportan el perfil del puente y su atrevida arquería sobre el impresionante vacío, que como todo lo abismal sobrecoge y suspende el ánimo, haya sido escogido como la estampa que mejor define a la ciudad y una región. La obra del arquitecto turolense, afincado en Málaga, Martín de Aldehuela, brinda el mismo poder evocador que espolea las imaginaciones cuando desde otras fronteras o límites geográficos añoramos o revivimos encuentros con otros lugares. El Puente Nuevo nos retrotrae a Ronda, como hacen a las ciudades en los que se erigen el Cañón del Colorado, el Michu Pichu, el Coliseum de Roma, Acueducto de Segovia o la Mezquita de Córdoba.
Ahora está en planta un proyecto que se presentó días atrás en el Ayuntamiento con la pretensión de que, tras su realización, convierta al Puente de Ronda “en uno de los monumentos más visitados de Andalucía”. No exagera. Y es presumible que el “espectacular proyecto” represente un acicate crucial para el turismo que incluye a Ronda en una de sus rutas preferidas. Se trata de la instalación de unas pasarelas de obra que permitan la bajada a la base, transitar por ella y disfrutar de unas perspectivas hasta ahora inéditas: se podrá contemplar en altura lo mismo que hasta ahora se había hecho en profundidad.
Se cumple así el dicho: Ronda alta y profunda. Encaramada en la meseta que le presta asiento y abismal si nos asomamos a su Tajo. La obra del hombre y la de la Naturaleza se dan la mano para deleite de la mirada.