Se vislumbran ya en la lontananza los comicios llamados a remover de su asiento a alcaldes y concejales desde el villorrio más insignificante a la más populosa ciudad. Y en esta tesitura a corto plazo- mayo está a la vuelta de la esquina – los ciudadanos cabreados y desafectos por los políticos que siempre han venido copando las diversas estancias del poder en lo que toca a las elecciones municipales y autonómicas tengo para mí que verían con buenos ojos que al panorama político de nuestros pueblos, provincias y autonomías se asomen caras nuevas.
No parece prudente por muy democráticas que sean las formas de su elección que los políticos se perpetúen en sus poltronas indefinidamente. La gente está harta de corrupciones, mangoneos y trapisondas que con muy honrosas excepciones -no todos responden al mismo patrón, afortunadamente- se vienen produciendo entre los ediles en el ejercicio de sus funciones en los últimos tiempos en algunas de las numerosas administraciones públicas.
Nuevos tiempos, calamitosos por cierto, demandan urgentemente caras nuevas, solo por ver si las cosas cambian de rumbo y se enderezan allí donde venían siendo perniciosas para los munícipes.
En los pueblos de poca monta los concejales ejercen su trabajo, como decimos los rondeños, “ por amor al arte”, o sea con sin beneficios pecuniarios, aunque la satisfacción personal sea de consideración. Otra cosa es distinta en lo que se refiere al primer edil, el cual si tiene derecho a puntual soldada mensual. Pero como de las listas más votadas saldrán el mayor número de concejales,además de los pactos entre formaciones que nunca faltan tras los comicios, y como en éstos recae la misión de elegir alcaldes, mucho importa que se asomen al panorama político de los municipios nuevas caras que impulsen gobiernos distintos de los que hasta ahora se han sucedidos y en los que se perpetuaron figuras de alcaldes que ya deberían pasar a la reserva con el agradecimiento de los servicios prestados.
Vaya como colofón una frase de un pensador argentino, Horacio Amezúa, que no me resisto a reproducir “Todo aquello por lo que luchamos y en lo que creemos -la libertad, la igualdad, la justicia- encuentra su máxima expresión en el despacho de un concejal, pues es allí dónde todos esos valores se concretan en personas con rostro” .