“Hablando se entiende la gente” , un axioma que repetimos hasta la sociedad y que está siempre en boca de mis paisanos de la Serranía de Ronda, cuando se trata de mediar en un asunto en que dos se enrocan en sus pretensiones despreciando las razones del contrario sin posibilidad de entendimiento.
Densos nubarrones se ciernen sobre la gobernabilidad de España. El resultado del D-20 ha ensombrecido el cariz del país a remolque de unas posiciones de unos y otros que de no mediar la cordura pueden proporcionarnos serias dificultades a muy corto plazo. Por lo pronto el Ibex 35 se disparó días atrás y le siguió el la prima de riesgo que ascendió inusitadamente y que de seguir la tendencia alcista va a repercutir negativamente en el costo de los intereses de los montantes que se nos prestan y que tiene mucho que ver con el mantenimiento de las pensiones y la atención social. Bruselas, por su parte, avisa de que se pone en riesgo el arraigo de las reformas iniciadas si el panorama no se encauza más temprano que tarde.
Se dice en lo que toca a las elecciones que el pueblo en su veredicto nunca se equivoca y que sabe responder atinadamente a la consulta respectiva. Pero esta vez hay que reconocer que esto no se ha cumplido y que, sin que sirva de precedente, se equivocó – nos equivocamos – de medio a medio. Suelen señalar el derrotero a seguir, algo que ahora ha fallado estrepitosamente al establecerse un endiablado puzle que muy dificultosamente pergeña la senda a la hora de establecer el Gobierno que más nos conviene en estos difíciles momentos.
Hay quien clama por pactos entre partidos como la tabla de salvación ya que la lista más votada – PP- no puede gobernar por sí sola. Para formar Gobierno estable sin que se produzca una hecatombe por la amalgama de partidos en liza se requiere la aquiescencia de los socialistas, y por lo pronto, su líder acaba de decirla Rajoy que “nones”. En aras de la estabilidad que redundaría en beneficio de todos, a causa de los momentos álgidos que España atraviesa en lo que toca en lo económico y social, el PSOE debería obviar su frenética animadversión contra Rajoy encontrando un punto de entendimiento, al que se sumaría con seguridad Ciudadanos, actitud que le honra, mostrando su talante conciliador ante una situación que exige altura de miras. Es lo se espera, lejos de aventuras que no se sabe muy bien dónde nos conducirían. Desde luego no muy cerca de la estabilidad y consenso que hoy por hoy son deseable.