Palabras, palabras,palabras…
JOSÉ BECERRA
Lo mismo se podría decir promesas, promesas, promesas…, que es lo que reiteramos cuando oímos algo que no nos convence y de lo que dudamos llegue a su cabal cumplimiento. Llueven las buenas intenciones de los políticos que bajaron días atrás a la arena de la campaña electoral. ¿Quién da más? Es la pregunta que cabe hacerse ante el aluvión de propuetas que persiguen cautivar al votante que aún no tiene decidido en quién confiar.
Lo último la ofrenda de de Rajoy de que no paguen el IRPF a quienes quieran seguir en el tajo una vez alcanzada la edad reglamentaria para disfrutar de la pensión por jubilación. Tampoco satisfacerían este tributo quienes encuentre trabajo durante el primer año. Bien venidas estas medidas que agradan a quienes se encuentran en forma para continuar ejerciendo su trabajo y a la vez alivia la hucha de las pensiones cada día más famélica, si no fuera porque ya una vez se nos prometió una bajada drástica de los impuestos y luego todo quedó en agua de borrajas.
Por otro lado, haciendo un guiño a los que tenemos que rascarnos los bolsillos para, aunque sea minimamente, para costearnos las medicinas, Pedro Sánchez, líder del PSOE, afirma con voz y puño alzados, que eliminará el copago farmacéutico si llega a ocupar como inquilino la Moncloa. Parecidas promesas que sensamente nos parecen imposibles de cumplir porque los números son los números y no cabe distorsionarlos cuando el remanente no da patra más las exhiben como trofeos los más conspìcuos representantes de los otros dos partidos – Ciudadanos y Podemos- en liza con aspiraciones de gobierno.
Alobert Rivera,por su parte pide que desaparezcan alcaldes y ayuntamientos de los pueblos de menos de 5.ooo habitantes, junto a las diputaciones.Amigo mio, eso es desconocer nuestra intrahistoria y el modelo político que nos dimos hace la tira de años y que sirvió para redimir pequeñas poblaciones de su atraso sempiterno y que estaban condenadas a la desaparición. Alcaldes,uno en cada pueblo, para evitar diatribas vecinales y una Diputación provincial para llegar allí donde las limitaciones económicas de cada municipio impidan trabajos de mejoras en carreteras y caminos o la creación de servicios para hacer la vida más pasajera y agradable de los munícipes. No, que no nos supriman ediles ni diputaciones por mucho que lo exijan gente poco avezada a vivir en los pueblos y pedanías.
Dice un antiguo proverbio de mi Serranía de Ronda, fecunda en decires tan campechanos como ciertos, que “serán siempre los amos del pueblo aquellos que puedan prometerles un paraíso”. Pero luego viene el llanto y el crujir de dientes de quienes prestaron oídos a unas palabras o promesas infundadas.Y es que para no decepcionar a la concurrencia que en estos días de campaña siguen de cerca o de lejos sus piruetas electorales de sitio en sitio deberían nuestros políticos guardar como un mandamiento divino que “somos dueños der nuestros pensamientos y esclavos de nuetras palabras”. Para no someterse al dictámen del pueblo que no puede ser otro que tacharles de incumplidores y ladinos.
Puede que nos engañen con sus vehementes y no pocas veces descabelladas ofertas. Pero seremos los menos, que ya nos estamos curando de tropezar una y otra vez con la misma piedra estratégicamente situada en el camino.