Inadmisible agresión a Rajoy
Cobarde e inadmisible agresión al presidente del Gobierno, que lo sigue siendo hasta que hablen los votos, que muy bien podrían autorizarle a seguir en el alto cargo para la próxima legislatura. Fanática acción de un descerebrado mozalbete que no ostentará la mayoría de edad pero que no ha sido óbice para asestar un traidor golpe a la faz de Rajoy, el cual estuvo a punto de besar el suelo. Una foto que será recogida por los rotativos de medio mundo y que hablará a las claras de un ataque a la máxima autoridad de España, después del Rey, y que servirá para calibrar la intransigencia y tozudez de una pequeña parte del país que se constituye -aplausos de los ultras a su “héroe”- enemiga de las libertades y la convivencia ciudadana, amén de la vida democrática.
De nuevo la actitud cerril de algunos componentes de la España negra y goyesca que resuelve sus diferencias con el adversario recurriendo al garrote para dejar constancia de sus creencias y animadversión, animado por una claque vociferante.
Hay algo, no obstante que nos llama la atención. Sin poner en duda la eficacia de la guardia que preserva la integridad física del presidente, resulta inexplicable que alguien pueda acercarse tanto a su persona para ejecutar tan alevosa acción. ¿No se supo captar a tiempo el ataque felón del desconocido? Algo debió haber fallado para que su aproximación e intenciones al estadista no fuese advertida a tiempo.
Por otra parte, y sin señalar a nadie, no hay duda de que el execrable ataque es fruto de la animadversión que de todos contra todos está dando muestra esta campaña electoral más encarnizada que cualesquiera otra anterior en el tiempo. Los resultados de la consulta son más indescifrables que nunca, tierra abonada para la exacerbación del ánimo y el aflorar de la inquina.