La cerveza rondeña nace con fuerza
JOSÉ BECERRA
Dice el aforismo que no sale de pan vive el hombre. Tampoco el vino es la bebida única para regocijar el cuerpo. Somos mucho los que echamos mano a la cerveza, rubia y burbujeante, para refrescarnos el gaznate y alegrarnos parte del día. Hasta ahora había sido el vino, ese néctar de los dioses, el que venía cosechando éxitos – nunca mejor empleado el término – en Ronda, merced a sus múltiples bodegas, las cuales abundan como margaritas en mayo de un tiempo a esta parte. Los vinos de Ronda – tintos, blancos y rosados-, catalogados por los vecinos galos como “mountain wine”, a saber, vinos de montaña, presumen de ascendencia y vienen siendo solicitados por las sibaritas del buen comer y mejor beber desde tiempos pretéritos.
Pero ahora, como digo le ha llegado el turno a la cerveza, para cuya fabricación se vienen dando mañas un par de amigos – Salvador y Celedonio- que un buen día le dieron al caletre para seguir los derroteros que los bodegueros rondeños consiguieron insuflar a sus vinos. Recurrieron al patrón generalizado para la fabricación de esta bebida, a saber, agua, lúpulo y levadura, elementos que son tradicionales en la elaboración artesanal, pero añadieron- y aquí reside el quid de la cuestión- otro elemento que guardan en el mayor de los secretos, y que le imprime carácter para identificarla como netamente rondeña y proclive a la proximidad.
Sapientes investigadores afirman que la cerveza es uno de los inventos más relevantes de la humanidad y de todos los tiempos. Dejando por sentado su sabor agridulce y refrescante se consideran así mismo sus cualidades terapéuticas. Hidrata, presta vigor al cuerpo, combate con eficacia los arrechuchos que nos proporciona el estómago; es diurética y, asómbrense, puede ser un aliado insospechado para combatir el colesterol elevado. Y eso sin mencionar sus cualidades anti-virales, o sea que nos preserva de resfriados y otras dolencias respiratorias molestas. ¿Quién da más? Eso sí sin abusar de ella, que todos los excesos suelen ser nefastos.
La Cerveza Artesanal Rondeña se incorpora al mercado malagueño y andaluz haciendo gala del lugar que la viera nacer. Enmarcada en un estuche que reproduce el Tajo, la seña identificativa por excelencia de la ciudad, es muy probable que dé mucho que hablar en el futuro. Alcemos, pues, la copa espumeante con su contenido y brindemos por ello.