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José Becerra

La provincia a vuelapluma

Senectud gratificante

 

Senectud gratificante

Es un axioma que la vejez trae consigo el decaimiento personal y que arrastra tras de sí incontables achaques. Es cierto. Inexorable, el paso del tiempo que no perdona va dejando sus marcas indeleblemente en el cuerpo y en el alma; no sabemos cuál de las dos más nos hiere, aunque como dicen mis paisanos rondeños, las arrugas del espíritu nos hacen más viejos que las de la cara.

Teme a la vejez, pues nunca viene sola”, dijo Platón. Pero en contra del pensador heleno, los que ya remontamos las últimas etapas de la existencia no debemos dejarnos ganar por la pesadumbre o el hastío, dos sentimientos que junto a los de la desesperanza y la soledad hacen presa no pocas veces en nuestro ánimo.

¿Por qué razón los que ya dejamos atrás los 70 años o los que están próximo a cumplirlos debemos renunciar a esas pequeñas cosas que nos hicieron amable la vida hasta llegar a esa frontera que marca un antes y un después en nuestras vidas? “A la vejez,viruelas, dicen con su secular socarronería los serranos rondeños cuando ven cómo una persona mayor hace o dice algo que es más común verle hacer u oírle decir a la gente joven que no peinan canas.

Con los años se nos acrecienta el deseo de llevar a cabo aquello que por los agobios del trabajo o por lo no menos penoso de sacar adelante una familia siempre soslayamos. Ahora es tiempo de que hagamos el viaje o la excursión siempre pospuesta o de leer el libro que compramos años ha pero que duerme en los anaqueles del hogar el sueño de los justos, aunque no deja de ser verdad el dicho de que la vejez es más propicia a releer que a leer; volvamos, pues, a la lectura de los autores que en su día nos deleitaron y entresaquemos las páginas las cuales marcamos para volver a ellas de manera más reposada.

Si vive tierras adentro procure llegar hasta el interior para solazarse con las vistas panorámicas de las sierras y los escarpados montes que ocultan o acogen como madre a pueblos blancos y pintorescos. Si las fuerzas nos lo permiten conquistemos sus crestas y pináculos, buenos lugares para pensar en que envejecer, como decía el cineasta Ingmar Bergman, buen aficionado de los parajes olvidados, es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. Si su existencia transcurrió en parajes montuosos venga con frecuencia a los lugares que tienen como frontera esplenderosa el mar insondable. Igualmente encontrará la serenidad del espíritu en sus inmediaciones.

Un consejo de amigo: no se deja llevar por los arrebatos que proporcionan el seguimiento desmedido por la política y sus protagonistas. Lo mejor es contemplar su acontecer estableciendo una distancia prudencial. Descarte los acaloramientos que a nada conducen. Contemplemos con tranquilidad y hasta con cierta sorna los rifirrafes de los políticos, las diatribas que protagonizan y su denodado empeño por tocar o permanecer en el poder.

Y no hagamos el menor caso a quienes sin decirlo nos consideran ancianos; olvidan que los árboles más viejos ofrecen los frutos más apetitosos.

En cuanto a la actitud y costumbres que hemos de adoptar para una senectud gratificante tengamos cerca vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quienes confiar, y viejos autores para para leer. Una máxima que no debemos echar en saco roto.

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Sobre el autor

Nacido en Benaoján, 1941. Licenciado en Lengua y Literatura Española por la UNED. Autor de varios libros. Corresponsal de SUR en la comarca de Ronda durante muchos años.


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